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viernes, 12 de abril de 2013

Hispanorama

Tipical spanish versus la sana autocrítica

Por Alicia Rosell

Hay un programa de televisión en EITB muy conocido a nivel internacional, ¡VAYA SEMANITA! Hoy me apropio del nombre y de lo que implica, porque realmente aún no hemos acabado la semana aunque sea viernes. ¡Vaya semanita la que llevamos! Por muchos y variados motivos. Las noticias arden con la misma virulencia con que ayer ardía entre lenguas de fuego el casco urbano de Bermeo (pueblo pesquero vizcaíno, hermoso y querido) dejando a casi treinta y cinco familias sin hogar y 5 edificios colapsados por las llamas (gracias al cielo, sin muertes). 

      Esta semana que empieza a morir se llevó con su amiga 'la parca' a grandes del cine y de las letras (Sara Montiel que ya dejó de fumar puros, los ‘jamones y huevos de oro’ de Bigas Luna y se apagó la sonrisa de nuestro José Luis Sampedro a ritmo de un Campari. No menciono a la ‘Dama de Hierro’ porque no ‘es nada nuestro’ y no me sale el hacerlo... Ahora no recuerdo quienes más, pero se fueron tantas personas, ¿o no? No solo famosas... Vecinos, amigos, familiares de casi todos nosotros. Pero además, en esta semanita horribilis (como diría la gran Reina Isabel de Inglaterra, con quien solo coincido en que cumplimos años el mismo día, que no los mismos años), se elevó el número de mujeres asesinadas por sus parejas o ex-parejas y el contador no para de correr junto con la sangre de mis congéneres a manos machistas (¿no se puede castrar a los asesinos? De paso, hasta pueden acabar ganándose la vida en la ópera), los desaguisados cocinados en torno a la política se condimentan con sabores que van del agridulce al amargo (todos incluyen el vómito a punto).

      El panorama no es halagüeño por parte alguna. Leo chistes que me causan risa nerviosa y otros que me hacen 'llorar' de pena de tan malos aunque son reflejo de la realidad. Se acerca el día del Libro y mientras más lo pienso, mi cara va cambiando de colores: paso del pálido blancuzco al rojo histriónico y al morado rabioso que me causan las noticias sobre el ‘mal estado de salud de la edición’ (la salud lo es todo, sea de la clase que sea, la salud es un círculo vicioso que nos están cerrando para deterioro de nuestra calidad de vida). No me preocupan los libros que se venden o no se venden cuando son malos los que más se venden, ¡paradoja!; me preocupa que la salud moral de la cultura se venga abajo porque la crisis, el monopolio de cuatro gigantes editoriales con sus aparatos digitales lectores y el maltrecho bolsillo de los lectores puede no dejar este año un buen balance para las Ferias del Día del Libro.

      Pero esto no acaba aquí... Se suceden tantos disparates nacionales que todos debiéramos volver a visionar “La escopeta nacional”, película de García Berlanga que retrata nuestra 'querida España, esta España nuestra...' (Letra de la canción de Cecilia).  Y créanme, sigue de plena actualidad, diría más bien que de total actualidad y precisa 'segundas partes'. Tal vez algún guionista o productor de cine lo tome en cuenta. Al menos, yo acabo de leer una historia tan buena que bien serviría para montar otra ‘escopeta nacional’, pero entremezclando los problemas raciales, discriminaciones y demás problemas que pasaron a segunda plana... ¿Me comprenden ahora? ¿O presta alguien atención a los africanos que siguen intentando llegar a nuestro país dejándose morir en el mar? Por si alguien se despistó, hubo otra noticia esta semana sobre este asunto y poco se ha comentado. 

