lunes, 24 de abril de 2017

Lamentable, pero es así...

LAMENTABLE, PERO ES ASI…

Por Delia Rosa Bolaño Ipuana

Estamos ante una posible tercera guerra mundial entre China, Estados Unidos y Rusia, una guerra que satisface los deseos caprichosos y machistas de sus gobernantes, una guerra que ignora cientos de vidas de niños, mujeres, ancianos, el medio ambiente, cada ser vivo, ¿qué pasa con el ser humano? Cada día se vuelve más egoísta, egocéntrico, solo se complace con satisfacer su deseo de venganza, de poder, se convierte en un ser malvado capaz de pasar sobre los límites con tal de complacerse…  

Donde no importa la vida del pueblo, su bienestar, aquellos que llegan al poder se vuelven egocéntricos, apoyados por un grupo de personas que en busca de un bienestar personal aplaudiendo estas acciones erróneas que a lo único que conducen es a deteriorar nuestro mundo y de lo realmente humano.

Cientos de vida se ha perdido por la falta de valores humanos, del amor y el respeto por el otro, nos irrespetamos nosotros mismos, en fin, vivimos en un mundo tan acelerado donde ya no se miden las pensamiento y las acciones, solo se actúa sin medir consecuencias. 

Nuestro mundo ha cambiado porque nosotros lo hemos hecho cambiar, tomando como ejemplo de vida personas o referentes equivocados para el desarrollo de la misma.

El ciclo de la vida tiene su tiempo, los gobernantes tienen su tiempo, todo tiene un lugar y sus personajes definidos que solo podríamos descubrir centrándonos en lo que realmente nos conviene, pero lamentablemente no es así, somos tan inicuos que siempre nos equivocamos, caemos en los mismos errores, nos hemos acostumbrado a ello, pero somos así y nada qué hacer, continuar lamentándonos por lo que elegimos ser y no lo que realmente merezcamos ser.

La tecnología como medio eficaz inventado por el mismo hombre ha sido la causa principal que ha llevado al sistema mundial a estar más acelerado, ha creado un sistema que compite con el mismo hombre,  hasta el punto de ser su objeto de destrucción, casos claros  como el sistema de comunicación inmediato y las armas que destruyen cientos de vida, aunque  más que el arma que acaba lo físico también está el que mata el alma del ser humano, los valores y su amor propio, todos los resultados hasta el momento han sido lamentados.

El hombre se ha convertido en una máquina de destrucción de sí mismo, de sus valores, de sus creencias y cada día que pasa el tiempo esto se complica más y más…

¿Difícil de creer y comprender, son las propias acciones del hombre quien se pregunta del porqué de todo lo que le ocurre? Siendo la causa y el efecto al mismo tiempo.

La guerra que se pronostica es un guerra que se convierte en nuestro diario 

martes, 4 de abril de 2017

Por el ojo de la cerradura

¡Todo pareciera olvidarse, pero Nelson Mejía Sarmiento vive!
(13 años de su asesinato)

Por Tito Mejía Sarmiento

Con la llegada del mes de abril, el alma de mi familia se hincha más de dolor y angustia por el vil asesinato de nuestro amado Nelson Ricardo Mejía Sarmiento. Aquel aciago 29 de abril de 2004 a las 12:45 de la tarde, cuando mi hermano Nelson contaba con 43 años y fungía como alcalde de Santo Tomás, recibió dos disparos en la cabeza que acabaron con su vida, de parte de un sicario por encargo, frente a la sede del antiguo Departamento Administrativo de Seguridad (D.A.S.), siendo presidente Álvaro Uribe Vélez. 

Desde entonces, se ha acudido sin descanso a diferentes instancias judiciales de la nación e incluso foráneas con el enorme propósito de esclarecer ese homicidio o mejor, conocer  quiénes fueron los autores determinantes (intelectuales) del mismo, pero el esfuerzo hasta ahora cuando han transcurrido trece (13) años, no ha surtido ningún efecto, lo que demuestra que la Justicia Colombiana sigue siendo  la alcantarilla que emana diariamente los olores más pútridos del globo terráqueo.

Para conocimiento de las nuevas generaciones, es importante destacar que en medio de una Colombia angustiada y salpicada por la crisis social y la violencia, el médico cirujano Nelson Mejía Sarmiento, graduado en la Universidad Estatal de Cuenca (Ecuador), llegó a ser elegido dos veces alcalde popular de Santo Tomás para los períodos constitucionales de 1995 a 1997 y de 2004 a 2007 (obteniendo las más altas votaciones en la historia del pueblo tomasino y realizando una magnífica labor en su primera administración: ¡Ahí están las obras, ante los ojos de todos!)

