viernes, 29 de mayo de 2015

Desde las troneras del San Felipe

El éxito y la fama

Por Juan Carlos Céspedes Acosta

El éxito y la fama, como lo maneja el mercantilismo, han llevado a la destrucción a muchos artistas. No es poco el número que descuida su arte por correr tras el espejismo vano de las candilejas de una noche. 

Pero lo siniestro de esto es que después de entrar en esta carrera sin control, se cae en una espiral sin fondo donde la víctima de sí misma, se dedica a construir una vida sin cimiento alguno. De nada sirve rifarse a la televisión, a la prensa radial y escrita, a “60 mil ejemplares vendidos” cuando, como en el caso de la poesía, es el arte mismo quien escoge a sus sacerdotes y sacerdotisas. El problema, si podemos llamarlo así, es que quien entra en este juego sin reglas, se vuelve cada vez más ambicioso y calculador. A la par que elabora un arte sin rigor, inventa y ejecuta todas las acciones habidas y por haber para estar en la ilusión del primer plano. Todos sabemos el poder de la verdad mediática, pero toda obra de arte está sujeta a la sabiduría del tiempo. 

Conocemos por la historia casos de personajes que en una época fueron “lumbreras”, pero con el correr de los años han caído en un justo olvido; y también la otra cara de la moneda, artistas hundidos en las marañas de la indiferencia que son elevados al sitio que verdaderamente merecen.

Esto sería situación exclusiva de quien padece este “mal”, sino fuera porque, amén del dolor de ver a un semejante arrastrarse por el fango,  quien está inmerso en esta galopada sin final, es capaz de todas las conductas mezquinas y dañinas contra los demás. No es de extrañar, entonces, la zancadilla, el plagio, la compra-venta de honras, la manipulación de concursos, la falsificación de documentos y toda suerte de patrañas para descalificar y quedar solos con “el éxito y la fama”. 

Muy pobre debe ser el ego de una persona que necesite una dosis diaria de elogio como quien toma una aspirina, pero lo que no sabe, o no quiere saber el “enfermo”, es que esto se vuelve adictivo, e igual que la heroína, la cocaína y la nicotina, siempre va a querer más y más.

Es justo que el artista viva de su arte, si puede, pero que sea resultado de un trabajo limpio, riguroso y constante. Si la fama y el dinero llegan, bienvenidos, si no, no importa, pues el arte se basta a sí mismo y el artista se goza con su creación. Además, el tiempo decanta y tiene la última palabra.

jueves, 7 de mayo de 2015

Desde las troneras del San Felipe

UN LLAMADO A LA UNIÓN

Por Juan Carlos Céspedes

FECODE no puede derribar un sistema que los mismos maestros han ayudado a erigir con sus votos irresponsables por sus propios verdugos. Es sabido que la educación es la puerta a la libertad, así que los dueños del sistema corrupto, tenedores de las llaves, no serán quienes le brinden al pueblo las alas para que este vuele libre.

La división sitemática y efectiva de todas las esferas populares (pueblo) ha permitido que todos los derechos ciudadanos estén conculcados de alguna manera. "Un pueblo unido jamás será vencido" gritan los protestantes en sus marchas, cuando debieran gritar: ¡Estamos divididos y vencidos! Porque esa sí es la realidad.

FECODE, una fuerza sindical que aparece una vez al año, no tiene la fortaleza suficiente para resisitir un largo pulso contra un Gobierno que cuenta con todas las herramientas "democráticas" para debilitar a su oponente, eso sin nombrar las medidas paralelas utilizadas para desprestigiar cualquier acción de gremio, que vemos cómo el pueblo ataca a sus propios miembros.

Los educadores, una gran fuerza que desconoce su propio poder, ni siquiera son capaces de escoger un concejal en una ciudad, un pueblo o una vereda. El poder político es ninguno, se vio cómo no hubo voces de apoyo en el Congreso, que es donde las fuerzas políticas se imponen y hacen respetar sus intereses de grupo. Sí los mismos sindicatos están desunidos, si cada cual es una rueda suelta incapaz de solidaridad, si priman los intereses particulares, si los mismos maestros están desafiliados, si muchos se quedaban en sus casas en unas vacaciones irresponsables, que puede suceder sino lo que ha pasado: un acuerdo pírrico para un sector irresponsable políticamente hablando.

¿Enseñará esta experiencia al sector para canalizar sus fuerzas hacia verdaderos representantes naturales de sus intereses reales? Me temo que la historia dice que no, que el magisterio seguirá dividido como siempre, votando en las elecciones políticas por el tunante de turno que NUNCA LO REPRESENTARÁ de ninguna forma en alguna de las instancias definitivas como ha sucedido una vez más.

Que no se piense que ha habido una derrota, hay que aprovechar la batalla dada para entender que el sector debe seguir fortaleciéndose, solo así se puede obtener la capacidad y poder de negociación desde una posición seria. El desmonte de todos los golpes recibidos por el sistema corrupto, no puede tumbarse de un solo tajo, máxime cuando los mismos docentes con su apatía política han ayudado, directa o indirectamente, a que el monstruo se haga fuerte. En palabras elementales: No se puede tumbar en un día lo que hemos ayudado a solidificar en años.

Señor (a) docente, recuerde que usted integra el constituyente primario, y es usted quien delega sus poderes a unos tipos y tipas que tomarán decidiones en su nombre ¡NO LO OLVIDE la próxima vez que vote!

sábado, 2 de mayo de 2015

Bitácora

El arte de la paz

“…las personas que estudian arte y literatura aprenden a imaginar la situación
de otros seres humanos, capacidad ésta que resulta fundamental para una
democracia prospera...”


Ruth O´Brien. (1)


Es muy difícil estar en desacuerdo con eventos artísticos, como la Primera Cumbre Mundial de Arte y Cultura por la Paz, realizada en Bogotá hace días, eventos que contribuyen a reflexionar sobre la desaparición de las causas de la vieja guerra nacional y sobre todo, con el buen espíritu del editorial de El Espectador (El arte al servicio de la paz), el artículo en El Tiempo, de Cristian Valencia (El regreso de las humanidades) y el texto de Santiago Parda en la revista Arcadia, también sobre humanidades y la ciencia.

En Colombia si la voz, la creatividad y la inventiva de los artistas se tuvieran en cuenta, tal vez el país fuera otro, pero la voz de los creadores es marginal.

¿Para qué la comisión de los sabios en los tiempos de Gaviria? García Márquez y el mismo neurocientífico Rodolfo Llinas escribieron sus libros, pero nadie los leyó ni a nadie le importó, comenzando por todos los gobiernos hasta el día de hoy. ¿Diez mil becas universitarias? ¿No creen ustedes que desde el gobierno Gaviria se han perdido más de dos décadas en la búsqueda del mejoramiento de la calidad de la educación en Colombia?

La visión del arte debe integrarse y contribuir a la humanización no solo de los guerreros y la guerra, sino del hombre colombiano común, y común somos todos. Los artistas con sus extravagancias y sus ideas extraordinarias deben estar en las escuelas, en las iglesias, en las universidades, en las casas de las culturas, en las alcaldías, en todos los espacios donde sea posible pensar, repensar y reflexionar la hechura de este país.