      Si es que no doy a contarles de esta ¡vaya semanita! que estamos viviendo; y no porque sea peor que otras, más bien y esto me preocupa, es un simulacro mejorado y esperpéntico que se suma a la realidad del 'tipical spanish'. ¿Que escribo con ironía? Realmente, escribo con la realidad que vivimos. A este paso, les voy a recomendar que solo pongan el televisor o entren a facebook cuando tengan ganas de suicidarse, porque entre estas y las noticias de la corrupción política, que los malos acaban en la calle y los buenos en la cárcel porque roban comida para sus hijos y que seguimos sin entendernos entre los propios ciudadanos de diferentes ideologías (creía que después del “15M” ya solo existiría ‘una sola y única’ (ideología, aclaro), pero nos equivocamos y José Luis Sampedro no descansará tranquilo. No hasta que este país suyo tan nuestro donde los turistas alemanes e ingleses tienen más fácil la vida que nosotros, donde los paletos son los políticos y los buenos estadistas son ciudadanos que no se atreven a tomar ‘el mando’ (suena mal, ¿verdad? Pero compromiso obliga, ya saben...), no disponga de ‘descabezaderos’ donde empezar a pensar con las neuronas en vez de con la testosterona.

      ¿Y sigo? Leo a personas que ya no tienen para comer y exponen públicamente su caso (uno de millones) sin pudor alguno, porque el hambre tiene esto de impudicia que nos obliga a tragarnos el poco orgullo que nos va quedando para no morir de inanición (léase, mental y nutritiva). Y me pregunto, ¿qué diablos estamos 'no haciendo' que no hacen quienes debieran hacer ‘lo que no se hace’? 

      ¿Trabalenguas? Me reiría si de verdad lo fuera porque con un trabalenguas uno puede reír y hacerlo a mandíbula batiente si se le enreda la lengua. Lo imposible no es decir un trabalenguas de ‘carretilla’ sin equivocarse; imposible resulta que la lengua de los políticos no se suelte para darnos alguna noticia que nos alegre la recién estrenada primavera, eterna primavera cuajada bajo las sucesivas tormentas que nos han causado desde la transición democrática. Ahora ya saben por qué cuando hablan no se les entiende. Nos consta que la inteligencia no se demuestra con el uso ‘impropio-pedante’ de las palabras para transmitir o comunicar, sino en la falta de honradez que lleva a robar al prójimo sin desear para los ciudadanos lo que para ellos no quieren (ya sabemos que solo entran para 'forrarse' de dinero y así de abrigados, se van para Suiza y no a esquiar, precisamente).

      ¿Y si sigo? Creo que lo acaecido o por acontecer aún en esta semana que muere entre los extremos climatológicos (anda parejo con el panorama sociopolítico, fíjense), no es más ni peor que otras semanas ya pasadas, pero quizás sea menos o mejor que las próximas (quiero equivocarme, ¿acertaré?). Pero temo, sin asomo de extrañeza, que vamos a seguir siendo mal vistos desde fuera de nuestras fronteras y dando una imagen de nuestro país que solo piensa en el fin de semana, el baile y la jarana, que canta flamenco en cada rincón del país, come y vende chorizos y longanizas por puro vicio, que se divierte al son de la pandereta y la cuchipanda, celebraciones de ‘botellón’ y ‘escreches’, suicidios de personas que caen en la depresión por no poder alimentar a sus hijos aunque viven en un país promisorio y lugar de destino para desatinados inversionistas americanos que crearán empleo a costa de la seguridad ciudadana y nos convertirán en una versión de Las Vegas a lo “Sodoma y Gomorra”... Esto atraerá el turismo y no habrá por ello más prostitutas en las afueras de las ciudades ‘haciendo la esquina’. Algo es algo. Por algo se empieza. El problema es que sea el comienzo del final, y no digo esto por ser pesimista. Pero ya saben el refrán: "El que avisa, no es traidor".

      Habría que mucho más contar de lo que está dando de sí la semana (casi todo noticias malas, pocas esperanzadoras y mínimas las buenas) y yo he acabado yéndome por los 'cerros de Úbeda' (para el españolito no docto en geografía les diré que ese pueblo está en Jaén). 

