domingo, 6 de noviembre de 2016

Por el ojo de la cerradura

Lluvia de pandillas

Por Tito Mejía Sarmiento

Recuerdo con mucho regodeo en los días juveniles de mi amado pueblo, Santo Tomás, un hermoso estribillo cuando empezaban a caer las primeras gotas de un aguacero:


 ¡Qué llueva, qué llueva
 la Virgen de la cueva!
 ¡Qué llueva, qué llueva
 la Virgen de la cueva!
 Los pajaritos cantan,
la luna se levanta... 

Era como si todos los amigos de la cuadra en la Calle Granada, nos conectáramos entre sí, los pensamientos que, generalmente también, se producían sin intervención de los sentidos o de agentes físicos celebrados, para encontrarnos en dicho lugar y jugar varios partidos de fútbol hasta cuando la lluvia cesara.

Hoy muchos años después, asomado a la ventana del apartamento donde resido, cuando veo un cúmulo de nubes que anuncian la proximidad de la lluvia en Barranquilla, solo atino a recitar con mucho dolor, un verso anglosajón muy conocido para espantarla, para que se aleje rápido, haciéndole eso sí, la respectiva variación traductora del original, para poder adaptarlo con la realidad que se está viviendo en nuestra urbe: el enfrentamiento entre muchachos de la misma edad (13,14,15), que ha cobrado en lo que va corrido del año 2016, más de 16 personas asesinadas por las llamadas “pandillas juveniles” que, entre otras cosas, se citan a través de las redes sociales para encontrarse en determinado punto de algunos barrios localizados en los extramuros de la ciudad, no para recrearse jugando fútbol sino para matarse con cualquier tipo de armas ante la impotencia de las autoridades que ven como el tejido social se va agrietando, mientras las personas de bien pegan un estentóreo grito en el cielo para ver quién le da solución a este problema que está tomando desvíos superlativos:

Rain Rain go away,
Come another day,
Little Arthur wants to play,
Rain Rain go away!

¡Lluvia, lluvia aléjate!
¡Vuelve otro día que Arturito quiere jugar!
¡Vuelve otro día!

Rain,Rain go away,
Come again another day,
because Boys want to kill themselves!
 ¡Lluvia, lluvia aléjate!
 ¡Vuelve otro día,
que los muchachos de Barranquilla
entre sí se quieren matar!

Ante la preocupación generalizada de la sociedad barranquillera, he consultado con dos especialistas en la materia, el sociólogo y escritor Pedro Conrado Cúdriz y la psicóloga  Vanina Mejía Berdugo para conocer las posibles causas y efectos que llevan a esos muchachos de la presente generación a actuar de esa forma irracional y, para ver hasta donde es factible, se puede coadyuvar a ponerle coto a esta desagradable situación social que afea el bello rostro de Barranquilla ante los ojos del mundo.

Pedro Conrado Cúdriz: “Es cierto que este grupo de población es un problema para  la sociedad y el Estado colombiano: en el estadio, en el barrio, en la escuela, o en cualquier otro lugar donde opera contra el mundo. Las preguntas que nos hacemos diariamente son: ¿Por qué viven desintegrados de la sociedad? ¿Cómo ocurrió este fenómeno? ¿Es nuevo? ¿Obedece al crecimiento urbano? ¿Simplemente es una fuerza caótica de la sociedad excluyente como la nuestra? Si hablamos de una sociedad de clase, entonces estamos hablando de una sociedad desintegrada, fragmentada por los que tienen más y no por los que tienen menos; mejor dicho, hablamos de una sociedad excluyente. <Por allá lejos queda el barrio La Chinita>, dicen las “personas de bien,” por ejemplo. O sea, por allá viven los más pobres, los más jodidos. ¿Qué significa esto? Pues, que somos inmezclables. Pero también que el modelo neoliberal colombiano no tiene interés en incluir, en mezclar las poblaciones con bienestar con las demás; es decir, en resolverle la vida a millones de colombianos que viven como zombis en la miseria. Este es nuestro apartheid, nuestra tragedia, tratar de construir una sociedad basada en la regulación social de clases para negar, lo que es imposible de hacer invisible, porque los pandilleros son seres humanos, que sienten y piensan, son también sentipensantes. Estoy recordando a Gustavo Petro, cuando era alcalde de Bogotá, que trató de romper esta estructura de clase intentando construir un barrio de pobres (que palabra de sufrida y fea) en un barrio de “clase”. Ese es el origen de la enfermedad social y mental de la sociedad colombiana.”  