Sería interesante que desde todas las páginas de la prensa escrita, todos los lectores pudieran leer a los novelistas, a los poetas, a los cuentistas, a los pintores, a los teatreros, a todos los que hacen arte nacional, regional y local. Esa apuesta sería interesante si formara parte de la cotidianidad de los lectores, porque una visión, una reflexión del arte puede llevar a otras visiones y reflexiones enriquecedoras y democráticas. Además, le quitaríamos a los “especialistas” de la politiquería el monopolio de pensar y deshacer el país.

La paz ha sido siempre parte del monopolio de los políticos nacionales, como si el resto de los colombianos no formáramos parte del universo de la vida política nacional. La paz, sin embargo, es de todos, de los pobres y de los ricos, de los que gobiernan y los gobernados, de los intelectuales pero también de los que no han podido ir a la escuela. En fin, de todos. La paz es el bien nacional que palpita en cada corazón ciudadano, en cada aldea perdida en el territorio nacional, en el alma de los que no tienen acueducto ni energía eléctrica. Ellos y nosotros tenemos todos los derechos para contribuir con la paz, que vuele, que sueñe, que imagine, que diga algo, que nos cambie la vida.

Uno entiende que a nuestros gobernantes les fastidie el arte de la paz, porque interfiere con la dicha, su dicha, de seguir gobernando el país como lo hacen hoy y porque el arte termina demoliendo las ideas y las ideologías que defienden los privilegios de un sistema salvaje y subdesarrollado como el modelo capitalista colombiano.

El problema de la escuela es que las humanidades son áreas de segunda mano, rellenos académicos que le facilitan la existencia al régimen, porque no lo controvierten, no lo critican, no lo comparan con otros modelos económicos y políticos bienhechores. Su preocupación es el emprendimiento capitalistas, el trabajo, la ganancia financiera, por eso tienen prioridad las matemáticas, las ingenieras y las cosas prácticas. En las humanidades y en el arte por el contrario, un poema o un cuento, incluso una fotografía, pueden ayudar a transformar la vida de un hombre.

El arte de la paz (la poesía, el preforman, el teatro, la música, la pintura) nos enseña a conocer el país, a pensarlo y repensarlo, reflexionarlo, a afinar la crítica, las inferencias y las lógicas dialécticas. Nuestros gobernantes no tienen miedo, porque saben que es mejor tirar piedras, o es mejor la huelga, que la reflexión, que el pensamiento profundo, que es en últimas el que cambia el mundo.

(1).Martha C. Nussbaum. Sin fin de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades. Editorial Katz.

El ojo de la cerradura


Carta abierta a mi hermano Nelson Ricardo Mejía Sarmiento

 “Para que el recuerdo sea el invitado de todos los días

Por Tito Mejía Sarmiento*

Querido NELSON:

En estos últimos días, cuando todos  los medios de comunicación en Colombia, siguen ocupándose de tu caso, por la forma como te asesinaron  alevosamente, fungiendo como alcalde popular de Santo Tomás – muy cerca de las dependencias del Departamento Administrativo de Seguridad (D. A .S.) - ¡Qué ironías tiene la vida! - en la ciudad de Barranquilla, el 29 de abril de 2004 y, cuando nadie estoy seguro puede limitar mi libertad conceptual, me dirijo a ti para decirte que, perdona que utilice la primera persona del singular, pero estas letras tienen tácito el plural de todos los que quieran adicionarse a ellas, mi vida durante estos once (11) años sin tu presencia, ha sido un inmenso mar de pena, angustia y dolor.  La conciencia de la ineludible soledad me fustiga, pero también me motiva a la búsqueda tuya, me empuja a la región sombría que cada uno de nosotros llevamos dentro. De ahí, que guarde con sumo recelo tus videos, fotografías, apuntes, anécdotas,  proyectos… Constituyen para mí, un gran referente de consulta habitual en el cual, siempre hallo la respuesta o al menos alguna pista, de lo que estoy buscando tiempos ha.

Amado hermano, todavía recuerdo aquel domingo 19 de febrero de 1983, cuando me pediste que te acompañara a la vecina población de Ponedera (Atlántico), donde ibas a ver en una finca a los hijos de unos humildes trabajadores, que estabas tratando para curarlos de unas alergias y otras enfermedades infectocontagiosas. Llegamos a las 11:30 de la mañana con un sol que acribillaba nuestros cuerpos y con una sed desértica a cuestas, después de haber caminado siete cuadras de donde el bus nos había dejado. El cuadro que vi fue conmovedor: unos niños de escasos cinco años, completamente desnutridos, catarrientos, mal vestidos y sin calzado al igual que sus padres, producto diría yo, de la explotación del hombre por el hombre en ese tránsito de la indiferencia estática. Media hora más tarde después de auscultar a los enfermos, observé que te quitaste los zapatos negros y se los diste  a uno de los señores, pidiéndome al mismo tiempo que le regalara los míos a otro que estaba allí. Yo te dije: ¡NELSON, estos zapatos blancos me los estoy estrenando hoy. ¡Cómo así! – Dáselos, que tú tienes para comprarte otros, ellos no – me contradijiste en el acto.¡Saben qué, amables lectores! Nos regresamos para Santo Tomás, totalmente descalzos, y sin plata en los bolsillos porque les regaló para los medicamentos, también. Ahí comprendí que NELSON era lo que era y nada más.

También llevo imbricado en el alma aquel jueves 9 de septiembre de 1999, cuando  el recibo de la luz llegó a mi residencia a la una de la tarde por un valor de $ 45.000 y con unas tijeras incorporadas anunciando el pago inmediato, debido a que tenía dos meses caídos. Yo solamente contaba, para decir verdad con $ 25.000 en el bolsillo y, enseguida pensé que la única persona que podría prestarme para completar el total a pagar, era precisamente NELSON, mi  hermano, mi pana, quien para esa época atendía en horas de la tarde en su consultorio de la vecina población de  Palmar de Varela.
Recuerdo que llegué a dicha localidad a las 3:00 p.m. en medio de una ligera llovizna, y en el consultorio había unos cuarenta pacientes: más infantes que adultos para ser más exacto. Y me dije para mis adentros: “aquí está mi salvación”. Esperé hasta las seis de la tarde, y  en el preciso momento en que le iba a decir lo relacionado con el recibo de la luz, se presentaron dos jóvenes cargando a un señor de avanzada edad, que sangraba por su pierna izquierda, ya que lo había mordido una culebra venenosa en el corregimiento de Burrusco. Le vio la herida y ordenó que lo trasladaran urgentemente para Barranquilla, porque no tenía suero antiofídico ahí en el consultorio. En medio de su dolor, el paciente herido expresó que no tenía ni cinco centavos para irse a la capital del Atlántico porque era demasiado pobre. NELSON me miró y me dijo que le diera lo que tuviera, a lo que yo le argumenté que me había presentado a su consultorio a pedirle prestado $20.000 para completar el pago del dinero correspondiente al recibo de la luz, pues me la iban a cortar ese mismo día sino la pagaba enseguida. No me tocó otra que darle mis $ 25.000 al señor ante la solicitud del médico NELSON MEJIA. De regreso  a casa le dije: “Ajá mi hermano, tanta gente y no paga, ¿qué?”—Así es, y cómo se hace si son pobres y yo tengo que darles, me respondió con una sonrisa en sus labios.
¡Saben qué amables lectores! Me cortaron la luz en mi residencia, pero me quedó una gran enseñanza de nobleza: El primero de mayo de 2004, durante el sepelio de NELSON, aquel señor de avanzada edad, el mismo que había sido mordido por la culebra venenosa, se me acercó llorando como un niño desconsolado y dándome un abrazo,  me dijo que él se había salvado por ese médico tan humanitario y tan bueno que iban a enterrar, y que hubiese preferido ser mejor él, el muerto.