      Ya pues, para allá me retiro con la imaginación, que para algo la tenemos y hay que usarla. Veré si entre olivos puedo pensar menos y encontrar soluciones a mis propios problemas, que todos queremos solucionar el mundo pero aún no empezamos por nosotros mismos. Vamos a dejar de lado la chirigota nacional que nos envuelve y solo sirve para vender “El Jueves” y ojalá nos centremos en ayudar al prójimo como a nosotros mismos. Porque toca arrimar el hombro cada día y cada semana, un poco más. No sirve quejarse y criticar sin actuar. Esa hipocresía ya está desgastada por los políticos.

      Y mientras en el casco viejo del pueblo vizcaíno de Bermeo se trata de recuperar la normalidad (aparente siempre tras sucesos traumáticos como estos de quedarse sin hogar), ya me he buscado un gorro para protegerme de los rayos del sol que no sale pero causa más problemas que beneficios (se parece al Gobierno de turno), pero sin el cual no podemos vivir porque sin sol no somos ‘nós’ (perdón, quise escribir ‘ná’). Listo... Voy “haciendo camino que se hace camino al andar”, parafraseando a Don Antonio Machado y del olivo me voy para el lagar a estrujar olivas y llevarme aceite puro para desengrasar las arterias y alimentar las células de antioxidantes.

      Estimados, que el fin de semana sea benevolente con ustedes y les voy a dar una receta que no es de mi abuela, sino mía. A quien tenga ganas de perder el tiempo en pensar cómo evitar que nos quiten el sueño de tantas formas ingratas y desquiciantes, les deseo mucho optimismo para enfrentar otra semana que estará con nosotros, los supervivientes, a la vuelta del domingo; y para quienes no tengan las mismas ganas, puedan ni quieran hacerlo, pues denle al porrón (eso sí, llénenlo a la mitad y adulteren el vino) y tal vez solo así, logren no pensar que la situación no da para más. Tampoco comiencen ahora a abusar del alcohol, que no es ni fue nunca la forma de evadirse, sino de inmolarse lentamente...

     Paciencia, resilencia y al ruedo, nos guste o no la fiesta nacional que de fiesta no tiene ‘ná’. Quise decir nada, pero lo castizo es lo único que nos van dejando en herencia y de ahí, ¿al hoyo? No. Sigamos sembrando esperanzas.  

* Un artículo de opinión de Alicia Rosell (Purificación Ávila), escritora, editora y directora de HISPANORAMA.NET y del periódico Interperiodismo Digital. 
En Bilbao, 12 abril 2013.

viernes, 25 de enero de 2013

Hispanorama

Ser mujer en el siglo XXI

Por Alicia Rosell*

Ser mujer en un mundo competitivo y profesional significa que nunca podemos bajar la retaguardia, que seguimos teniendo que demostrar mil veces más que lo hace un varón, que somos tan válidas como ellos en todo.

Ser mujer en pleno siglo XXI es constatar que la historia de los logros de las mujeres se sigue escribiendo con sudor y lágrimas, con el trabajo incomprendido y el menosprecio de colegas o el de la propia familia. 
Es bello ser mujer porque yo soy una mujer. Aclaro que no soy feminista, sino fémina y femenina. Soy una sencilla mujer y nada más.

      Lo realmente difícil es lograr conciliar nuestra esencia de ser mujeres y profesionales en un mundo de hombres donde todavía nos cuesta dejar la impronta de nuestra huella sin pasar por la aprobación y el reconocimiento de algunos de ellos. A pesar de que se ha avanzado en este terreno, a las mujeres nos queda mucho por hacer y más que decir. Por bien de la humanidad. Porque hablo en su nombre y no solo en el propio.

      No nos quejemos, sin embargo: Las cosas han cambiado para mejor. La cuestión es que aún sigue existiendo desigualdad aunque no lo parezca, tanto en lo profesional como en la vida privada. Las mujeres más afortunadas tenemos mucho que aportar y luchar para que las demás mujeres del mundo puedan escribir en la historia sin dejar rastro alguno de regueros de sangre ni estelas de dolor. 