Vanina Mejía Berdugo: “ Si bien es cierto que el fenómeno social de las pandillas juveniles se ha venido presentando desde hace mucho tiempo en diferentes sectores de Barranquilla, con estilos, lenguajes, argumentos  propios e inclusive con acciones únicas para poder atemorizar a los que sus miembros desean ser o consideran para ellos sus víctimas, también es muy cierto que, hoy en día, la nueva modalidad que se está imponiendo en la  ciudad, es el enfrentamiento de algunos muchachos mientras llueve. Ustedes se preguntarán ¿Por qué bajo la lluvia? ¿Acaso hay algún estudio que demuestre la existencia de una  estrecha relación entre el comportamiento agresivo de esos jóvenes  y la lluvia? Ningún estudio ha demostrado lo anterior. Sin embargo, desde el punto de vista del enfoque social, esas denominadas “Pandillas” necesitan  ser reconocidas, identificadas por algún factor, es decir ellas condicionan proyectar o manejar sus propias identidades o imágenes. Para los jóvenes que conforman dichas pandillas, es muy fundamental, que la comunidad en general e incluso sus propios enemigos de turno, puedan avistar en ellos un estilo de vida, marca o quizás modalidad que los reconozca para ser “ultra famosos”. De tal forma, que  enfrentarse bajo la lluvia, es como invadir el lado más expresivo (catarsis) que un ser humano puede tener al momento de mojarse y/o bañarse libremente. Para nadie es un secreto que en una ciudad como Barranquilla, por costumbre o idiosincrasia, el agua caída del cielo representa alegría, gusto, nostalgia… Y es ahí, en ese instante, donde los jóvenes, precisamente, se liberan de todo.
Así que, para esos grupos tratar de invadir la tranquilidad de una comunidad, los ayuda a sentirse como los verdaderos protagonistas o héroes  del fenómeno social  bajo la lluvia. La identidad y el vínculo en esos grupos, son los dos grandes factores que desencadenan el desarrollo de habilidades específicas en los mismos, para luego tomar acciones de enfrentamientos, riñas y por supuesto, muertes… El proceso de poder reinventarse (tomarse a la fuerza) viene a ser  el principal mecanismo que  lleva a manejar esas nuevas modalidades en la urbe: grupos reconocidos que necesitan crear  espacios, para que sus víctimas y la comunidad en general “respeten sus leyes", durante la caída de un fuerte aguacero.

El foco de atención para intervenir oportunamente a esos jóvenes,  es crearles espacios diferentes, donde ellos pueden expresar sus propias conjeturas, para proyectarlos como gente de bien. Sumado a eso, se necesita plantear un proyecto de vida donde se sustente en cada uno: ¿Qué hacer? ¿Hacia dónde voy? ¿Qué quiero? ¿Cómo me veo en algunos años? Y además, enseñarles la importancia de los grupos. Concientizarlos del valor que recobran, crear nuevas habilidades en los mismos para un estilo de vida diferente desde el punto de vida personal y social.

martes, 25 de octubre de 2016

Los rostros de la violencia

Los rostros de la violencia

Por Germán Martínez Brochero

Los colombianos nos hemos acostumbrados a vivir con dos tipos de violencia: Una producida por el conflicto armado que todavía padece este país, cuya naturaleza es ideológica y se ubica principalmente en el sector rural, que aunque se presenta eventualmente, sus efectos ocasionan daños colaterales de lesa humanidad, especialmente a la sociedad civil que accidentalmente queda en la mitad de éste. 

Los principales actores involucrados en esta forma de violencia, son combatientes entrenados militarmente, que obligatoriamente tienen que enfrentarse en el campo de batalla, unos en cumplimiento de sus deberes constitucionales de protección a la patria y a sus ciudadanos y, otros aferrados a una lucha interminable, que tiene diversas causas y orígenes.

La otra forma de violencia se concentra más en los sectores urbanos. Se caracteriza porque es de recurrencia permanente y no es de naturaleza ideológica, sino que es provocada por distintos factores, principalmente por los problemas sociales y los fenómenos demográficos. Sus actores provienen de diferentes vertientes de la sociedad y las modalidades de generar violencia tienen distintas causas y procedimientos, por cuanto algunos actúan por cuenta propia, otros hacen parte de la delincuencia o hampa común y, otros más, actúan de manera colectiva, por cuanto integran bandas o estructuras criminales debidamente organizadas.

En ambos casos, ninguna de las dos formas de violencia son benéficas para una sociedad, al contrario, ambas son indicadores del estado de degradación en que se encuentra ésta, porque su accionar lo que produce al interior de la misma, además de dolor y muerte, es una sensación permanente de inseguridad y temor. Sabemos que la Paz, más que ausencia de guerra, es una experiencia individual que se conquista desde el interior de cada persona y que luego se exterioriza hacia a la sociedad, donde se vuelve parte integral de ésta, lo cual es la base para la construcción del tejido social,  que es lo que hace que una sociedad sea tolerante, respetuosa de las diferencias, menos desigual, más justa y equitativa en todos los aspectos.