Es que ambos, amado hermano NELSON, teníamos mucho en común: “Tú procurabas hacer de la vida un canto a través de la Medicina y yo escuchaba y seguiré escuchando a la vida cantar en la poesía”. Difícil encontrar hermano mío, unas ejecutorias tan grandes como las tuyas para el bien de un pueblo en una jornada vital tan breve, y difícil además, concebir una vida con una mayor proyección. Tengo la sensación NELSON, de que todo lo que viviste, amaste y sufriste, lo hiciste con una intensidad que estaba relacionada con el corto tiempo de vida de que ibas a disponer: ¡46 años!
Los que te sobrevivimos, tenemos la obligación de mirar tu fugaz existencia con un profundo respeto, pero sobre todo quedamos con el imperativo de recoger tus banderas, de seguir tus ideales, de transformar nuestra indignación por el absurdo e inevitable suceso de tu asesinato, en energía progresista de nuestra realidad no sólo de Santo Tomás sino de toda esta Colombia sufrida.

Además, quiero manifestarte que he creado con todo lo que la gente me cuenta de ti,  un océano  maravilloso de anécdotas, convirtiéndome de paso, en una especie de notario marino de las mismas: “Para nada lo mataron, gritó a todo pulmón, una humilde mujer del barrio primero de mayo, porque todavía sigue haciéndonos favores”. “Yo me gané la lotería con el 0429” (fecha de tu homicidio) decía entre sollozos, otro joven de la Urbanización Camino Real. “Mi mamá se ganó una grabadora con el 2115 (registro médico tuyo) en una rifa” argumentaba una risueña señorita moradora del sector Siete de agosto…

Te cuento que Eloina, nuestra madre querida, ha perdido un poco la memoria y no es para menos, amén de toda la alegría que prodigaba con su natural vivacidad. En el mar de sus ojos, solo se balancean grandes olas de tristeza, hoy. Tres veces a la semana quiere ir  al cementerio a regar y a sembrar nuevas flores y plantas en tu tumba porque muchos seguidores tuyos, en un acto que sobrepasa los límites de la fe en ti, se las llevan a sus casas para sanar, como en efecto sucede, a sus enfermos.

En cuanto al viejo Tito, te informo que  falleció el 11 de abril  del 2011,  a las cuatro y diez de la madrugada en la Clínica Mediesp, producto de una fuerte gripe y una inclemente artritis que lo dejó inmóvil. Te cuento que a pesar de sus 92 años de edad, tenía su visión, audición y mente incólumes. Y cuando se veía rodeado por seres de tu misma sangre, preguntaba mucho por ti.

Tu esposa, tus hijos(as), tus otros hermanos(as), familiares y los habitantes de Santo Tomás, sumidos en el dolor, no alcanzan a comprender, en sus justas medidas, lo que pasó y entender, hasta qué punto, las personas están extrañamente unidas como hilos en esta urdimbre de acero que se relaciona con  los destinos humanos.
Ellos como yo, no guardamos aversión en nuestro interior hacia los responsables de esta tragedia sino que seguimos llorando con sentimiento porque el llanto lava las ventanas del corazón, pero eso si,  axiomáticamente, exigimos justicia tanto terrenal como divina, a pesar de que en nuestro país, cada día esa justicia parece desmoronarse por múltiples razones.
Te seguiré escribiendo hermano mío, porque la vida sin palabras es triste y las palabras sin vida son más tristes todavía y por supuesto,  para que el recuerdo sea el invitado de todos los días.

*Poeta Colombiano

miércoles, 22 de abril de 2015

Desde las troneras del San Felipe

La tormenta ocupa el lugar del horizonte*

Por Juan Carlos Céspedes Acosta

Entonces uno va por la vida como un trueno
soltando a chorros, en polvo de caminos,
el sudor. Dorado y vital frente a la muerte.
Tarcisio Agramonte

¡Qué duro es tratar de escribir algo con el alma reventada por el dolor! Qué se nos fue el amigo, el poeta, el cómplice de sueños, Tarcisio Agramonte Ordóñez, un sobreviviente de la vida, un luchador inquebrantable, un tipo que se construyó a sí mismo con los pedacitos de grandeza que le birlaba a los días. 

Nos conocimos en mi época de estudiante en la Universidad Simón Bolívar, presentados por Guillermo Coronel —quien tenía la buena costumbre de presentarte a la misma persona hasta que te tocaba decir «ya nos conocemos»—. Yo comenzaba con la gesta literaria con mi grupo “Renovación bolivariana” y Tarso era un egresado de sociología perdido en los laberintos de la supervivencia, la pobreza y el cordón umbilical de la universidad, y es que conseguir trabajo como sociólogo en este país es un viaje catarata arriba. 

Desde un comienzo me impresionaron sus profundos conocimientos, un tipo muy culto embutido en el cuerpo de un quijote quebrado en carnes, con ropas dos tallas más grandes, vapuleado por la vida y olvidado de las esperanzas. Me impresionó su gallardía —que hacía frontera con la caricatura—, ese salir con el mondadientes a la calle sin haberle hincado diente siquiera al pan más duro. 

Era sencillo y elemental con los amigos, soberbio y altanero con quien osara tocar a uno de los suyos. Aún recuerdo la muenda que le «pegó» a dos estudiantes de sociología (no le gustaban los sociólogos porque «hablan mucha paja y hacen poco») que nos trataban de impresionar con sus conocimientos de historia, sicología y todo lo que pudiera terminar en «ia». Los apaleó durante casi una hora con su método discursivo inapelable. Claro, estos inocentes proyectos de demagogos solo vieron a un tipo con apariencia de vencido, de rezagado… Nunca vieron venir al león que los devoró a dentelladas de inteligencia. Hasta lástima sentí por ellos. 

Así era el poeta, bajo perfil, muy humano, desconfiado con quienes no conocía, y cómo no serlo cuando se ha vivido en la calle, a la intemperie, alguien que durmió a las puertas del Teatro Amira de la Rosa cuando lo construían, porque se quedaba sin dinero para pagar los cuartos de mala muerte de los hoteles del centro de Barranquilla, solo utilizados por las prostitutas de acera, vendedores de paso y ambulantes con un retazo de fortuna.

Quizás nuestra amistad creció porque lo respeté como persona, porque lo acepté en su esencia sin reparar en su aspecto. Y compartimos la poesía, los cafés, las aventuras, el Ron Tres Esquinas, el discurso bolivariano, las largas caminatas por las solitarias calles de la noche barranquillera buscando una esquina donde un trago nos diera ánimos para criticarlo todo.