      El mundo sigue siendo un mundo de hombres porque aún se nos sigue mandando a callar y se nos pide más que a un varón por hacer lo mismo. Es una realidad palpable que apreciamos las mujeres del mundo desarrollado y en exceso, las mujeres de los países menos favorecidos. No es generalizar sino dejar constancia. Porque aún no ha acabado la lucha para quienes damos la vida al hombre, pariendo con dolor y sangre, dando nuestra vida solo por amor. Siempre por amor.

      No nos auto engañemos, mujeres de todas las condiciones. Mientras nos sigan mandando a callar o se ignore nuestra presencia e ideas, no habrá igualdad. 

      María Zambrano, en la foto, mi heroína, lo dijo en pocas palabras. Gran mujer. Ella dejó su impronta para las que vinimos después... "Prefiero una libertad peligrosa a una servidumbre tranquila". 

      Yo me hago eco de sus palabras y desde aquí, le rindo mi homenaje de mujer luchadora.

*Escritora y directora editoral de Iberoamericana de Ediciones "ALICIA ROSELL® Editorial" a través de HISPANORAMA (Group Hispanorama Audiovisuals, S.L. www.hispanorama.net)

viernes, 7 de diciembre de 2012

Hispanorama

Rememorando los comienzos de la crisis editorial en primera persona

Por Alicia Rosell*

Hoy deseo contaros una anécdota para quitarle hierro al asunto del paradigma editorial ante el que nos encontramos. Una historia que tildo de anécdota ahora que ha pasado el tiempo y puedo hablar de ella desde casi todas sus connotaciones por la visión preclara con que la distancia en el tiempo me permite hacerlo…

      Acudí a una conferencia o debate-coloquio que se celebró en la Biblioteca de Bidebarrieta allá por febrero del año 2008, en el marco de las sesiones ‘Diálogos con la Literatura’. Allí, conocí a Luisa Etxenike y a Ana Mª Moix, ambas escritoras.  La segunda, hermana del carismático y desaparecido escritor y cinéfilo, Terenci Moix. El tema versaba casualmente, sobre el mismo tema y casi con el mismo título de la conferencia que yo ofrecí años antes en la ‘Sala Juan Larrea’ de la Gran Vía Bilbaína allá por el año en que la escritora y ahora catedrática, Soledad Puértolas, ganó el Premio Planeta: "¿Existe o no existe la Literatura Femenina como tal?" Este era el título de mi conferencia, similar al que ofrecieron ellas con mucha más enjundia y oratoria que la mía, porque es obvio que hay que tener 'tablas' y experiencia de años vividos. 

      Me llamó mucho la atención que el título versara “Mujer y escritura: La literatura escrita por mujeres frente a la de ‘contenido femenino’, la existencia o no de una ‘literatura femenina’ como tal”. ¿Ven la similitud? Pues habían pasado casi diez años entre mi conferencia y este coloquio abordando el mismo tema. 

      Como siempre, salió a colación el ‘San Benito’ que nos cuelgan a las escritoras cuando se nos pretende encasillar como escritoras feministas o que escribimos solo literatura femenina, dando por hecho que ésta existe y diferenciándola de la ¿masculina? Jamás hablamos de literatura masculina, ¿por qué nos siguen tocando la moral a las escritoras con este ‘San Benito’ de diferenciar la literatura femenina del resto? Pero como esto es asunto para otro día,   continúo con mi anécdota, que no lo es tanto...

      Confieso que acudí más bien por la curiosidad suscitada en mí al ver la coincidencia del tema del coloquio. Pero también por las escritoras a quienes admiraba. Y porque Bruguera era mi referente editorial desde la infancia. Aún me recuerdo en el despacho del Director de la sucursal en la Calle Gran Canarias de Deusto presentándome como escritora… Hay que ver qué osados somos en plena juventud. Creemos que es llegar, tocar la puerta y todo listo.  

