miércoles, 3 de enero de 2018

Por el ojo de la cerradura

¡Gustavo Petro, el triunfo de la esperanza!

Por Tito Mejía Sarmiento 

Con la llegada de este nuevo año 2018, manifiesto públicamente que  votaré en las elecciones presidenciales por Gustavo Francisco Petro Urrego, (Oriundo de Ciénaga de Oro, Córdoba, 19 de abril de 1960).

Pienso sin temor a equivocarme que, este destacado político y economista colombiano, egresado de la Universidad Externado de Colombia, es el mejor candidato para este momento coyuntural por el que está vadeando  el país ya que los otros son “cucarachas del mismo calabazo” como decimos popularmente en la Costa Caribe.

Los enemigos de la ultraderecha con su maquinaria política lo han querido derrumbar inventándole cuanta porquería se les ha ocurrido en sus cabezas mefistofélicas, pero no han salido victoriosos porque Petro siempre  ha demostrado  su inocencia, pulcritud  y seriedad por encima de cualquiera trapisonda…

Quiero decirles amables lectores, que nunca  he cruzado palabras por teléfono  con Petro, ni lo conozco personalmente, pero  he seguido de cerca  su  trayectoria política desde hace más de dos décadas. Su calidad humana no tiene discusión y su inteligencia es reconocida no sólo en Colombia sino en el exterior por propios y extraños.

Tengo conocimiento que desde temprana edad vivió en  Zipaquirá, donde ocupó diversos cargos públicos.  En su juventud fue parte de la guerrilla del M-19.  Además, entre 1990 y 1991, fue asesor de la Gobernación de Cundinamarca. Junto a otros desmovilizados del proceso de paz, Petro fue cofundador del partido político Alianza Democrática M-19,  movimiento que participó en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 y, en consecuencia, influyó en la redacción de la Carta Magna. Con el apoyo del M19, llegó también a la Cámara de Representantes en 1991, por Cundinamarca. En 1994, aspiró a ser reelegido en la Cámara pero no alcanza suficientes votos. 

Posteriormente, Petro fue amenazado de muerte y decidió abandonar el país; es nombrado agregado diplomático  en Bruselas por el gobierno de Ernesto Samper, viajó a Bélgica junto a su familia; del mismo modo, otros ex-combatientes del M-19 fueron nombrados en embajadas europeas; Petro renunció a este cargo en 1996. 
Petro fue   elegido en las elecciones legislativas en el país, entre ellas la de Senador de la República por el Polo Democrático Alternativo, cargo al que accedió en las elecciones del 2006, con la segunda mayor votación del país. En el año 2009, tuvo que renunciar  de su cargo para aspirar a la Presidencia de Colombia, en las elecciones del 2010, en representación de la misma colectividad. 
Tras inconvenientes y diferencias ideológicas con los líderes del Polo Democrático Alternativo, abdicó a la colectividad y fundó entonces el movimiento Progresistas, para competir  por la alcaldía de Bogotá. El 30 de octubre de 2011, fue elegido Alcalde Mayor de Bogotá en las elecciones locales de la ciudad,  cargo que asumió el 1 de enero de 2012.

Les recuerdo que gracias a Petro, muchos políticos corruptos, paramilitares, llámense senadores, representantes a la cámara, gobernadores, diputados, alcaldes, concejales están en la cárcel ya que  tuvo el valor civil de cantarle la verdad con pruebas fehacientes  en sus propias caras sin en el más mínimo asombro de miedo. Petro denunció la presunta infiltración paramilitar en la Fiscalía General de la Nación durante la gestión de Luis Camilo  Osorio. 
Invito, pues, a mis queridos lectores que voten por Petro y no  por aquellos que  con un cinismo ciclópeo (porque después de pertenecer a los partidos políticos que han mancillado durante largos años a los habitantes de la nación, verbo y gracia, liberalismo, conservatismo, Centro Democrático, Cambio Radical, Partido de La U., recolectaron “las firmas necesarias para respaldar sus aspiraciones presidenciales”. Es decir, otra trampa mortal para nosotros. Bien lo dijo el columnista Felipe Morales Mogollón que “la proliferación de esas candidaturas deja en evidencia que no necesariamente se trata de una alternativa democrática, sino, por el contrario, una forma de pasarse por la faja la normatividad, la ley…”

La gran mayoría de los colombianos conoce hasta la saciedad que los partidos tradicionales están sobreviviendo desde varios años gracias a la burocracia, corrupción, al manejo de las famosas mermeladas, pero ya dejan mucho que desear como partidos desde el aspecto ideológico y organizativo. Entonces, llegó el momento de votar masivamente  por Gustavo Petro Urrego, el triunfo de la esperanza.

Tito Mejía Sarmiento - Filólogo, poeta y locutor

viernes, 8 de diciembre de 2017

Bitácora

Violación

Por Pedro Conrado Cúdriz

Hablemos del miedo y de la verga, del patricio que la cultiva desde niño para convertirla en un arma de muerte. Y no del pene, que remite a decencia, a vocabulario de infancia pudorosa, casta, niño débil.