Para construir tejido social en una sociedad acostumbrada a la violencia, es necesario que el Estado haga del capital humano que compone dicha sociedad, una masa formada en valores y principios morales, para lo cual tiene que invertir en la principal riqueza que tiene una nación, por encima de sus recursos naturales, la cultura y la educación, porque es con estas herramientas, que se le brindan las oportunidades a los que socialmente se sienten marginados, discriminados o desamparados, para que más tarde se desempeñen en algo productivo, que le permita mejorar sus condiciones de vida y las de su comunidad y, así  de ésta manera, evitar los resentimientos y los odios, que son los que desencadenan las distintas expresiones de la violencia.

Bitácora

Bob Dylan

Por Pedro Conrado Cúdriz

A mí no me parece, pero a usted sí le parece, le dije. Nada ha cambiado entre los dos, así es la vida a veces: rojo, azul, verde… Algún día se combinarán los colores, no hay prisa, saldrá el arco iris.

La literatura es una sola, no tiene compartimentos estancos, es el afán espiritual por capturar la pobre situación humana para elevarla o bajarla a los sulfurados y podridos escalones del infierno y convertirla en el espejo andante donde todos podemos mirarnos, sea en un cuento, en una canción, en el tris de un aforismo, en un poema, o en una novela.

“Para que releer a Platón – escribió Emil Cioran – cuando un saxofón puede hacernos entrever igualmente otro mundo.”

Sin la música qué sería de nosotros, tal vez pobres bestias sordas ante la belleza de un trino “almado” de un canario.

La versión de la literatura para algunos es lo clásico, aquello que perdura en el tiempo, pero fundado en la palabra escrita. Lo clásico petrificado en el sí mismo de la letra editada.

¿La literatura no es acaso interdisciplinariedad o transdisciplinariedad?

¿Qué molesta? Cuando la academia sueca ha decidido entregarle el premio Nobel a escritores que supuestamente no lo merecían ¿Qué ha pasado? Nada, la vida ha continuado en su infinita sabiduría y los buenos y regulares escritores han persistido intentando crear obras que estremezcan el espíritu humano. Hoy que le dieron el Nobel al músico Bob Dylan ¿Qué creen ustedes que pasará? Seguramente la prolifera nada, o tal vez el estremecimiento de lo clásico por la apertura de otras miradas, o el reacomodamiento de la vieja versión clásica de la literatura. Hoy todo es posible.

Y podrá atisbarse en la plástica esquina el miedo al espectáculo (“Por la esquina del viejo barrio lo vi pasar con el tumbao que tienen los guapos al caminar…”), al hecho que todo quede convertido en piedra, en un par de bragas asoleadas en la avenida séptima, mientras miles de ojos gachos ignoran la guitarra. Es el viejo temor a la novedad.

Bob Dylan representa muy bien el espíritu rebelde de su tiempo, extendido en el tiempo de guerra del milenio, o en la profundad orfandad del sí mismo del ser, de hombres y mujeres decepcionadas del fracaso del mundo humano.

Si ha perdurado la versión que él tiene de la vida, del hombre y del mundo en su música y en sus letras, es porque nada ha cambiado y sustancialmente seguimos siendo la misma bestia de siempre y esto es lo que con el premio nos recuerda la Academia sueca.

No puedo olvidar la sentencia de Cioran, el hijo adoptivo de Francia: “Cuánto me gustaría morir por la música como castigo por haber dudado de la soberanía de sus hechizos.”

Bienvenidos a otros mundos de la literatura clásica.

sábado, 22 de octubre de 2016

Por el ojo de la cerradura

Diálogo vespertino con mi madre Eloina
el día que cumplió otro año más de vida (21 de octubre de 2016)
Por Tito Mejía Sarmiento

_ ¿Qué dice la mujer más hermosa del mundo y que con mucho amor me trajo a la vida?
_ ¿Y usted quién es?
_ ¡Soy tu hijo, Tito César Mejía Sarmiento!
_ ¡Pa´ joderte! ¡Tito es más bonito que tú!
…Pero mamá, ¿Yo soy Tito?... ¡Tu negro bonito, como tú siempre me has dicho!
Sonríe de momento, como tratando de apartar el Alzhéimer que desde hace 10 años, la tiene acorralada y suelta una pregunta: ¿Por qué tanta gente hoy, aquí en la casa?
_ ¡Estás cumpliendo años, mi amor! Y por eso, todos tus hijos, tus hijas, tus vecinos (as) estamos aquí para  felicitarte.
_ ¡Eso es mentira! ¿Y por qué no está el sinvergüenza de tu papá? (Basta aclarar, que mi papá César Eurípides Mejía  Pizarro, murió el 11 de abril de 2011)
_ ¡A  lo mejor viene ahorita, mama!
_Estoy segura que no viene por estar enamorando a otras en el Paseo Bolívar. Siempre lo ven por allá. ¿Niño, por qué no vas y le dices que venga? Dile que si no se ve tan viejo para estar todavía enamorando, muchachitas.