      Ya ven: Les estoy hablando de finales de la década de los setenta, cuando todo funcionaba sin ordenadores y algunos editores aún recibían a jóvenes escritores en sus propios despachos en lugar de citarse en el hall o la cafetería de hoteles. 
Esta curiosidad por asistir al evento literario me ofreció la posibilidad de poder escuchar a Luisa Etxenike, escritora donostiarra que hasta hace poco ha sido presidenta de la AEE/EIE (Asociación de Escritores Vascos), que me dejó anonadada con su capacidad de oratoria, aunque no menos sorprendida me dejó Ana María Moix, cuando comenzó a desplegar su acerbo cultural que se vio sorprendida por las réplicas bien fundamentadas que le hizo Luisa Etxenike.

      ¿Dónde está la anécdota? Se estarán preguntando... En algo tan curioso como simple, pero les haré esperar porque les continúo contando cómo transcurrió el evento.

      Durante la conversación que mantuvimos al finalizar el coloquio, cuando le pregunté a Ana María Moix por Bruguera y me dijo que ya no era su directora, le comenté que me había embarcado en el proyecto de crear mi propia editorial. A ella la habían 'retirado' de su puesto como editora al eliminar su sello, el mismo que había sido recobrado poco tiempo atrás desde el recuerdo y la desmemoria cultural de este país. Estábamos viviendo en pleno año 2008 y el Grupo Zeta ya no podía con la crisis, causa y motivo de volver a desaparecer el emblemático sello catalán que me brindó grandes lecturas en mi infancia y primera adolescencia. (Fíjense en la fecha que estamos y verán que la cosa sigue igual o peor). 

      Mi sorpresa no debió serlo, pues los cambios del paradigma cultural que darían paso al libro digital ya eran mucho más que un simple amago. Era obvio que antes o después iba a pasar aunque también es cierto que eran los comienzos del cambio. Fue cuando Ana Mª Moix me dijo que era ‘muy valiente’ por ponerme a crear una editorial cuando otras empezaban ya a cerrar y más siendo mujer.  Me deseó mucha suerte y por ello es que estoy contándoles todo esto. Por el imperioso deseo de agradecérselo por escrito como se lo agradecí en persona en aquel momento. El hecho de no haber abandonado mi proyecto sino de ir consolidándolo poco a poco, se lo debo a sus buenos deseos. Porque sé que no me lo dijo con ironía, sino con sinceridad, algo que se aprecia en las personas auténticas. Y ella me lo pareció. “Gracias, Ana María Moix. Si yo soy valiente, tú nunca lo fuiste menos”.

      Tanto si es así, como si no lo fuera, hoy estoy contándoles que esta escritora que soy yo metida a editora, por vocación y necesidades que cubrir en mi red social Hispanoamericana HISPANORAMA, sigue sin tener miedo de nada. Mucho menos de la crisis ni del fin del mundo que se avecina según el calendario Maya.

      No tiene gracia la historia, si ya lo sé. No es la anécdota al uso que logra esbozar una sonrisa, pero me sirve para compartirles mis experiencias. No sé si llegaré a escribir algún día mis memorias como editora.  Si así fuera, significará que la suerte me siguió acompañando. Tanto si el libro se queda en digital como si convive con el físico o aparecen nuevos sistemas de lectura inimaginables por ahora, supondrá haberlo logrado.

      Mi única pretensión es contarles esto para que sepan que la larga crisis que afecta a las editoriales -acrecentada por la económica-, no es solo necesaria para ir acorde con los tiempos, sino para que los verdaderos escritores sigan escribiendo y no tenga que seguir animando a quienes sirven y desanimando a quienes no sirven. Tarea ingrata la segunda, por cierto. Pues siendo editora me enfrento a mis demonios como escritora. En ocasiones, me hacen sentirme una especie de ‘Doctor Jekyll y Mr. Hyde’ en mujer, por mis sentimientos encontrados y disociados en al área de la edición y la literatura a la hora de decidir qué debe prevalecer por bien de la Literatura.

      Recapitulando: Los cambios causados por la crisis editorial será una criba excelente con la cual se irá comprobando quien escribe por vocación y quien por comerciar con obras convertidas en best-seller por obra y gracia de acuerdos entre grandes editoriales, que sí saben cómo remontar la crisis. 