La vagina de la niña, por el contrario, como la vasija de porcelana de casa, se cuida en extremo para que no estalle en ninguna parte, y debe prolongarse el cuidado en el tiempo para la época de la siembra.

Muy diferente a los genitales masculinos, que deben experimentar desde la imaginación infantil la fina puntería para los tiempos de la caza.

“Los niños, escribe, Charle E Blow, en The New York, y reproducido su artículo en El Espectador, serán niños y las niñas serán víctimas.”

En esto consiste la formación y la educación sentimental machista, en producir en serie victimarios sexuales (bestias) y víctimas, modelos desafectos, sociópatas afectivos, seres irresponsables y sin empatía, cazadores de fragmentos corporales (vaginas), depredadores sociales y asesinos.

La polla se luce en las fiestas, en la playa, en el número de mujeres e hijos que se tienen, o en las contertulias de vecinos donde se cuentan por cruces las desvirgadas, como en el otrora oeste norteamericano cuando los pistoleros contaban sus muertos.

La culpa es de la vulva, dicen algunos, que es descerebrada, exhibicionista, pantaloncitos cortos, atrevidos, falda corta, sonriente y provocativa. O como decían los abuelos: “El toro anda suelto.”

A las niñas entonces hay que protegerlas, no dejarlas salir solas, con trajes que le oculten el pudor, cuidarlas de cualquier clase de aventura en la calle.

En el caso colombiano, las violaciones no son el producto solo de organizaciones armadas. Detrás de estas fortalezas de machos está oculta, casi invisible, el falo o su poder destructor de almas, que ilumina como una vela, el fetiche sexual de la cuca, la adoración de la religión machista. Falta un altar para celebrar las desvirgadas, un culto sagrado con sacerdotes y acólitos; vale decir, una religión como las otras. En esa especie de religión sexual han sido nombrados hoy el guerrillero Raúl Reyes, el paramilitar Hernán Giraldo y el militar Raúl Muñoz.

Y no es la vagina con su forma y estética corporal la que atrae al depredador, es otra cosa que está en la esencia del criminal, en el pedófilo, en el abusador: el instinto sexual primitivo, aconductuado culturalmente para ver al otro o la otra como objeto de caza.
Blow afirma que somos “unos imbéciles a la hora de leer las sutilezas de la atracción o la aversión.” En la sonrisa de una mujer entonces, nos imaginamos lo que no es y en el rechazo, las pulsaciones están en un corazón egolátrico y resentido que no cree merecerse una negación de su sexo opuesto.

Toda una fina sensibilidad machista, mejor, una “enfermedad social” que toma el nombre de retaliación o vendetta sexual por el rechazo.

 El culto a la hombría es el culto al pito, pero también la adoración de la vulva. Es imposible comprender este fenómeno sociológico si no se entiende la función de la cuca en la vida del macho. Y ella, la vagina, es la excusa para dominar a la mujer. Entonces el sexo se convierte en el instrumento para el sometimiento, igual las instituciones del matrimonio y la familia, la escuela, la política y el ejército.

Con razón las mujeres ganan menos que los hombres, aunque hagan lo mismo en el trabajo; con razón su educación es podridamente sentimental; con razón a los hombres no los violan las mujeres; con razón las mujeres no caminan solas por el mundo; con razón, la sinrazón del sexo patriarcal es diferente de la razón del corazón de la mujer.

Para terminar esta “arenga” creo que la culpa no es de la vagina, es de la educación sentimental machista que se reproduce en una serie de hombres que invade, viola, abusa y a toda hora gusta escavar en el cuerpo de una mujer.

martes, 5 de diciembre de 2017

Por el ojo de la carradura

429, otra vez el aguinaldo de Nelson Mejía Sarmiento

Por Tito Mejía Sarmiento

Expresarlo  todo, detallarlo  todo, es  a veces uno de los propósitos del amor  que se tiene por un hermano, y sobre todo cuando se trata del caso de un ser extremadamente bueno con el prójimo como  Nelson Ricardo Mejía Sarmiento, quien en vida lo dio todo de sí e incluso lo sigue dando a pesar de estar muerto.

Cabe enfatizar entonces, que el médico Nelson sigue favoreciendo, curando enfermedades en su natal Santo Tomás, Atlántico a través de jaculatorias que le hacen sus incontables seguidores ya sea desde sus propias casas o en visitas a su sarcófago y, lo más insólito, a través de juegos de azar, llámense chances o loterías, como ocurrió el pasado viernes primero de diciembre de 2017, cuando el premio mayor del sorteo de la lotería de Medellín fue 7429, fecha que se relaciona con el cruel  asesinato  de Nelson, ocurrido, el 29 de abril de 2004, cuando fungía como alcalde de Santo Tomás, Atlántico, siendo presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, frente a las instalaciones del DAS en Barranquilla.(El homicidio sigue en la más completa  impunidad para desespero de su familia).