Sé que pasaba hambre, pero nunca pedía, orgulloso como nadie, digno en actitud defensiva contra la discriminación, a la que conocía de primera mano. Cuando me llegaba el giro de casa nos hartábamos en cualquier comedero callejero, que los conocía todos, y nos sentábamos a comer en un puesto del centro con buses y gente presurosa a nuestras espaldas, y me divertía aceptando mi provocadora invitación para repetir, que el hambre se acumula, me decía. Hambre, pura hambre que muchos nunca conoceremos, pero que el poeta podía darnos cátedra de ella. Su dieta salvadora era pan de sal, cebolla y panela, cuando lo descubría comiendo esto nos reíamos, pero yo disimulaba mis lágrimas y le decía a mi casera, que tenía una tienda, que le fiara comida hasta mis magras posibilidades de estudiante. 

Su gran héroe fue su abuelo, un exsacerdote que lo inició en la lectura y en el amor por el conocimiento, y por quien se le iluminaban los ojos cuando lo evocaba. Me cuenta que un político de la región donde vivió su infancia, celoso porque Tarcisio era mejor estudiante que su hijo, lo lanzó a las aguas del río Magdalena para que se ahogara. Me dice que se salvó porque su abuelo le enseñó a nadar como un pez. 

Y de historias como esas tenía muchas, demasiadas para una sola persona. Era un fumador empedernido, lo vi cazar colillas para fumarse hasta los dedos. Sé que muchos demonios lo acechaban, mucho dolor adentro, la separación de su hijo, de su compañera, el abandono de su padre —Agramonte no era su apellido, este lo tomó del héroe cubano Ignacio Agramonte, y en cuanto al Ordóñez, me río al pensar las mentadas de madre  que habrá lanzado contra el retrógrado procurador Ordóñez, que mancilló su apellido—, que seguro lo llevó a cambiarse el nombre. A mí como abogado ya titulado, me tocó ir de oficina en oficina a actualizarle todos los documentos para registrarle su nombre «literario».

Cuando te presentaba a sus amistades, te avergonzaba por la cantidades de títulos y adjetivos que te otorgaba en la universidad de su lengua, que te ponías rojo del pudor ante un currículo nunca vivido ni ganado, había que cortarlo para que no te hiciera sentir como un José Martí reencarnado. Era demasiado generoso con lo poco que tenía —todo su patrimonio cabía en un maletín, al que yo bauticé jocosamente como el maletín del gato Felix, y que lo hacía morir de risa, porque de todo salía de esa valija azul—, me cuenta que por una deuda de arriendo perdió sus haberes, que tampoco podían ser muchos. 

Recuerdo especialmente un recital poético que organizamos en la cafetería de la Universidad Simón Bolívar, a mí me tocaba presentar a los poetas. Cuando me tocó el turno de llamar a Tarcisio, lo veo venir con esa dignidad que de seguro se gastaba don Alonso Quijano, pantalón azul turquí, camisa blanca y un suéter que llevaba a guisa de chaqueta puesta en su brazo izquierdo, que uno se hubiera reído si no mediara la solemnidad que él le imprimía a cada paso, a cada gesto, a cada palabra. Yo creo que esta anécdota lo retrata exactamente. Era solemne y podía conocerte de toda la vida, pero por carta siempre te trataba de “usted”, segura impronta de su abuelo sacerdote.

Una vez se presentó en la alcaldía de Cartagena a conocer a mi madre, y cuando ella llega a casa me dice: «Por allá estuvo un amigo tuyo, parecía un actor de teatro, saludando como los mosqueteros franceses, como quitándose el sombrero y haciendo una venia y sacudiendo el aire con su mano derecha». ¿¡Quién más podía ser!?

Pero si tengo una imagen dolorosa de su vida, es esta: Viviendo yo en el barrio El Concord, de Malambo, en un cuartucho con ínfulas de apartamentico, sabiendo que estaba pasando la mar de necesidades, le ofrecí posada, y le conseguí una estera, una colchoneta, sábana y almohada.  Siempre que podía le regalaba mis camisas, que a él le quedaban bien de largo, pero holgadas por su flacura, y eso que yo tampoco era fornido. Hubo una época en que solo tenía la ropa puesta y una muda de reserva. Cierta mañana me levanto y me arreglo para irme a la universidad, me despido del poeta y lo dejo lavando. Pensé, «el man hoy no sale, le toca esperar a que seque la ropa». Como a las 10 de la mañana lo veo en la universidad con ¡la ropa recién lavada puesta como si nada! «Eh, Tarso, ¿cómo así?». «Viejo Juanca, donde quiera que estaba el sol, ahí me paraba para que se me secara la ropa, no me puedo dar el lujo de no salir, debo escarbar, mi hermano».

Pero son tantas y tantas las vivencias, los sueños calcinados, las batallas silenciosas, la poesía derramada. Un día debo partir de Barranquilla, graduado en derecho y en padre, y regreso a Cartagena a picotear la vida. Dejo al viejo Tarso con un mes pagado donde yo vivía, nos despedimos con los rostros apretados por ese mito absurdo de que los hombres no lloran. 

Después nos vimos un par de veces más en barranquilla, ya había sacado su primer libro que tanto le tocó camellar para hacerlo, del que me obsequió un ejemplar dedicado y que un hijo de puta me robó. En Bogotá nos encontramos una vez para una feria del libro, se había hecho musulmán, había viajado a Irán. Creo que desterró la cannabis para siempre de su vida. Nunca lo vi fumarla, aunque sabía que tuvo un pasado turbulento con ella.

Siempre me hacía una que otra llamada, él, menos ingrato que yo en la amistad, me ponía al tanto de sus planes, incluso me puso a hacerle un prólogo de un libro que tenía la intención de reeditar. Por ahí lo daré a conocer más adelante. Me hacía reír con los recuerdos, como ese mal consejo que me dio para enamorar a la pelada de la cafetería para que el grupo tuviera tinto gratis. ¡Ay, amigo, qué muerte tan pendeja tuviste!, tú que habías nacido para grandes gestas, tú que tantas veces le habías hecho el quite a la parca, ¡morir esperando que abrieran un comedor comunitario!, atropellado por un irresponsable, ¿qué muerte es esta para un poeta? 

Adiós, Tarso, amante del mar, del río, un frustrado hacedor de caminos, un poeta olvidado, como tantos otros, lejos del poder, del dinero, del reconocimiento, del Estado que jamás ha reconocido a sus artistas en vida, pero que está presto a hacerle homenajes, bustos, nombrar calles, colecciones de libros, y toda esa basura con que se pretende honrar a los muertos. Alá reciba tu alma y festeje tus versos. Yo me quedaré por ahora a celebrar los recuerdos. 

*Un verso de Agramonte

jueves, 2 de abril de 2015

Los tres ladrones

Los tres ladrones

Por Luis Payares Mercado

Para estas fechas de Semana Santa, que es una celebración netamente de la fe católica, pero que contagia y beneficia con el receso laboral a católicos y no católicos. También es un tiempo de reflexión sobre la palabra Divina en lo concerniente al acto de la muerte, sepultura y resurrección  de Jesucristo, actos que representan para el cristiano, el Evangelio de la salvación, efectuado también en el acto del bautismo. 