…En esos instantes, entra en la sala mi hermano Cipriano, el mayor, y le dice: ¡Felicitaciones, Eloina!
_ ¡Otro que viene a joder con que cumplo años, hoy!
Mamá se levanta del sofá como tratando de buscar en la cocina a Vilma, mi hermana menor, la persona con quien  más se  identifica en sus ratos de lucidez. (Obvias razones, Vilma desde hace varios años, es la que más cuida de ella en el pueblo, mientras Cipriano, Bertha y yo que residimos en la capital, solo acostumbramos verla por cuestiones de trabajo, sábado, domingos y festivos, pero eso sí, estamos pendiente de ella a través de Vilma y por supuesto de Arnaldo, el hijo consentido de mi mamá, que también vive en Santo Tomás).

De pronto, suena en la voz de Javier Solis, la primera estrofa de una ranchera:
“Estas son las mañanitas que cantaba el rey David,
hoy por ser día de tu santo, te las cantamos aquí.
Despierta mi bien despierta,
mira que ya amaneció…
Ya los pajaritos cantan
la luna ya se metió…”

En el mar de los ojos de mi madre, se balancean grandes olas de tristeza, al terminar la melodía, y quizás como recobrando el don de la ubicuidad  temporal por un instante, se mira en el espejo gigante que cuelga en la pared de  la sala y sonríe al verse reflejada tan bella en otro rostro. Es decir, mamá parece ser la que huye, pero también la que se queda.

_ ¿Y cuántos años cumples hoy, entonces, mamá?
_Todos los que usted quiera, señor.

Batiéndose como toda una leona para sacudir  las palabras del deseo estancadas en su mente, y llevando en su memoria la huella de un ser querido que conoce y que lucha por momentos  hallar su verdadero nombre,  lanza una detonante pregunta  que a todos nos parte el alma:
_ ¿Si ustedes dicen que yo estoy cumpliendo años hoy, por qué no veo a mi hijo Nelson, acá?
Finalmente tragándome todo el aire ante semejante pregunta, opté por señalarle con mi dedo índice derecho, un retrato donde aparece mi hermano Nelson habitado de ilusiones. Mientras tanto, afuera la noche se hacía inmensa.

(A mi hermano Nelson Ricardo Mejía Sarmiento, lo asesinaron vilmente por la espalda cuando fungía como alcalde de Santo Tomás, el 29 de abril de 2004, frente a las instalaciones del D.A.S., en Barranquilla, siendo presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez).

domingo, 16 de octubre de 2016

Un país entre verdad y mentira

Un país entre verdad y mentira


Por Delia Rosa Bolaño Ipuana

Los colombianos estamos en un momento donde enfrentamos mil situaciones difíciles, pero realmente alarmante e imposible de creer o entender, pero estamos sumergidos en algo, entre un sí y un no, entre unos que dicen tener una verdad y otros una mentira, entre  muchos aficionados, entre  analíticos y críticos, entre Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe, entre traicioneros, desleales, entre justos e injustos, entre víctimas y guerrilleros, entre una Constitución que desean cambiar fácilmente y al acomodo de unos cuantos, entre lo justo y lo injusto, entre lo lógico e  ilógico,  entre política y politiqueros, entre comunistas, socialistas y demócratas, entre un gobierno nacional indiferente que busca ayudar en gran medida a otros pueblos mientras el suyo muere de hambre, entre un gobierno que busca aprobación de países que han matado la integralidad de su pueblo, mientras ignora la opinión de quienes lo eligieron, un gobierno que busca protagonismo mintiendo al mundo sobre las diferencias que existe en su pueblo, un gobierno que habla de equidad, de educación, paz y nada de eso existe en su pueblo, entre los que no respetan las diferencias y los que sí, entre el miedo y la amenaza, entre lambones ignorantes en puestos competentes, mientras que los competentes están en  puestos incompetentes, entre ideologías egoístas, cerradas, estúpidas y de verdad incomprensibles, donde he visto comparaciones ridículas que no pegan ni con chicle, entre opiniones macabras ante una situación que solo perjudica al pueblo, pues al gobierno no, ellos ya están asegurados con propiedades en el exterior y sus familias.