Según informaciones provenidas de Santo Tomás, propios y extraños  resultaron ganadores con altas sumas de dinero al apostar el número mencionado, una especie de aguinaldo que desde hace 13 años ya se ha constituido en una inveterada costumbre para ellos, en el comienzo y cierre de cada diciembre.

Entonces, el ímpetu de lo que se vive con Nelson en estas circunstancias, genera en mí una  dupla que alerta, un retrato de palabras, (de palabras- retrato) en el que la realidad se ovaciona y se salva, se indaga y se extraña con una sincretización numerológica que solo se veía en la Mitología Romana. Es decir, esa vida y esa muerte que pueden ser  recitadas, redobladas, con un tono profundamente confesional, más  fraterno, más concluyente y más rompible a la vez  que la vida real misma, sin perder por ello, el tono lírico que atrapa en el aire las palabras que velozmente parecen pasar con los años en todos sus matices y universos que conforman  un momento vivido, o porque no una sucesión de momentos vividos, es decir, la suma de la propia vida que merece ser vivida y sustentadas en imágenes formuladas o en himnos órficos como en su momento lo hiciera Orfeo.

Para conocimiento de las nuevas generaciones, es importante destacar que en medio de una Colombia angustiada y salpicada por la crisis social y la violencia, el médico cirujano Nelson Mejía Sarmiento, graduado en la Universidad Estatal de Cuenca (Ecuador), llegó a ser elegido dos veces alcalde popular de Santo Tomás para los períodos constitucionales de 1995 a 1997 y de 2004 a 2007 (obteniendo las más altas votaciones en la historia del pueblo tomasino y realizando una magnífica labor en su primera administración: ¡Ahí están las obras, ante los ojos de todos! 

Y cabe también recordar que minutos después del homicidio, muchos habitantes de la población, como si fueran unos volcanes en iracunda erupción empezaron a quemar el Palacio Municipal, las casas de los contradictores políticos… Entonces, el gobernador del Atlántico, Carlos Rodado Noriega ordenó militarizar todo el pueblo por varios días y decretó convocar a nuevas elecciones, el domingo 27 de junio de 2004. Pero el pueblo que es soberano y constituyente primario no se convirtió en el payaso de la realidad y supo interpretar la historia, eligiendo a Nelson nuevamente por tercera ocasión aun estando muerto, en la persona de su esposa Onésima Beyeh Cure. 

Todavía se siguen escribiendo muchas páginas acerca del médico Nelson Ricardo Mejía Sarmiento, algunas clamando verdad y justicia por su asesinato; otras reconociendo al gran líder carismático que, según opinión de muchos, sentó un precedente sobre la forma de hacer política en Santo Tomás, guiada bajo los principios de honradez y honestidad, teniendo como fin último el bienestar del pueblo.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Por el ojo de la cerradura

Confesión de vida triste
Aprovechando la  lucidez momentánea de la loca Betulia

Por Tito Mejía Sarmiento

Betulia me dice que tiene 40 años de edad y yo le creo en esta ocasión, porque me está hablando con el amable toque de la cordura y no con  el desparpajo de la insania que porta casi todos los días, en una esquina del paseo Bolívar con la carrera 43, en la caribeña ciudad de Barranquilla, donde suele frecuentar el resto de su tiempo, si es que a eso se le puede llamar así. 

Betulia o simplemente Betu, como se le conoce por esos lares, es una mujer demasiado hermosa: ojos inmensamente marinos, piel canela que guarda el sol  para la lluvia del mañana, cuerpo apropiado, como diría un poeta para eternizar el amor. Su  abultado cabello negro aparentemente bien cuidado llega  a hacerle juego con el largo vestido rojo que luce hace más de un mes y que según ella, solamente  piensa cambiárselo por otro de color verde oliva, la próxima semana. 

Le digo que me hable de su pasado y, llevándose levemente su mano derecha a la boca, me manifiesta con enorme voluntad que fue abusada sexualmente por su propio padrastro, un Viernes Santo a las 12 del mediodía, cuando ella tenía 10 años en su natal Fundación, en el departamento del Magdalena. 

Unas lágrimas ruedan por sus mejillas, aprieta sus labios, mira para todos los lados, balbucea por momentos cuando continúa diciendo que “un  salvaje se aprovechó de mí cuando estaba sola en la casa porque mi mamá había salido para Aracataca a dar un pésame por la muerte de un familiar. Fue algo horrible y decidí irme para siempre de mi casa, sin avisarle a nadie, como  aquella ave que un día  emprendió su vuelo para nunca más volver a su nido, movida por el temor de ser víctima de otras aves rapaces con los consabidos acosos y abusos  sexuales”. 

Noto que  su mirada carga soledades y el ceño de su rostro de proverbial belleza se frunce, cuando un transeúnte intenta galantearla lanzándole un beso al aire, y que ella esquiva en el acto con el temor infundado de la misma mujer que entró en un cuadro de depresión hace más de tres décadas, mientras la luna llena  de Barranquilla, esa luna chiquitín,  chiquitica, morenín, morenita como dice el inolvidable verso de Esther Forero, parece  conocerle todos sus secretos y le  debilita por instantes todos sus devaneos  a las 8 en punto de la noche de aquel sábado  21 de octubre de 2017. 