      No arremeto contra ningún escritor porque sería arremeter contra mí misma, que también lo soy. Mucho menos contra mis colegas editores porque vivo la misma situación. Pero sean sinceros, colegas y lectores, personas del ámbito editorial y del gremio, ¿no es peor la crisis por exceso de escritores y libros de baja calidad que por el mero hecho del paso del libro de papel al libro digital? 

      En mi humilde opinión, estamos en la necesidad de vivir esta crisis -tanto escritores como editores- para comenzar a hacer esa 'criba' que para nada será discriminatoria, sino más bien, justicia literaria. Si nada es real, si ni la misma democracia lo es, si todo está corrompido en nuestra sociedad, ¿acaso todavía existe alguien que no cree que también suceda lo mismo tras la gestión de algunos sectores literarios? Ustedes piensen libremente, como debe ser, que yo llevo estos años, desde mi primer encuentro con ambas escritoras, recordando lo que habría de venirse y sintiéndome bamboleada sobre las aguas turbulentas de este proceloso mar de ambiciones e intereses creados sobre el cual navego contra viento y marea.

      Pero no debe extrañarnos. España cañí sigue siendo la misma España del Siglo de Oro de la Literatura, cuando la picaresca formaba parte de la vida diaria, aunque fuera para calmar el hambre.  La diferencia con la de España de hoy, sin duda, es que la picaresca no es por tanto por hambre, sino por pura y absoluta ambición de poder.  De la otra picaresca, la de los Premios Literarios, no voy a hablar en esta ocasión aunque formen parte de la misma. También yo los convoco y nadie tira piedras a su tejado, pero se merecería un análisis muy personal desde mi punto de mirada crítico, siempre procurando que sea lo más constructivo posible. 

      Del mismo modo que sucede con los numerosos ‘Premios’ que surgen sin recato para acabar desapareciendo cuando las ventas no aumentan el capital de una editorial de forma pingüe, también se dan intereses disímiles entre escritores; y tanto de lo mismo sucede entre los muchos editores que van surgiendo con los cambios, nuevas formas y métodos de edición y publicación. 

      Si me han seguido hasta este final comprenderán que me sienta con fuerzas para aguantar dos y tres años más, mientras sigo esperando que en el entreacto, el paradigmático panorama se haya estabilizado. 

      ¿La anécdota? No es tan buena, pero me ha servido para hacerles leerme. Fue que la grabadora estuvo como grabando –con la luz encendida-, pero no grabó nada del magnífico coloquio entre ambas escritoras y la moderadora periodista que las acompañaba. Era mi segunda mini grabadora por sistema de cinta y me había ocurrido en otras ocasiones. Esa tarde decidí que me compraría una grabadora digital. ¿Lo ven? Aparece el término ‘digital’ por doquier. Y es que el paradigma y sus cambios, no solo arremete contra el mundo del libro.

      La suerte existe y se da. Nunca olvidaré el gesto de Ana Mª Moix para conmigo y el rictus desolador cuando me habló de cómo llegó a su fin en el sello editorial Bruguera. Pero muchos factores se quedan sin comentar y es importante que sean abordados para entender el pasado de la edición y el presente, que por cierto, es ya el futuro.

*Escritora y directora editoral de Iberoamericana de Ediciones "ALICIA ROSELL® Editorial" a través de HISPANORAMA (Group Hispanorama Audiovisuals, S.L. www.hispanorama.net)

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Hispanorama

Ídolos de barro y ego inflado

Por Alicia Rosell*

Mi reflexión para todo el fin de semana y todos los días de nuestra vida va hoy dirigida a ciertos personajes que se consideran luchadores por la democracia real y el pueblo cuando en realidad, son tanto o más déspotas y prepotentes que la clase política corrupta. Están vacíos de esos valores que pregonan. Esos personajillos de tres al cuarto pueden ocupar cargos incluso en la Justicia. Se creen jueces de todos, incluso de la palabra de la gente que los nombra aunque no se les insulte. Pretenden ponernos el celofán en la boca y amenazar con meternos demandas sin otro motivo relevante que el sentirse frustrados como hombres. Tienen el ego tan inflado que se creen,dioses.