Pero qué triste es saber que ante tantas situaciones absurdas no podamos hacer nada, solo opinar hasta cuando el mismo sistema al que vamos encaminados lo permita, pues veo venir sucesos que algún día mis plumas ojalá me  pueda permitir escribir, como hoy mi vecina patria Venezuela escribe su miserable historia frente a un mundo indiferente que solo busca beneficios de los pueblos que direccionan aquellos que solo creen tener la verdad.

Dedico este poema, no le digo no a la paz, ni si a la guerra, solo digo que la paz no solo es Santos, ni su ideología, ni la guerra aquellos que dijeron no. Esto es lo primero que debemos entender, no creer o que queremos creer y hacer creer.

La palabra PAZ, es perfecta, no debe tener tacha y si la tuvo debe limpiarse cuidadosamente, pero cuando se llame paz debe ser perfecta, porque sino, no es paz, es imposición y la guerra nunca es perfecta porque tiene muertos, la guerra es miserable, sangrientas, eso no es perfecta, es sucia, no cambiemos la posición de ambos términos que son diferentes y en Colombia estamos jugando mal, ganemos limpiamente con la verdad, sin cambiar y combinar papales. Ahora les comparto un corto pero sincero Poema

LA TAL PAZ

Colombia desde muchos años sueña con la libertad
Ante una guerra indolente que ha causado la muerte
De incontables inocentes.
Aunque nieguen culpa alguna las victimas
Jamás tendrán reparación
Porque hoy el pueblo es sometido a un perdón
Y olvido al que llaman PAZ. 
Escribo como colombiana, no pertenezco a ningún bando, solo quiero un país justo, sin mentira, sin engaño ante realidades visibles, donde se cree que somos estúpidos y que estamos destinados a tragar entero.

No quiero un país donde los inocentes paguen por criminales

Un país donde  la ley sea para unos y para otros no, un país donde se premien lo ilógico y se condene lo lógico, no quiero un país de mentira y la paz vendrá, si algún día la paz reinará, pero para ello los seres humanos debemos dejar de existir ya que en nosotros la paz no existe.

sábado, 1 de octubre de 2016

Bitácora

Carta de paz a mis nietos no nacidos

Hemos cargado durante más de cincuenta años la grande tragedia de la guerra, no imaginan ustedes el desastre espiritual de una sociedad que vive bajo el dolor fratricida de la muerte; no pueden imaginar ustedes la zozobra y el estado de alerta permanente de miles de ciudadanos que viven a la deriva en medio de un Estado fragmentado e impotente para blindarle el derecho de la seguridad a todos en el territorio; no pueden imaginar nada porque una cosa es vivir en paz y otra bajo los códigos de la guerra.

En sus ausencias ocurrieron cosas ordinarias, esas cosillas de la vida cotidiana que nos hacen creer que todo está bien, y otras extraordinarias como la guerra, que desarticulan y desorientan todo. Contra ella no se puede hacer nada, simplemente defenderse para no morir en cualquiera de los bandos, y Colombia se pasó su vida defendiéndose de sí misma, porque la guerra fue fratricida, entre hermanos pobres, los más pobres, que se hicieron enemigos sin saber por qué.

Esto que les cuento ocurrió en el pasado, ustedes no habían nacido, de tal forma que ustedes son hoy unos privilegiados, porque forman parte de las primeras generaciones de la paz, las que abominan de la guerra, generaciones que vivirán sus vidas sin el olor de la pólvora o sin el rechinar de dientes de las motosierras, o sin el dolor de las masacres y los falsos positivos y sin el uso de los vocablos de la guerra: victimarios, dados de baja, víctimas, perpetradores, desplazados, parias, bacrim, guerrilla etc.

Y todo fue posible por el coraje y la visión de futuro de diez millones de colombianos que querían y soñaban con la utopía del fin de la confrontación armada. Vivir en combate es absolutamente diferente a vivir sin el estatus de la guerra y esto lo comprendieron muy bien las generaciones de la paz, conformadas por campesinos, profesores, amas de casa, ciudadanos comunes, adultos corajudos de la ciudad, obreros y estudiantes que sacrificaron sus vidas disciplinadas y dispersas para que ustedes pudieran vivir sin miedo y sin la angustia de morir más rápido que sus padres.