En un descuido de la conversación, Betulia, cuyos apellidos no recuerda con exactitud, se agacha para extraer de una caneca de la basura, una lata abierta de sardinas, (luego me daría cuenta que tenía fecha de vencimiento caducada), para comerse lo que resta de ella. 

Le digo que quiero ayudarla, recuperar parte de su pasado, y le prometo llevarla a un centro psiquiátrico, pero me suelta una risotada con estentóreos  gritos que albergan el silencio de la noche que avanza desesperadamente hacia las perennes sombras: “¿Para qué me quiere llevar a esa cosa? ¿Usted me cree  loca, señor?”,  riposta con vehemencia.

Dejo pasar unos diez minutos, mientras  se pasea en derredor de sí misma,  obnubilada,  como si sus pies descalzos no encontraran  ningún pavimento de apoyo e intenta  hablarme más fuerte para acariciar quizás  en una especie de fantasía despierta, chispazos pretéritos.

Luego, me dice repetidas veces en unos fugaces segundos de lucidez, que me espera mañana a la misma hora, en el mismo lugar de siempre.

Así lo hice, pero Betulia no acudió a la cita. Comencé desesperado a indagar por ella, pero nadie daba razón. Hoy, 11 días después, pregunto por Betulia, la muchacha que se maquilla por las noches, que dice soñar despierta, que vaga  sin rumbo fijo con un trastorno mental no progresivo, y que en su  constante trasegar por la  vida lleva imbricada en su alma  la figura horripilante de su padrastro. 

Desde entonces, acudo todas las noches a la esquina del Paseo Bolívar con la carrera 43 de Barranquilla, con la esperanza de verla nuevamente para intentar rehabilitarla con la ayuda de especialistas particulares y para que no siga siendo una mujer  más, como dice el colega Miguel Ángel Rojas Arias, abandonada, ignorada, vilipendiada por la sociedad estatal como si  fuera una especie silvestre, que no necesita más apoyo que el sol y la lluvia.

domingo, 22 de octubre de 2017

Cuánto he sufrido por mis vuelos

CUANTO HE SUFRIDO… POR MIS VUELOS 

Por Delia Rosa Bolaño Ipuana

 viajar por aerolíneas es muy rápido y fácil pero donde se tiene que sufrir la mayoría de las veces, en varias ocasiones lo he vivido, llegar unos minutos después, sufrimiento que me ha costado hasta 4 millones de pesos, este último fue la perdida de mi vuelo a México, esto me sacudió totalmente hasta el punto de escribir sobre ello, perder un vuelo internacional catastrófico, había perdido vuelos nacionales que me daban duro, pero este me dio muy, pero muy duro, uff … analizando también he notado que las aerolíneas son injustas y poco equitativas con sus clientes y me pregunto ¿por qué debo pagar una  multa por el valor de tres veces lo que me costó mi pasaje? Realmente queda uno sin salida cuando te dicen: usted perdió su vuelo y su multa es de tanto, no sabe uno si gritar, llorar, patalear o desaparecer, pero total la ley de ellos es justa con ellos mismos y nada que hacer, solo te toca buscar donde no tienes y comprar otro vuelo si debes llegar a tu destino.

Pero la otra parte que he notado es que las aerolíneas es hacen con nosotros los que le da su gana, Qué injusto ¿verdad? Si, hacen lo que les da la gana y nosotros nos hemos dejado, pues dice un dicho que quien tiene el palo da con el ¿pero quién les pone freno a ellos? cuando nos cometen faltas y gravísimas, cuando nos anuncian: señores pasajeros de… les informamos que su vuelo se ha retrasado, le agradecemos esperar unos minutos, minutos que se pueden volver horas y nosotros sonrientes esperamos, no me parece justo esto, debería haber justicia y que si ellos tienen fallas deberían pagarnos multas a los pasajeros, pero no, ellos se auto perdonan ¿y a nosotros quien  nos perdona?  Por lo menos deberían devolver nuestro dinero o solucionar a sus clientes las circunstancias que obligó llegar tarde.

Invito a nuestros representantes  de la cámara y a los senadores que se tomen medidas contra esta injusticia económica y psicológica a la que somos sometidos los pasajeros de aerolíneas, sí, ya está bueno, no se imaginan ustedes la inconformidad de tener que pagar muchísimo para cumplir con un objetivo de llegar a un lugar y no hacemos nada contra esto, por lo menos yo estoy haciendo un poco escribiendo sobre eso que hemos sentido muchos y poder inquietar a manifestar, no en un aeropuerto o en nuestras cuatro paredes donde  no se nos pueda escuchar, los invito a que este mensaje sobre esta triste situación que se sufren en aeropuertos del mundo tenga por fin una medidas de control, claro que nos disciplina, pero  que esa disciplina sea justa no injusta, el dinero que perdemos más nuestra urgente necesidad de llegar es como cuando tú preparas la comida y por no haber estado cuando repartieron te dejan sin comida, no es justo, que te la guarden, la  disciplina seria comer solo y la comida fría…lo importante es la justicia social para todos.