Enrique Álvarez Henao, un poeta bogotano;  también como a toda persona,  para estas fechas  memorable  pudo haberle   llegado  la reflexión y con ella la inspiración para escribir un hermoso soneto que tituló “Los tres ladrones” contiene  este poema un dato que corresponde a los escritos apócrifos o historia secular  donde se le dan nombres  a los famosos ladrones que acompañaron a Jesús en la cruz del Calvario. El poeta en este soneto hace que el lector o escucha vea a tres ladrones y no a dos como el texto Sagrado nos lo muestra. He aquí una pizca  de las  maravillas de la literatura y más del arte poético.  Este es el soneto: LOS TRES LADRONES: Época fue de sórdidas pasiones; /el mundo de rencor estaba henchido / y en el Gólgota, en sombras convertido, /  pendían de sus cruces tres ladrones. // De un lado, y en rabiosas contorsiones, / se agitaba un ratero empedernido; / en el otro un ladrón arrepentido, /y en el medio un robador de corazones… // De luto se cubrió la vasta esfera; / Gestas, el malo, se retuerce y gime; / Dimas, el bueno, en su tortura, espera. // Y el otro, el de la luenga cabellera, / que sufre, que perdona y que redime, / ¡se robó al fin la humanidad entera!

A un lado estaba Gesta y al otro lado estaba Dimas, pero siempre ha habido un inconformismo sobre quién estaba a la derecha y quién estaba a la izquierda. Los textos apócrifos califican a Gestas como el ladrón malo y a Dimas como el ladrón bueno o arrepentido. Sabiduría que la Biblia guarda para que nadie se escude, sino para que el  alma se arrepienta o reniegue de su Salvador.

En Bogotá,  desde el  años  1871 hasta 1914, vivió este poeta, un hombre sencillo,  atormentado y sufrido, de fácil y espontanea inspiración. Nos dejó bellos modelos de sus poesías o sonetos  como “La abeja”, “La gota de agua”, “La carcajada del diablo”, entre otros. Orientada bien su vida,  habría sido  Álvarez Henao uno de nuestros más representativos vates. De similar forma sucede con muchas figuras intelectuales colombianas, que si la violencia no los acaba o exilia, entonces se distraen en los agobios y avatares en que se desenvuelven sus vidas, dejando a un lado el zumo de sus talentos para buscar sus abrigos y los sustentos diarios. 

El ojo de la cerradura

El día que entrevisté a Pacho Galán, el mejor músico de Colombia, en toda su historia

Por Tito Mejía Sarmiento

Francisco Galán Blanco nació en Soledad el 3 de octubre de 1906 y murió el 21 de julio de 1988 en Barranquilla

El fotógrafo Gustavo Torres y yo estamos frente a la casa marcada con el número 39 B -25 del popular barrio El Recreo. De un transistor se alcanza a oír débilmente: /Anoche, anoche soñé contigo/. / ¡Ay cosita linda, mamá!/.Es la voz de  Carlos Argentino Torres con el acompañamiento de la Sonora Matancera, y cuyo autor es precisamente, Francisco “Pacho” Galán, la persona que voy a entrevistar hoy cuatro (4) de octubre de 1985.

La puerta se abre suavemente y aparece el maestro Francisco “Pacho” Galán Blanco, quien  se pasa suavemente la mano derecha sobre su cabellera ceniza. Con una sonrisa a flor de labios, nos manda a seguir adelante. En las paredes de  la sala cuelgan trofeos y muchos diplomas logrados por su orquesta en distintas partes del mundo.

Torres comienza a tomar las primeras fotos, mientras yo preparo mi grabadora, no sin antes, identificarme y explicarle al hombre más rico musicalmente que tiene Colombia, el motivo de nuestra visita a su residencia.

Con la generosidad común en él, nos dice: ¡Bueno, entonces también bienvenidos a mis cumpleaños en el día de hoy!

Su señora y su linda hija Emilia sonríen al unísono, entonces, yo también hago lo propio  y le lanzó la primera pregunta: 

¿Qué siente un hombre que ha estado en muchos escenarios del mundo, llevando la música colombiana, ahora retirado prácticamente de ellos por cuestiones de salud?

PG:-Hombre yo diría que una gran tristeza que me va de la cabeza a los pies, por no seguir llevando
mi Merecumbé, mi Tuki-tuki y mis otras creaciones a través de varias naciones. Claro está que ellas por si solas podrían difundirse, exportarse para gloria de Soledad, la tierra donde nací el tres (3) de octubre de 1906, mi Barranquilla querida y por supuesto Colombia.

TM:-Maestro Pacho, ¿en qué se fundamenta que varias obras suyas sean interpretadas constantemente por muchas agrupaciones colombianas y foráneas?

PG:-Bueno que son bonitas y que además,  les caen justo a otras agrupaciones porque están bien escritas y gracias a ello, cualquier giro melódico o armónico le sale de primera a la orquesta que las ejecuta dando como es lógico, la buena impresión entre los amantes de la música popular.

TM:-Pacho, perdóneme  que lo tutee, y tal vez esta pregunta le vaya a molestar un poco, pero es un anhelo de muchos años:¿Por qué algunas melodías suyas como “Río y mar”, “Ay cosita linda”, “Ay que rico amor “que tienen un profundo contenido social y lógicamente romántico, que llenan todos los requisitos del pentagrama y que se las saben muchas personas, no le han representado en dinero, la suficiente riqueza musical que ellas poseen, mientras que las melodías de otros artistas cuyos temas son triviales si les han dado el capital necesario?

PG:-La verdad es que la pregunta se las trae, ya que es una situación hasta rara. Porque después que uno graba una canción con todas las de la ley, es decir completar, pues el autor espera una buena remuneración, regalías y eso no acontece en muchos asuntos. Sinceramente, es un caso raro, vilipendioso para nosotros los músicos que nos jodemos tanto. Creo que es un poco de suerte o hasta le roban a uno…Por ejemplo, “Cosita Linda", compuesta en 1954, ha sido  grabada en más de 462 versiones por diferentes artistas y músicos en el mundo y la plata, pocón, pocón, amigo periodista. A propósito esa canción "Cosita Linda", se  la compuse a una muchacha que conocí en el Paseo Bolívar de Barranquilla. Traté de enamorarla, pero más nunca supe de ella. La recordaba muchísimo, por eso aquello de "soñaba que te besaba, y que en tus brazos dormía...". No me pregunte su nombre, porque en realidad nunca lo supe”.

TM-¿Cuándo usted creó el Merecumbé o sea la mezcla de merengue y cumbia, pensó que esa fusión se iba a fortalecer tan rápido y tener la aceptación mundial que en efecto tuvo?

PG-Bueno en esa época,  año 50, me estaba dando vueltas en la cabeza la idea de mezclar la cumbia que era candela con el merengue, debido a que eran los ritmos que más se bailaban  en todo el  Caribe. Entonces, yo realicé esa fusión con mucho entusiasmo para llevar a cabo una obra que me diera magníficos resultados como en efecto ocurrió.

TM-¿Cuál cree que ha sido la mejor época de Pacho Galán y por qué?

PG-Indudablemente la década del 50, cuando aparecieron éxitos mundiales como: ¡Ay cosita linda!, La muñeca, Tico Noguera,  Merecumbé en Bogotá, El brazalete, ¡Ay que Rico amor! Todo lo que sacábamos a luz pública, impactaba enseguida. Además fue la locura del Merecumbé de Pacho Galán. En 1958, se me presentó la gran oportunidad de mi vida. Desde Méjico la RCA Víctor me envió un contrato para que me fuera a vivir allá, cobrando lo que yo quisiera. Dámaso Pérez Prado y su mambo se habían venido abajo y la internacional empresa disquera quería relevarlo con el Merecumbé, pero yo nunca firmé un contrato que incluía muchos dólares libres. Preferí quedarme acá en  Barranquilla y mi querida Soledad, antes que irme  a trabajar a Méjico. Nunca me he arrepentido por eso. Para mí estaban primero los muchachos que integraban mi orquesta. De haber aceptado aquel jugoso contrato todos los músicos que dependían de mí, hubieran quedado sin trabajo. Y esto no lo podía permitir... ¡Éramos como una familia unida!