A ustedes no los afectará el resentimiento patriótico de los hijos que les reclamaron a sus padres un día la dejación, la pasividad y la resignación de vivir y aceptar la guerra como un dogma de vida. Ustedes lo sabrán por boca de los mayores, por nosotros los abuelos, quienes les contaremos lejos de las cartillitas de la historia oficial, la historia infame de un país prisionero del conflicto armado y que no se atrevió por mucho tiempo en acabarla;  hasta que el cansancio de ver todos los días tantos cadáveres a orilla de los caminos y en la corriente de los ríos muertos del susto de la nación, nos obligó sin la cobardía de las dudas y los miedos, a aceptar  los acuerdos de La Habana. Fueron días y horas de embriaguez histórica, pero también de decepciones aniquiladoras de fe, porque la sociedad siguió dividida entre los del "sí" y los del "no" a pesar de que los guerreros (el Estado y la guerrilla de la Farc) decidieron acabar con los actos bélicos del pasado.

Pero se logró lo que parecía imposible, de tal manera que la utopía pasó de la metafísica de lo ideal a la realidad sublime de la paz. Debo decirles entonces, que el estilo de vida pacifico que llevan ustedes hoy, es el producto del tesón y el coraje de una mayoría de colombianos que creyeron en lo posible.

Queridos nietos, esto era lo que quería que supieran y sobre todo para que comprendieran que los sacrificios y los sueños generacionales son los que permiten que los nuevos hijos y nietos vivan las comodidades de la paz. 

Desde las turbulencias y las esperanzas del 2016,

PEDRO CONRADO CUDRIZ

sábado, 24 de septiembre de 2016

Por el ojo de la cerradura

¡Basta ya de tanta guerra!
¡Votemos por el sí, este domingo 2 de octubre de 2016!

Por Tito Mejía Sarmiento

Con quién sueñas, abuelo Francisco
ahora que llevas
tantos días de siesta
G.A.G.

Nos acostumbramos a buscar la muerte en los ojos de todos, solíamos pasar más tiempo en los cementerios que en nuestras propias casas, es decir, teníamos el sello de la parca en la solapa, nos volvimos paranoicos desde todo punto de vista, de ver tantos ríos de sangre que se desbordaron en las noches de vigilia sobre la palabra abandonada por el miedo. Y para decir verdad, todavía es la hora, que muchas personas no conocen el paradero de sus familiares por tanta guerra en derredor de toda la geografía nacional, pero llegó la hora de decir: ¡Basta ya de tanta guerra! ¡Votemos por el sí, este domingo 2 de octubre de 2016!

 Personalmente, padecí los estragos de la violencia cuando el 29 de abril de 2004, a escasos metros del DAS (Departamento Administrativo de Seguridad), en  Barranquilla, asesinaron cobardemente por la espalda a mi hermano, el médico Nelson Mejía Sarmiento (un hombre como dijera el día de su sepelio, el escritor Ramón Molinares,  de puertas abiertas, por donde, sin pedir permiso entraba todo el quería a cualquier hora del día o de la noche), cuando fungía como alcalde de Santo Tomás, siendo presidente de nuestro país Álvaro Uribe Vélez, pero al igual que la mayoría de los colombianos, quisiera con todas las ansias de mi alma, vivir y envejecer por largo tiempo de la forma más pacífica posible, ser un poeta sin miedo, un poeta que pueda contar las estrellas completas de un cielo apacible todas las noches, mientras una leve brisa se mueva también bajo la luna y los pájaros cierren alegres sus alas para descansar en  sus nidos.
  
Así como nuestros abuelos compartieron hace muchísimos años, el agua  fresca de las tinajas, respetuosamente les digo a mis conciudadanos, que compartamos  también en una especie de Santo Grial, este domingo 2 de octubre de 2016, cuando el Sí haya salido victorioso en el plebiscito, para asimismo acabar con tantos años de guerra fratricida en nuestra amada Colombia.

¡Entonces, bienvenida la paz que tanto hemos anhelado y que se calle la  multípara rechifla de las balas asesinas

miércoles, 21 de septiembre de 2016

¡Perro bravo!

Perro bravo

Por Luis Payares Mercado

La zozobra ha llegado, la decisión viene acercándose como avalancha, se debe decir SI o NO. Se oye radio, se lee prensa, se ve televisión y se navega por internet, en fin, hay que decidir pronto. “¿Qué hago?”, diría cualquier colombiano,  “porque el SI, tiene razones valiosas, pero el NO, también las tiene. ¿Qué dirá la Biblia al respecto? Habla Mateo 5:37: “Sí, sí; No, no”, Santiago 5:12 dice: “que vuestro sí sea sí y que vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación”. ¡Condenación! Esto es lo que menos se quiere, en ella se ha venido desde hace más de cincuenta años. Pablo en 2Corintios 1: 17 —18 aclara: “…lo que pienso hacer, ¿lo pienso según la carne, para que haya en mí Sí y No? Mas, como Dios es fiel, nuestra palabra a nosotros no es Si y No”. Claro ¡Fiel es Dios! No el hombre, entonces este Sí y No, no proviene de Dios, sino de hombre, de carne, de intereses terrenos, de infieles...