Bitácora

La señal de la cruz

Por Pedro Conrado Cúdriz

Uno sale de casa con la intención inconsciente de regresar a ella impoluto, salvado del propio dolor y el dolor ajeno, aquel que pueda causar la muerte. Algunos hacen la señal de la cruz y otros, entre los que me cuento yo, salimos al mundo impertérritos, sin furia, y caminamos entre la gente sin afán, saludamos a los vecinos y esperamos en la esquina el autobús que nos lleve a alguna parte. Ese es el acto más repetido de todos, hombres y mujeres, jóvenes y niños y de tanto hacerlo, nos asombramos cuando caemos indefensos en cualquier clase de accidente, catastrófico o no. “¡Carajo! No me pasó nada, piensa uno, me salvé.” Lo terrible es cuando alguien que vimos muy temprano y al que apreciamos infinitamente, muere en un accidente de carretera. 

La vida o la muerte, no sé, nos fractura la conciencia y entonces el dolor es como un tiro de escopeta a quemarropa, en todo el universo del cerebro y el corazón. Un sufrimiento de animal vivo y agonizante nos embarga, garra de hierro penetrando la carne del espíritu. No sabemos qué hacer y presos del sufrimiento espiritual, la mente se paraliza. Y algunos echan mano de la resignación y otros de la comprensión de las circunstancias que han dado lugar al suceso, a la imprevista muerte del amigo. Hasta aquí, la vida de uno sigue el curso de un río tranquilo, alterado a veces por las preguntas vitales del vivir, aquellas que nos estremecen sin reparos: ¿Por qué hasta ahora no me ha pasado nada? Pregunta tonta, por supuesto, pero también esencialmente humana. Porque todos, desde el nacimiento hasta la muerte, le tememos a las pérdidas, a irnos o que alguien nos abandone. Y de todas estas ausencias, la más dramática es la muerte. Porque después de todo, no hay nada qué hacer contra ella, contra el dolor punzante que causa, contra la infinita soledad que nos embarga, contra la totalidad de la vida y la muerte, contra el absoluto. Contra ese malestar universal, que ahora es mío, tan profundo, que lo he particularizado, fragmentado, así como la misma muerte ha fracturado mi mente, mi conciencia. Y somos tan frágiles, que un desnivel y una caída terrestre, nos pueden partir la vida, la cara, un brazo, y entonces, somos tan mortales como una hormiga, sí, como una hormiga. No importa el éxito ni la fama, ni el prestigio, nada. La muerte es incapaz de compadecerse, nos vigila y entonces, ¡zas!, nos atrapa. La vida es así, la muerte también es así, sociópata. 

martes, 3 de octubre de 2017

Por el ojo de la cerradura

Cuando un amigo profesor se va

Por Tito Mejía Sarmiento

“Murió el profesor  Etiel Morales Fontalvo”, le oí decir con  voz quebrada por el inmenso dolor, a través de la línea telefónica, la noche del 30 de septiembre de 2017, al escritor amigo, Pedro Conrado Cúdriz. Quedé mudo por varios minutos y respiré profundo para continuar la conversación. Horas después, no podía dormir pensando en el gran maestro de los años 70, en el Colegio Nacional Oriental de Santo Tomás, hoy simplemente Oriental.

Lo veía con su reír de niño travieso esparciéndonos con excepcional facilidad sus enormes conocimientos  de las implicaciones tautológicas, sus números volando en el tablero, consejos comportamentales, anécdotas graciosas, palabras cuánticas midiendo injusticias, el flanco ordenado, la vida que pensábamos como formadores de generaciones futuras; todo eso apoyado, en un clima de familiaridad, de incumbencia, de libertad responsable, de amistad y de compromiso con todos los valores propuestos por nuestra amada institución orientalista. 

¿A qué estudiante del Oriental, por ejemplo, se le va olvidar cuando el profesor Etiel lo pasaba al tablero y con voz barítona le decía: Dale tigre, resuelve por favor, el teorema de Pitágoras que  describe una relación especial entre los lados de un triángulo rectángulo? O hállame la respuesta del problema clásico del tabernero  matemático inglés Henry Ernest Dudeney que compra seis barriles con capacidades de 15, 16, 18, 19, 20 y 31 litros respectivamente, mientras pregunta  cuál es la capacidad del último barril.


En esa geometría de las ironías del profesor Etiel y el aprendizaje del alumno flotaban las horas de lunes a viernes, en una jornada única e imborrable para todos nosotros. 
Se suele decir que el licenciado Etiel Morales Fontalvo, como todo buen matemático, aunque esto probablemente suene exagerado, predijo la fecha de su muerte observando que cada día dormía quince minutos más que la noche anterior y calculó a lo mejor que fallecería aquel día que durmiera veinticuatro horas, y eso sucedió exactamente cuando un micro sueño lo traicionó, mientras conducía su camioneta en la carretera oriental en el tramo comprendido entre Malambo y Sabanagrande.