TM-¿Por qué le introdujo cantantes a la agrupación, sabiendo que le estaba yendo muy bien sin ellos, maestro?

PG-La innovación me llevó o más bien  me obligó a introducirle a mi orquesta buenos cantantes. Eso fue todo.

TM-¿Por qué la mayoría de sus temas impactan tanto en todas las clases, mi estimado Rey del merecumbé?

PG- Bueno, sencillamente porque los giros melódicos siempre los divido en tres partes, o sea como uno dice musicalmente hablando: la primera parte de la pieza, la segunda, la tercera…Cada pieza tiene su atracción que la hace  accesible para todos, pero también es cosa de puro tino.

TM-¿Cuál cree usted que ha sido su obra más exitosa?

PG-Sin temor a equivocarme ¡Ay cosita linda! Esa canción le ha dado la vuelta al mundo. Es decir, nació para ser éxito. Modestia aparte, es la embajadora de las canciones colombianas. Por donde yo pasaba la gente me cantaba:

“Al pie de tu ventanita rosada
te dije, ay cositas lindas, mi amor.
Por qué no me das un beso, mi vida
al son del Merecumbé, ¡ay pa' gozar!

Anoche, anoche soñé contigo,
soñé una cosa bonita, que cosa maravillosa.
¡Ay cosita linda, mamá!

Soñaba, soñaba que me querías,
soñaba que me besabas
y que en tus brazos dormía,
un merecumbé pa´ bailar.

¡Ay cosita linda, mamá! Un Merecumbé pa´ bailar”

TM-¿Para usted quién es el mejor compositor colombiano?

PG-Ya murió, el cartagenero Adolfo Mejía, criado en Alemania. ¡Todo un señor compositor! Sin olvidar al maestro José Benito Barros.

TM-¿Qué opina de SAYCO, sociedad de compositores y autores de Colombia?

PG-¡Uff! Mejor no hablemos de eso! ¡Eso se dañó hace ratos!

TM-¿Qué le aconseja a las nuevas agrupaciones de nuestro país que se levantan para proyectar  el folclor de Colombia?

PG-Preparación constante para hacer buena música y no basura diariamente.

TM-¿Maestro, por qué otras orquestas no interpretan Merecumbé?

PG-Les parecerá difícil expresar la marcación o su perfil cadencioso al que pertenece 
la conjetura musical del mismo Merecumbé. 

Paradójicamente aunque el saxofón marque el ritmo del Merecumbé, este nació en la percusión, parte importante también de este ritmo y llevado de la mano del excelente músico Pompilio Rodríguez quien viene a dar el toque final marcando una identidad definida como ritmo, irrumpiendo así en el mundo tradicional del porro, la cumbia, el paseo, el pasillo, en donde la forma como se articula la percusión marca el aire interpretado. (Ecos Culturales)

Por último estimados lectores, cabe destacar que el gran trompetista Pacho Galán poseyó muchas fases orquestales, donde utilizó varios instrumentos tales como  saxofones, trompetas, trombones, clarinetes, piano, percusión, violines, flautas, y por supuesto, cantantes... Pero los instrumentos que marcaron la ordenación musical de su famosa orquesta fueron concretamente los saxofones y la percusión; teniendo estos instrumentos una aportación especial dentro de cada obra melódica. De este modo, Pacho logró crear una identidad sonora que se extendió por todo el mundo con mucho éxito.

Seguidamente parte de su legado musical, tomado del  blog “Viaje fantástico”

1 - Atlántico (2:51) Canta: Tomasito Rodríguez.
2 - Barranquilla (2:43)
3 - Librada (2:30) (Regrabado por la Billo's como "La casa de Fernando")
4 - Merecumbé en Bogotá (2:28) Canta: Tomasito Rodríguez
5 - Así me gusta (2:34)
6 - Caracoleando (2:44)
7 - Ay qué rico amor (2:56)
8 - Colita de caballo (2:37)
9 - Boquita salá (2:42) (Regrabado por la Billo's con letra)
10 - Cumbia panorámica (2:40)
11 - Pájaro del monte (2:56)
12 - El sapo (3:06) Canta: Tomasito Rodríguez.

13 - Noches de Caracas (3:00)
14 - Rosa (3:05)
15 - Río y mar (3:19)
16 - Ay cosita linda. Canta: Emilia Valencia (Ritmo Merecumbé, grabada en enero de 1956 por Pacho Galán y Su Orquesta en Barranquilla para Discos Tropical) (3:25)
17 - Tico Noguera (2:39)
18 - Quiero amanecé (2:38) Canta Sarita Lascarro
19 - Camino culebrero (2:41)
20 - Sueño (2:55)
21 - Kalamary (2:38) (Original de Lucho Bermúdez y Su Orquesta)
22 - Mosaico (2:30)
23 - Rico y sabrosón (2:28)
24 - Amor en chiquichá (2:44)
25 - Cójanle la cola (2:17)
26 - Así no papacito (2:17)
27 - Mi cumpleaños (2:55)
28 - Marquito Vanegas (2:39)
29 - Merecumbé en saxofón (2:46)
30 - Estambul (2:34)
31 - Gaita universal (2:31)
32 - La luna y el mar (2:38)
33 - Bombo y maracas (2:59) (Compuesta por Esthercita Forero, la Novia de Barranquilla)
34 - Radio Reloj (2:57) (Cuña radial de esta tradicional emisora barranquillera)
35 - Carmen Sofía (2:46)
36 - Elvia (3:01)
37 - Merecumbé atornillao (2:26)
38 - No me dejan bailar (2:49)
39 - Ves lo que haces (2:29)
40 - Ritmo y palmeras (2:47)
41 - Cara Sucia (2:26)
42 - Chiquita mía (2:33)
43 - Hula hula (2:25)
44 - Ok, ok (2:31)
45 - Todo para ti (2:15)
46 - Yo tengo un perro (2:38)
47 - Ñeque en totuma (2:42)
48 - Playa blanca (2:39)
49 - Gaiteando (2:18) (Original de Lucho Bermúdez y Su Orquesta)
50 - Acaracatún (2:18)
51 - El brazalete (2:52) (Regrabado por la Billo's como "La butifarra de Pacho")
52 - Ay cosita linda (Orquesta Sonolux: Pacho Galán con músicos de Lucho Bermúdez y Ramón Ropaín, grabada en julio de 1955 en Medellín para Sonolux, ritmo porro) (2:56)

martes, 31 de marzo de 2015

Bitácora

El mundo todavía no ha colapsado

Pedro Conrado Cúdriz

El mundo todavía no ha colapsado. Y no lo va hacer nunca. Lo terrible, en el caso colombiano, es que llevamos más de 21.900 días en el delirio del precipicio, sin caer al vacío definitivamente. Nos hemos acostumbrados a las repeticiones de las crisis, a fragmentos de ellas, multiplicadas en el tiempo hasta agotarnos como nación; entonces terminamos experimentándola como seres marginados de las realidades mayores del mundo, como individuos perdidos en las favelas de siempre.