 La incertidumbre persiste ¡Ah ya! El abuelo sabe cosas de hombres, con su sabiduría, podría dar un buen consejo razonable:

“La guerrilla es un perro bravo”, dijo, “siempre ha vivido suelto en el patio de la Finca Grande, desde hace mucho tiempo lo he visto creciendo a sus anchas, con sus bravuras. Algunos capataces que han venido en pro de administrar la Finca, lo han soportado, convivido, sin regañarlo siquiera; otros, en pocas ocasiones, con intentos fallidos, lo han querido amarrar.

Ese perro es muy huraño y peligroso. Infinito es el número de sus mordidos y devorados. Cuando lo enfrentan, más furioso se vuelve. Ahora escucho por allí, que el nuevo capataz Jota Manuel Olla Grande, quiere atar ese perro bravo y me parece bueno, porque estando amarrado, podríamos andar por la Finca Grande con tranquilidad; lo malo es que ese perro se llegase a soltar, porque los mordidos y devorados, nos llegarán al cuello.

Mijo, si este nuevo capataz, trae una buena cuerda para atarlo y que no se libere con facilidad, entonces creo que Sí. Definitivamente sería Sí lo mejor, porque dejarlo suelto, ese maldito perro seguirá sin dejarnos recoger las naranjas, las guayabas y los limones de la colina; los melones, pepinos y patillas de las llanuras; los bocachicos y mojarras de los ríos... 

Ese perro está por todas partes y cuando con él nos topamos, muestra sus filosos colmillos y ¿quién lo enfrenta? Dígame usted, mijo. Siempre lo han venido haciendo los hijos, los nietos y los sobrinos de los obreros, ordenados por el capataz, y deben hacerlo. Los demás, ya no sembramos yuca, ni papa, ni piña, ni ñame… sino muertos que nunca germinarán.  Ojalá aten bien ese perro, mijo”.   

viernes, 9 de septiembre de 2016

Bitácora

¡Qué pena señores!

Por Pedro Conrado Cúdriz

“… qué pena señores, que nuestros odios se sobrepongan a los amores de la infancia, a los juegos olvidados de los carros y balones, hasta que la guerra vuelva y choque contra los sueños de la inocencia.”

Sé que es muy difícil convencer a los que desean que continúe la guerra y que acabe el reinado de la muerte; tan difícil que tengo pena de este mundo, porque nos dividió entre los guerreros y los amantes de la paz, entre los que gustan  ver muertos en la faz de la tierra y los que somos felices viendo la vida correr en las piernas de un niño o de una niña. 

Así de dura y estúpida ha sido nuestra vida que nos importa un rábano que los hermanos se sigan matando entre sí, que los cuñados se sigan matando entre sí, que los hijos sigan ahorcando lentamente a sus padres, que los adultos violen a las niñas y a los niños, que el ejército o la guerrilla sigan matando gente como si fueran pájaros, que los amigos se maten entre sí como si fueran enemigos de guerras imaginadas; qué pena señores, tener que aceptar que la vida de los niños de este país va a seguir experimentando la tragedia violenta de sus abuelos, de sus padres y tíos; qué pena señores, que nuestros odios se sobrepongan a los amores de la infancia, a los juegos olvidados de los carros y balones, hasta que la guerra vuelva y choque contra los sueños de la inocencia. 

Así de torpe ha sido nuestra educación, que la guerra es superior a la vida y la muerte; esa diosa del dolor, es finalmente la virgen de los milagros. Los niños, como en nuestra “edad media,” siguen ocupando los últimos puestos del tren de la vida, siguen invisibles hasta ser olvidados en medio de la tragedia de los guerreros, porque éstos funden como salvadores de la misma derrota, que es la derrota de ellos y la nuestra. 