Hoy sentimos un puñal que surca los espirales de nuestros corazones y llevamos el peso de un hombre adjunto a nuestra admiración que,  pareciera que viviese en un sueño largo y profundo, un hombre que nació del vientre de una humilde mujer, doña Clara Fontalvo, mujer que lo formó decidido y vigoroso como al resto de sus hijos  y que ahora  se nos difumina en medio de un mundo dividido, fragmentado por una ambición sin color, raza, religión, un mundo que se detiene en nuestras sábanas como el manso cachorrillo que se asoma a la odisea de la vida cuando la noche tiene ojos para todas las sombras y oídos para todas las melodías, no importa que el otoño queme las rosas.

Y hoy por casualidad estrenamos juntos ese otoño, donde la nostalgia está cosida a mano como ese delantal que guarda en su ropero mi madre, como dice un bello verso de la poeta hondureña Mayra Oyuela.
Mi solidaridad total para su esposa, hijos, hermanos y demás familiares.

Tito Mejía Sarmiento, poeta, profesor y locutor Colombiano
Santo Tomás, 2 de octubre de 2017

México, lindo y querido

México lindo y querido

Por Delia Rosa Bolaño Ipuana

México lindo y querido, estaá pasando por un momento lamentable para todos y ni se diga para mí, hace poco estuve en tus entrañas, me cobijo tu historia enmarcada en las pinturas de David Alfaro Siqueiros con sus obras importantes: víctimas de la Guerra, victimas del fascismos y tormento de Guauhtemoc, también las pinturas Roberto Montenegro: liberación de la Guerra y del inmortal Diego Rivera con su obra: el hombre controlador.

El resumen simplificado de su lenguaje en sus obras me describió todo lo que has pasado en todos los ámbitos sociales, pero también me explican tu grandeza y fortaleza

Historia que me traje desde la voz de la inteligente Alejandra quien fue nuestra guía en el palacio de bellas Artes de la Ciudad de México, quien además nos contó sobre la construcción del palacio en el gobierno de Porfirio Díaz en el año 1904, obra que hizo un Arquitecto Italiano Adamo Moari, quien dijo que el palacio sería construido en 4 años, pero tardo 30 años por las diferentes situaciones, la guerra y otra es que la ciudad de México se hunde, por eso se construyó en mármol, podemos observar que el palacio se encuentra inclinado de su lado izquierdo, se ha hundido 2 metros, pesa 60 mil toneladas, cada año se hunde un centímetro.

Pero aun así su belleza y la historia que guarda este palacio de Bellas Artes en la obras de sus inmortales artistas quienes nos revelan los personajes históricos de la política de México, es sin duda una buena historia interesante de leer, de recorrer y de revivir, cada batallas que dieron sus personajes, donde se valora el arte, ahora entiendo por qué nuestro nobel decidió habitar en México y además morir en él…

Toluca, tierra de valores, una ciudad donde 101 poetas, narradores, novelistas y escritores fuimos atendidos como se nos debería tener en cuenta nuestro país, realmente la gente cálida y amable de esta parte de México llenó mi esperanza, saber que tu trabajo puede ser valorado y reconocido donde menos te esperas me fortalece y me motiva a seguir dando lo mejor de mí, algún día la historia y la existencia me lo devolverá ahora o después, pero ese día llegará.

Pachuca, tierra del Conocimiento donde se valora el saber de cada persona, donde sus habitantes se preparan para servir a su país desde cualquier campo profesional, recorrer a Pachuca, Ciudad de México, Toluca, Cuernavaca, Cuautla me mostraron una parte importante de la gente de México, sus rasgos netamente indígenas pero su capacidad de mostrarle al mundo su gran desarrollo, también me invita a motivar a mis paisanos que podemos dar más, mostrar lo que somos cumpliendo con nuestra función de aportar nuestra capacidad a la comunidad de la que hacemos parte, no mendigando, sino estudiando, preparándonos, no hay como la riqueza intelectual de cada persona, el valor que podemos darle a lo que somos, a lo que tenemos y lo que podemos aportar, cuando entendamos esto, dejaremos de ser la raza sumisa y masoquista para empezar a crecer y aprovechar la riqueza que nos da la naturaleza y que nos quita el vivo aprovechando que la naturaleza no tiene nada que quitarnos porque no la hemos aprovechado.