De cualquier manera, es un instante interesante (me niego a escribir histórico), porque es como un temblor, un pequeño temblor que no ayuda a colapsar ningún edificio, y esto es lo terrible, porque no pasa nada en el país, absolutamente, y como en la novela El gatopardo de Lampedusa: para que todo siga como está, es necesario que cambie algo. Un tema de formas.

La guerra ha sido eterna, eso creemos y experimentamos sin cesar todos los días, y bajo toda clase de guerreros persistimos en cerrar los ojos para no ver lo indeseable y para tampoco respirar el olor nauseabundo del animal podrido de la corrupción. Vivimos de fracaso en fracaso y bajo la égida de un desastre institucional que ha terminado fundiendo el estado de ánimo de los colombianos.

Las dudas y el escepticismo florecen y se retroalimentan en medio de la lucha extrema e imperceptible de las pobrezas, de la mediocridad y el cinismo perverso de quienes nos gobiernan y aplican todos los días “su” justicia.

Los colombianos del común vivimos impotentes y pasivos la historia, como en la fiesta de corralejas, observando el toro miura embestir sin piedad al borrachín que se atrevió a ingresar al corral. Porque ahora es la misma generación de los guerreros de siempre (paramilitares o sus adláteres, los protectores de los falsos positivos, los comerciantes de votos, los cínicos y los corruptos), esos que no han permitido las transformaciones institucionales, los que hoy quieren salvar la nación del clientelismo y la corrupción de las cortes. Pero todo será en vano como en el Titanic.

Y las mayorías, indiferentes e impotentes, observan el festín de las argucias electoreras, siempre electoreras, de los actores de la historia de siempre, esa máquina constructora de mentiras, que envalentona a los hacedores de la misma para conservarse salvadores del mundo: los guerreros, los que nos gobiernan. Bajo esa cloaca de mentiras históricas nos quieren hacer creer que el problema es de individuos (Jorge Pretelt, el procurador, el fiscal, Uribe) y no del Sistema, o del Régimen, como lo categorizó Álvaro Gómez Hurtado.

El Sistema funciona bajo el modelo de vida del clientelismo, que es el manto que alimenta toda la porquería del régimen. Al Congreso, a las Cortes, a la Fiscalía, a la Presidencia de la República, a la Justicia, a toda la malla de las instituciones que nos gobiernan. Nada se mueve en este país sino es bajo los truques clientelistas, incluso, no hay portero de las alcaldías del país que se salve del comercio del sufragio.

Algunos se han atrevido a calificar el Sistema de mafioso, sin embargo, escuchar a Pretelt en la W, deformó esta imagen sagrada del crimen, porque no actúo como tal, sino como miembro de una pandilla de criminales de barrio, que frente al descubrimiento del delito, sale a denunciar a todos los delincuentes del mundo para salvarse. Esta es la hondura de alguien (y del Régimen), que incluso, como lo escribió Daniel Coronel en Semana: “Es estremecedor oír al señor magistrado Pretelt diciendo “nadien”, o explicando “mi finca del Urabá no queda en Urabá.” Da miedo.  

Letras sin fronteras

Amigo

Dedicado a los amigos que se fueron y a los que están

Por Irene Ángel

Amigo, palabra fácil, lanzada al viento para el que no lo ha tenido, mas en el tiempo, es un canto de vida, es la risa, el llanto, un silencio respetado, una canción compartida. Los amigos nacen construyendo una memoria, compartiendo vida, que más allá de la muerte se preserva incorruptible. Cuando se van, solo queda el agradecimiento por el tiempo dedicado, por la risa en los recuerdos, por el enojo pasajero, por lo aprendido. El que es amigo, es amigo de verdad, porque no existen los de mentiras, se es amigo o se es un buen conocido, pero los amigos, siempre están, aunque estén lejos, ahí están.

Se ha dicho siempre, si encuentras un amigo, encuentras un tesoro, nunca he encontrado la relación entre los dos, pues los tesoros se acaban y los amigos son eternos.

También escucho, mi amigo me traicionó, entonces, tampoco era amigo, y creíste que lo era, así que no te preocupes, que el problema no es tuyo, aunque deje desconfianza y un vacío, el traidor fue él, porque un amigo es honesto, aunque se equivoque, porque es humano, pero por su mente no pasa la envidia, ni la maldad hacia su amigo, mejor decir, era un buen conocido, que se equivocó. También escucho decir, amigos no hay, el único amigo verdadero es Jesús, sí, porque dentro del cristianismo, él es símbolo de amor puro, y cuando existe el amor puro, no hay traición, ni maldad, pero, los amigos, si existen. Los amigos están, aunque no los tengamos, aunque no los veamos, existen, otros los tienen, y pueden contar la historia. Los amigos no te abandonan en la mala racha, ni en la enfermedad, y aunque estén lejos, siempre van a tener un espacio en su memoria y en su corazón para recordarte. Una de las características por las cuales es difícil ser amigo, pienso yo, es porque nos da miedo a entregarnos y que nos hagan daño. Entreguemos la amistad, sin esperar nada, y la misma vida, o la misma naturaleza, se encargará de cada uno, como des, te darán, como trates, te tratarán, como te ames, te amarán, como te respetes, te respetarán.

Escribo esta reflexión a mis amigos, a los que se fueron, aquellos únicos, inolvidables, irreemplazables. También a los que están.

Y volviendo a la frase de siempre: Si encuentras un amigo, cuídalo, y agrego, si piensas que te encontraste un amigo, que te cuide, que en ti, va a tener el mejor de los amigos.  También pienso que el tiempo, no es el determinante en decir quien es buen amigo, es el corazón de tu amigo el que te da información. 

jueves, 12 de marzo de 2015

Ethos


 
ETHOS
 
Por Franklin Howard Ortega

El Ethos es el  étimo griego para referirse a las costumbres, en oposición al pathos que trata de las pasiones. Pues bien, es esa manera de comportarse, si se quiere de ser. Hace relación al sentido de pertenencia, a la identidad de una sociedad específica.

Alguien dijo de Colombia, que era una República de Países. Para el humanista, sociólogo, Orlando Fals Borda, natural de San Martin de Loba, uno de los fundadores de la Facultad de Sociología, junta con Camilo Torres Restrepo y después de la de Antropología de la Universidad Nacional, siendo el Decano de la de Sociología, y quien, fuera Constituyente, asume la concepción de regiones. De la misma concepción era el Senador Miguel Facio Lince López, quien propende por ese concepto, en un semanario de regular circulacion. Pues bien, se enumeran las siguientes regiones: La Costa Karib; la región oriental de Santanderes; la Llanura oriental; la Costa Pacífica; la Antioqueña unida a Caldas,Pereira,Armenia; la cundiboyacense; la valluna; la pastusa. Cada una tiene sus particularidades culturales, que se traducen en usos, valores, anti valores, hablas, culinaria, músicas, bailes.

En la región costeña existen particularidades subculturales que distinguen a los componentes de la región. Ejemplo, difiere un guajiro de un cordobés, un sabanero de barranquillero. El lingüista Cury Lambraño, se atrevió a hablar, codificar, construir la gramática y grafía del Costeñol, como lengua propia de la esta concepción regional. No es posible olvidar el wuayunaiki , lengua propia de Woumaimpa, Guajira.