Ahora me viene a la memoria aquella sabia y poderosa poesía del francés Boris Vian: Señor presidente no voy a la guerra: “Señor presidente/ Os he escrito una carta/ Que quizás leeréis/ Si tiene tiempo/ Vengo de recibir/ Mis papeles militares/ Para partir a la guerra/…  Señor presidente/ Yo no quiero hacerla/ No estoy sobre la tierra/ Para matar a la pobre gente/… Después de nacer/ He visto morir a mi padre/ He visto partir a mis hermanos/ Y llorar a mis hijos/… Si hace falta dar su sangre/ Ir y dar la vuestra/ Sois buen apóstol/ Señor presidente…” 

Sé lo difícil que es revertir la fe y la creencia maldita de los que defienden la espada y la sangre, pero los niños, nuestros hijos y nietos no son culpables de nada y a ellos hay que salvarlos de las bestias, de nosotros, que no hemos comprendido nada, que respiramos pero no hemos comprendido nada, que parlamos, pero no hemos entendido nada. Solo los niños comprenden, porque los he escuchado de sus labios en un pueblo perdido del mapa colombiano, Campo de la Cruz, en el Atlántico: “La paz es mejor que la guerra.”

domingo, 4 de septiembre de 2016

Nuestro mundo, nosotros mismos... paz, amistad y amor

Nuestro mundo, nosotros mismos... paz, amistad y amor

Por Delia Rosa Bolaño Ipuana

Amor y amistad, tiempo de reflexión, un espacio para no tragar entero, analizar nuestra situación,  mi posición frente al otro y la del otro frente a la mía, donde solo debe primar el perdón, la verdad, la unión y el respeto, nuestro gran mal, el de todos, solo vale lo que pienso yo y creo que debe ser así, no, el otro también tiene su posición y debe respetársele, solo así viviremos no un mes de amor  y amistad, sino una vida, pero sabiendo que somos humanos, que se dice que razonamos, cosa que dudo muchísimo, lo veo difícil, pero bueno, así somos humanos, mientras sigamos siendo humanos veo difícil una verdadera amistad, un verdadero amor, discúlpenme pero como humana es mi posición, mi opinión o mi afirmación, llámenla, como quieran llamarla, también debo respetar esa parte.

Amor y amistad, una fecha comercial, una fecha que se creó para recordarnos lo que debemos ser todos los días ¿pero hace falta que nos digan?, debemos vivir en amor y amistad y aunque usted no posea amor ni amistad, usted sale a disimular frente al mundo que ama y valora a alguien, así no sienta el más mínimo sentimiento por ella o por él, entonces no es el mes del amor y la amistad, es el mes y la vida  de la mentira, de la falsedad, del engaño propio, bueno, no en su totalidad, hay unos cuantos que la viven con los suyos, pero no con todos, somos humanos, nos agradan unos y otros nos desagradan, es normal como seres razonables, pensantes y divisionistas.

Me siento a analizarnos, me incluyo, no soy clase aparte, soy igualita a todos, realmente nos mentimos, nos engañamos cada día, por eso estamos como estamos.

En un mundo donde rezamos y pecamos para estar equilibrados con  Dios, donde somos clasistas, egoístas, asesinos de nuestro futuro, con la mentira, el engaño, engaño que saldrá en cualquier momento, iglesias que dividen al mundo, donde se manejan ideologías cristianas desfasadas a la realidad, Cristo sanaba, perdonaba, proclamaba la palabra de Dios, unía sin cobrar, por lo menos eso es lo que he podido ver y leer sobre de hijo de Dios, pero las iglesias de hoy cobran por todo, esto para mí es ir en contra de lo que era Jesús, no unen, dividen, una iglesia que te dice que si eres pobre, no tienes derecho a entrar al reino de Dios porque no tienes cómo pagar una misa, uujju realmente me deja a mí, no se a usted, mucho qué decir y pensar, muchos se esconden a esta reflexión y según ellos reflexionar es ir en contra de Dios, jejeje, Dios mío perdóname, si con usar mi mente te ofendo, tú me la diste y debo usarla, claro, según tus líderes en la tierra, eso dicen ellos “tus líderes” claro como la mayoría de los que los acuden y los siguen están podridos, creen que se salvarán y creen que están haciendo bien con esconder sus faltas tras otras faltas… pero estamos en el mundo y lo gobernamos nosotros mismos.

 Gobiernos que dividen, donde solo priman sus intereses y no la de un pueblo, donde hay una izquierda y una derecha, para mí ambas son la misma olla podrida, egoístas, mezquinos, donde solo priman los intereses de la mermelada de cada lado  y cuando un grupo se monta, saca los trapitos sucios del otro, entonces se creen lo mejor por esto, pero como dije atrás, si se monta el otro también tendrá sus trapos sucios y en su momento también se los sacarán, pero mientras el que está en el poder hace protagonismos mediáticos, por eso me pregunto ¿cuál paz? ¿Cuál amistad? ¿Cuál amor?  Familias donde los hermanos se odian, los padres se divorcian, donde se matan por herencias,  hasta por lo que no les pertenece, donde se violan niños y todo sigue igual, qué mundo el de nosotros los humanos y razonables, cuánta mentira tras otra mentira…pero es nuestro mundo, nosotros mismos.