Haber estado en México y compartir con 101 intelectuales de cada rincón del mundo, conocer un poco de ellos y por su puesto su deseo de conocer mi tierra me llena de motivos para que en el año 2018 Parte de ellos vengan a leernos y compartir con nosotros su riqueza AL VI ENCUENTRO INTERNACIONAL LITERATURA AL MAR 2018

sábado, 2 de septiembre de 2017

Por el ojo de la cerradura

El gran momento de la izquierda en Colombia

Por Tito Mejía Sarmiento

Ya comenzaron a lanzarse como patos al agua, varios precandidatos para las elecciones del 2018, a la presidencia de Colombia, prometiendo lo humano y lo divino, como si la gente “comiera ya de esas carretas”. Y algunos con un cinismo enorme porque después de pertenecer a los partidos políticos que han mancillado durante largos años a los habitantes de la nación, verbo y gracia, Liberalismo, Conservatismo, Centro Democrático, Cambio Radical, Partido de La U., ahora pretenden a toda prueba, recolectar las firmas necesarias para respaldar sus aspiraciones presidenciales. Es decir, otra trampa mortal para nosotros. Bien lo dijo el columnista Felipe Morales Mogollón que “la proliferación de esas candidaturas deja en evidencia que no necesariamente se trata de una alternativa democrática, sino, por el contrario, una forma de pasarse por la faja la normatividad, la ley…”, así que ojo al parche, amigos y amigas, como decimos en el Caribe Colombiano.

Tengo la plena convicción por la crisis de partidos en grado sumo que está atravesando el país con tanta corrupción gubernamental, violencia en las calles, hambre en los hogares…, que ha llegado el gran momento para que un candidato del ala izquierdista llegue al primer solio presidencial.

Los candidatos de la izquierda, solo deben tener táctica política (aunar esfuerzos, dejar las fragmentaciones a un costado) y sobre todo, mucho cuidado con sus vidas para que no corran con la misma suerte de muchos líderes: Gaitán Ayala, Galán Sarmiento, Pizarro LeonGómez, Gómez Hurtado, Pardo Leal, Jaramillo Ossa, Cepeda Vargas  que cayeron bajo las balas asesinas del fascismo, grupos paramilitares y de la propia derecha obstinada de esta nación.

La gran mayoría de los colombianos conoce hasta la saciedad que los partidos tradicionales están sobreviviendo desde varios años gracias a la burocracia, al manejo de las famosas  mermeladas, pero ya dejan mucho que desear como partidos desde el aspecto ideológico y organizativo. Y ni hablar de las primíparas organizaciones políticas que todavía les falta mucha melena para recogerse los  moños.

Repito, ojalá los candidatos de la izquierda colombiana limen unas  pequeñas  asperezas que se están presentando al interior de ciertos sectores en estos momentos, ya que  las posibilidades de triunfo son inmensas. De lo contrario, como decía el famoso locutor Marcos Pérez Caicedo: “A esta vaina se la llevará Pindanga”.  Por algo, Gustavo Petro, Claudia López, Jorge Enrique Robledo encabezan a un año de las elecciones, las encuestas serias y no amañadas de este país.

viernes, 25 de agosto de 2017

Bitácora

De cómo la guerra hiere mortalmente el amor

Por Pedro Conrado Cúdriz

“El profesor Roberto Armenteros estaba leyendo uno de sus libros de muchos días cuando su esposa llegó a avisarle que los hombres de la guerrilla habían sacado a rastras al hijo de Artemio Bogavante de su casa y estaban convocando al pueblo a la plaza para contemplar su asesinato.”

Recuerdo hoy, el inicio de “Cien años de soledad” y de otras novelas que abrieron un universo de plurirelaciones a lectores hambrientos de historias que los conmovieron subjetivamente para continuar sobreviviendo en un mundo de inconformidades reales.

El autor de “Ojalá la guerra…” nos posibilitó ingresar a su mundo para ponernos a reflexionar sobre una historia de amor y de guerra, que al final nos hirió de muerte el alma. ¿Cuántos amores murieron por la ausencia física de amantes muertos de amor o asfixiados por las olas bravas de una guerra sin cuartel en el país? ¿Cuántos amores huérfanos de padres, hijos o amantes? ¿Cuántos amores asesinados por los códigos de la guerra?

Iván Darío Fontalvo es un alivio, o la opción de un milagro en medio de un océano de mediocridades sulfuradas por la muerte del espíritu; una voz muy joven pero también rebelde, que afortunadamente ha terminado apostándole a la escritura y a los libros y no al consumo de cosas inútiles o a las banalidades del dinero y la vida fácil. Todos sabemos lo que le cuesta al escritor construir una novela hecha de la sangre, de la disciplina, de las lecturas y de la propia escritura sin descanso.

Esta es la razón por la que estamos concitados esta noche aquí  por la Alianza Colombo francesa, para celebrar el advenimiento de un novelista extraordinario, capaz de saltar en el tiempo y vivir acomodado en esa indefinible realidad llamada todavía futuro.

Quizá Riba, el personaje jubilado y editor de la novela de Enrique Vila-Matas: “Dublinesca,” pueda vivir tranquilo si asoma sus ojos por estos lares, después de haberse cansado de rebuscar “ese autor tan buscado, ese fantasma…, resistente a publicar libros con historias góticas de moda y demás zarandajadas…”

“Ojalá la guerra…” ha sido escrita con el lenguaje literario de la novela clásica, simple, sencillo, preclaro, sin la intención de complicarle la vida al lector con frases del barroquismo tradicional. Es una historia llana, prima hermana de los ojos lectores que aman novelas como “El abuelo que escribía cartas de amor” de Luís Sepúlveda, o “El viejo y el mar” de Ernest Hemingway, o “El coronel no tiene quien le escriba,” de García Márquez.