En este aspecto, tiene mucha importancia el sustrato pluriétnico de la Costa. Si somos la misma nación, ¿ qué hace al costeño diferente del connacional del interior? Se ha inventado el concepto del ser “caribeño”. Recuerdo que poco después de la revolución cubana, llegaron algunos isleños, procedentes de Bogotá, quienes dijeron que les parecía haber regresado a su país, pues en Bogotá se sabían en el extranjero. Gente de Brasil, del Ecuador, del Perú, se suman a ese parecido. Entonces, ¿cuál es el fundamento del compartimiento de rasgos culturales similares? En el primer caso se dirá lo del “caribeño”¿ y con los demás ? Tendríamos que admitir un nuevo concepto etnológico, el ser “afriqueño”, que tiene mejor significación. El Doctor Fernando Ortiz, padre de la etnología americana, llega a la convicción que la cubanía tiene relación  más con África que con Europa, de donde eran sus padres y lo descubre allá, siendo estudiante universitario.

Recientemente, conversaba con el Doctor Alfonso Cabrera, en la oficina y un ruido interrumpió la conversación. Él se asomó y recibió perentoria invitación a abandonar lo que hacía para que se sumara a la entretención, originada en el cumpleaños de un compañero. En el Centro Comercial, puede usted esperar tranquilo que la cajera termine la animada conversación con su colega, que bien pueden seguir mientras hacen su labor. En las oficinas los empleados abandonan sus puestos para realizar una tertulia. Encuentro en estas conductas, el rescoldo del cimarronaje: el negro, no tuvo otro lugar de encuentro que el trabajo y de una u otra manera allí fue donde se concitó el gran escape. Del mismo origen es la comunicación, donde el receptor debe comprender el código del emisor: una frase inconclusa se acompaña de un “ajá…”.Allí está el final del mensaje, iteradamente críptico, quizá lo más importante es que se debe decodificar.

Una familia bogotana se alojaba en el hogar: ella colega de mi hija, ex compañera de aulas universitarias, Nayibe Mahecha; él médico doblado a mayor de Policía, Rafael, salían a la playa. Los acompañábamos a la puerta y una buseta los esperaba en la esquina. El ayudante  hacía señas. Preguntaron qué pasaba, cuando le dijimos que los esperaban, se asombraron. A su regreso contaron que, cosa rara, el vehículo se habían desviado unas cuadras. El ayudante se bajó, caminó para indicarles la dirección: más asombro y desternillar de risa. Seguimos en buseta: es como una pista de baile, al sonido alto, se agregan luces de colores y detrás, hay alguien que convierte en tambor el espaldar de su silla. Tales conductas es imposible concebirlas en Bogotá o en cualquier otra ciudad colombiana.

 Es necesario saber de algunos valores culturales, con el apoyo de la lingüística para comprender algunas conductas: Consigno algunos étimos de interés: MEGARA: estado de bienestar que se obtiene societariamente, como en la danza, las carnestolendas donde  el disfraz procura la fuerza del animal totemizado o su exorcización. Ejemplo: danza del torito, danza modal que procura la fuerza del animal; danza del gallinazo exorciza la muerte; HANTU: espacio tiempo; KINTU: cosa: una máscara en la pared; KUNTU: fuerza modal: la máscara en el rostro; MUNTU: hombre; BANTU: hombres.

Cuando el burgués concluye su labor del día, quizá son las seis de la tarde, va al club, a la casa, al bar y toma licor y juega póker. Eso está bien. En la covacha son las diez de la mañana, el hombre bebe, pone el pick up, juega dominó, escucha música y hasta baila. Eso está mal: ¡flojo sinvergüenza!  Nadie lo vio salir a las dos de la mañana, colinchado, hasta encontrar un camión para guiarlo a bodega para la descarga: es el cotero que a las nueve de la mañana  ha culminado la labor del día: está feliz y comunica su megara. Tampoco nadie vio al pescador levantarse a la madrugada, a la hora que pica el macabí, el róbalo, el pargo, la barracuda. Hubo buena pesca. En casa comunica su megara: suena el picó, gritan las fichas del dominó  golpeadas en la mesa; Si la pesca fue un fiasco, la megara está baja: no se comunica tristeza.

“La comida no sabe bien, si hay alguien que no la tiene”, es un proverbio xhosa. De ahí el concepto cognado de la familia costeña, donde el padre sale a “inventar” para procurar algo que comer dentro el circulo dantesco de la pobrería. En la precariedad de la casa es posible que convivan dos, tres, familias. En veces es el abuelo, la abuela, la suegra, quien proporciona el alimento. Esta costumbre de origen africano, dista de la familia agnada de los andinos, donde se obliga el niño a ser autosuficiente, lo que origina el gaminismo, que ha contaminado al ser costeño

Si sabemos de dónde venimos, comprenderemos el ethos, sabremos de donde provenimos y revaloraremos los ancestros. Somos el producto de la missigenación de etnias y culturas. Privilegiar una de ellas es una conducta producto de la insania de la élite dominante creída de ser los descendientes directos de Pelayo, como se consideraban los héroes veintijulieros de 1810: Acevedo y Gómez el verbo de la revolución fallida, Camilo Torres, quien termina de abogado de las causas de los españoles, a la llegada de Morillo, como tantos otros anti héroes. Tan sólo uno de ellos de origen popular quiso ir más lejos: José María Carbonell, a quienes la ciudad les ofrece sus mejores espacios y la monumentalidad escultural. El mármol y el bronce no son para íncolas y negros. La historia oficial es una gran mentira. Entre todos podremos desenmascararla en el recorrido identitario, que nos permita revalorarnos nosotros mismos.

Durante la II Guerra Mundial, el periódico New York Time, para distinguir las Américas, utilizó el adjetivo “latino”. Queda en el entendido que América, es Estados Unidos, la del Norte prospero y al sur está la otra América, la “Latina”. Este adjetivo, como todos los demás  es absurdo. Latinos, son los del Lacio, vale decir los italianos, con quienes nada tenemos que ver. ¿Por qué no nos refieren a otra región, país, continente con el cual está ligada esta parte de América?  Pues, porque nos conformamos con lo que nos digan las autoridades del mundo hegemónico de gama alta.

A esto se suma un particularismos, para identificarnos, ya no impuesto desde el norte, sino por gente nuestra: “caribeños”. Bien, pero como hemos visto no agrupa sino a una parte sita en nuestro mar. ¿Y los que no están en este borde continental?. Entonces cabe nuestra propuesta a las Ciencias Sociales: Los del Norte serían angloamericanos y cabe afroangloamericanos; los del sur serían mexihispanoamericanos;  en las islas estarían los afroangloamericanos, afrofrancoamericanos, afroneederamericanos ; al sur los afrolusiamericanos y afrohispanoamericanos, con lo cual se hace honor a nuestro mestizaje pluriétnico y multicultural, de la  de la Costa, con particularidades lingüística y los de Pacífico; para los andinos estaría el calificativo de hispanoamericanos.

África está presente en usos, costumbres, culinaria, danza, festivas, carnestolendas, música del hombre de la Costa. Sin importar la dermis, todos asumen esos valores, aunque leucodermos los enmascaren con otras culturas, con diferentes conceptos, pero el ethos de la africanidad es el mayor distintivo.
 
Nicosi siquellelle Africa
<Viva Africa>