      Además, son tan osados que pueden llegar a creerse muy chistosos. No usan la ironía por ser inteligentes ni para hacer gracia, sino para mofarse de su prójimo, directa o indirectamente. Porque son redomadamente insulsos, ignorantes, petulantes y sobre todo, usan y manipulan a cuantas personas les rodean para medrar y luego hundirte si pueden, a la primera ocasión que se les contradiga.

      Existen personajes así a nuestro alrededor en mayor número de lo que presuponemos. Lo menos gracioso de todo es que son personas sin ética ni principios, con dos caras y que usan varias chaquetas que alternan como si cambiaran de piel. Pero es lógico, tienen la lengua viperina de la serpiente y la sacan con idéntica impulsividad que el reptil al que imitan. No, no crean que es ósmosis...

      Capaces de ganarse a las gentes del pueblo por unas pocas obras buenas en su vida (con estipendio de por medio porque no trabajan por altruismo), se creen héroes cuando solo son ídolos de barro que acaban haciendo el ridículo ante todos. Su altanería es tan peculiar que no perdonan a un amigo ni a quienes los aprecian o aman. Pueden llegar a despreciar a sus seres más amados e incluso traicionarlos. Llevan siempre un arma de doble filo escondida y la usan en nombre de la ley -si hace falta- contra quien les resulta incómodo o molesto por el solo hecho de llevarles la contraria o no dejarse manipular.

      A estos personajes les digo a la cara que son escoria, que ojalá se den cuenta sus acólitos de los varios bandos, entre los que se mueven como correveidiles o comadres, como infiltrados, espiando para luego amenazar y minar la moral de quienes no tienen el poder que ellos tienen, o creen tener. Pero no los infravaloren y cúbranse bien la espalda, pues cuando se enfrentan con quien les planta cara, se vuelven aún más peligrosos. No se fíen mucho de quien les alaba siempre, porque por detrás les estarán vendiendo al mejor postor.

      A estos 'ídolos de barro y de egos inflados', esos que se hacen pasar por mansos corderitos y piden que los demás callen, yo les digo que son bazofia, porquería que acabará en el basurero como la lacra social que son. Me da igual el ejercicio de la profesión que ostentan, aunque de esto es de lo que más se valen porque se sienten poderosos. Y porque la inteligencia no se demuestra habiendo sacando un 'cum laude' en la carrera, sino por la forma de tratar a sus semejantes, por carecer del mínimo sentido de la ética y para no caer en demagogias baratas ni en juegos irrisorios cuando sus deseos de venganza son confundidos con justicia real. Mientras ellos se sienten en poder de la única verdad, los demás solo los vemos como niños rabiosos con una fuerte pataleta. Así de penosos son.

      A todos ellos, les mando un aplauso: Pero no de aceptación sino de atención para que guarden su retaguardia. Porque somos más los inteligentes que sin ostentar poder alguno, somos capaces de observar y usar la astucia para descubrirlos y denunciarlos. La hipocresía se huele, tiene color y no es precisamente bonita. Cuidado, ciudadano... Tenemos infiltrados a 'infiltrados' que acusan a otros ciudadanos de serlo para hacer todo el daño posible...

      Y así nos va en el mundo. Nadie conoce a nadie y unos traicionan a otros. Y todos a todos... La hipocresía elevada al cuadrado es el arma del estúpido (enfermo de estupidez, que no insulto) que se cree inteligente porque tiene poder para aplastar a su prójimo.

      Va siendo hora de que acabemos con tanto farsante. Si hace falta una revolución que nos haga involucionar en la Historia, lo haremos. Mientras tanto: Trituremos la basura antes de que huela más. O acabaremos oliendo todos a huevos podridos.

*Escritora y directora editoral de Iberoamericana de Ediciones "ALICIA ROSELL® Editorial" a través de HISPANORAMA (Group Hispanorama Audiovisuals, S.L. www.hispanorama.net)