En muchas de sus páginas encontré surcos de ironías, que me arrancaban iniciativas de risas en las comisuras de mi boca y que luego se sentaban a reír a horcajadas de verdad en mi memoria literaria; igual es posible encontrar una caricatura de nuestra guerra de mil años, extravagante, deforme, corrupta y gigante como un elefante de la selva virgen de Colombia.

La ironía le quita la máscara a la seriedad de la guerra militar de cualquier bando (“… no permitirá la revolución acciones semejantes de indisciplina…” se lee en la novela, o “La guerrilla aprobó el velorio. Van a repartir tinto con galletas…”), la ironía dije, le quita la máscara de la seriedad a la guerra, porque la guerra o las revoluciones serias, que aspiran a matar opositores blandos o desvalidos, tienen la desgracia de ser igualmente revoluciones o gobiernos criminales.

Esta primera novela del escritor tomasino, asombra por la edad del autor y por el sustrato comparativo que uno pueda hacer con el resto de su generación, y también asombra lógicamente, por el conocimiento que él tiene  de la condición humana, que la revela en una historia de amor, que sobrevive bajo el terror de la guerra y la fascinación de la siembra de una planta de plátano, en la cual la pareja ha colocado la esperanza como una bandera blanca, izada en la mitad del patio, para que todo el mundo conozca que es una siembra de paz:   

“Ambos sonrieron sinceramente. Se lee en el texto escrito. El profesor Armenteros decidió de inmediato que ese día no habría libros para leer. Sólo habría una mujer tarareando una canción, una mañana de brillo grandioso y una flor en desarrollo.” Todo esto por la mata de plátano.

Y en medio de la angustia que implica la guerra y de las discusiones rutinarias del profesor Armenteros e Iveth, su esposa, está la biblioteca, la que siempre ha formado parte de las esperanzas del hombre, y que tanto ama el autor de “Ojalá la guerra…”; ella brilla en la novela con la luz de lo extraordinario, con la luz de la consulta, del alivio, del escape y con la luz del azar.

Y era la biblioteca la que establecía alguna diferencia con el resto de las casas del pueblo. “Pero, escribe el escritor, lo que de verdad la separaba de las del resto era la biblioteca: un cuarto independiente cuyas paredes estaban cubiertas desde el piso hasta el cielorraso de estantes atiborrados de libros de toda clase, de todo tamaño y de diversa calidad.”

Me abstengo de contarles detalles absolutos de la novela, porque quizás opten el olvido por creer que todo está en lo que les comparto. Sin embargo, es pertinente y obligatorio leerla si queremos disfrutar de un autor joven, uno de los mejores entre los escritores menores de cuarenta años, como dijo el autor de “Un hombre destinado a mentir”: Ramón Molinares Sarmiento.

En mi lectura, atisbé la mayoría de las crisis sociales que atraviesa la narración: La crisis de la historia, iluminada por la guerra y los anhelos de paz de la gente, la toma guerrillera y la retoma del ejército,  círculos viciosos de violencia política en aquel pueblo innombrable, que el autor abandona sin nombre a los lectores, la muerte de los vecinos, simbolizada en la ejecución del hijo de Artemio Bogavante y la otra ejecución, la colectiva, la de los 30 guerrilleros, la crisis religiosa, condensada en la falta de fe de la gente y en el suicidio del sacerdote, la infidelidad de la mujer del alcalde, sometida al escarnio público del sexo, y por último, la infidelidad de Iveth, cableada en aquella frase inaugural de ella: “Supongo – dijo controlándose- que también la guerra mata el amor.”  

Para escribir una novela es necesario mentir, convertirse en un mitómano para poder hacer creíble la mentira. Sin ella es imposible el cuento, o en este caso la novela. “En efecto, dice Vargas Llosa, las novelas mienten –no pueden hacer otra cosa- pero ésa es sólo una parte de la historia. La otra es que, mintiendo, expresan una curiosa verdad, que sólo puede expresarse encubierta, disfrazada de lo que no es… (Porque) los hombres no están contentos con su suerte y casi todos –ricos o pobres, geniales o mediocres, célebres u oscuros- quisieran una vida distinta de la que viven. Para aplacar –tramposamente- ese apetito, escribe el autor peruano, nacieron las ficciones.”

Pienso que algo le fastidia al autor de “Ojalá la guerra…”, al joven que todos los sábados comparte silla conmigo en el taller de literatura de La Casa de la Cultura en Santo Tomás. Algo pretende transformar en la vida de sus lectores, quiere a lo mejor afectarnos, zarandearnos, sembrar las semillas de las inconformidades inconclusas. Quiere que no seamos los mismos. Y tal vez tenga razón, porque después de leer “Ojalá la guerra…” algo cambió en mí, quizá la manera de contar una historia, o tal vez la manera de comprender el amor en medio del conflicto armado del país…