Y cabe también recordar que minutos después del homicidio,  muchos  habitantes de la población, como si fueran unos volcanes en iracunda erupción empezaron a quemar el Palacio Municipal, las casas de los contradictores políticos…Entonces, el gobernador del Atlántico, Carlos Rodado Noriega ordenó militarizar todo el pueblo por varios días y decretó  convocar a nuevas elecciones, el domingo 27 de junio de 2004.
Pero el pueblo que es soberano y constituyente primario no se convirtió en el payaso de la realidad y supo interpretar la historia, eligiendo a Nelson nuevamente por tercera ocasión aun estando muerto, en la persona de su esposa Onésima Beyeh Cure.

Todavía se siguen escribiendo muchas páginas acerca del médico Nelson Ricardo Mejía Sarmiento, algunas clamando verdad y justicia por su asesinato; otras reconociendo al gran líder carismático que, según opinión de muchos, sentó un precedente sobre la forma de hacer política en Santo Tomás, guiada bajo los principios de honradez y honestidad, teniendo como fin último el bienestar del pueblo.

¡Todo sigue en la impunidad! ¡Todo pareciera olvidarse, pero Nelson Mejía Sarmiento vive! Por eso, mi madre hermosa Eloina Sarmiento Charris, a pesar de haber perdido bastante la memoria a sus 87 años de vida y no es para menos, con justa razón  se pregunta en los momentos de lucidez mientras en el  mar de sus ojos, solo se balancean grandes olas de tristeza: ¿Entonces, quiénes mataron a mi hijo Nelson? En la búsqueda de esa respuesta muchas personas comenzamos a incorporar un collage de textos, fotos, novelas, poesías, panegíricos, recortes de periódicos que parecen inconexos pero que juntos transmiten, un universo personal, tangible, con inquietudes, virtudes... Incluso todos los días, hacemos un pequeño recorrido aleatorio (instantes de su vida) que me parece fundamentalísimo y que de alguna manera sentimos que  definen a Nelson.

Sin temor a equivocarme creo que mi hermano Nelson curaba con sus ojos llenos de afectos y su voz baritonal, específicamente cuando se trataba de infantes. Porque no hay, no pasa por la mente del hombre ni un solo concepto que no sea afectivo, en grado mínimo o en grado sumo. Y el  médico Nelson Ricardo Mejía Sarmiento al intuir una realidad cualquiera, su querencia estaba implícita en su misma comprensión con los pacientes, a quienes veía como tales y no como clientes. Definitivamente, Santo Tomás y otros  pueblos circunvecinos tenían en Nelson a un filántropo de tiempo completo. Y no se puede dejar a un lado, la significativa influencia que Eros ejerció sobre Nelson, galán de noble estirpe, que hermosas mujeres configuraban su producción idílica como un cáliz maravilloso que permitía apurar los ensueños de la pasión. Puedo afirmar que Nelson antes que amar a mujer alguna,  jugó su febril corazón al azar y se lo ganó el mismo amor. Nelson tenía una idea perfeccionista del Romanticismo, y por eso se enamoró muchísimas veces, en busca de ese amor ideal que sólo lograba encontrar bajo la madrugada de sus ojos. 
¡Cómo podré borrar de mis retinas, su ataúd cubierto de flores, panegíricos, canciones, poesías, afiches y estampas entregadas por personas conocidas y desconocidas que también lloraban su muerte!¡Cómo olvidar a la multitud dando vivas a su nombre, aplaudiéndolo y pidiendo justicia bajo el torrencial aguacero de aquel primero de mayo de 2004. Ni aquellos abrazos solidarios que recibí esa mañana, de personas que al estrechar mi cuerpo, se sentían lo mejor un poco más cerca de Nelson! Si el sentido de la vida es llegar a ser querido, sé que mi hermano Nelson partió pleno.

¡Nelson ya no está, eso es cierto! Lo más terrible de la muerte es el propio vacío, la ausencia eterna de su materia. Ya no puedo volver a abrazarlo, mamarle gallo, pelear con él… Tampoco podemos seguir añorando a Nelson sin ser consecuentes con las reflexiones y retos que nos legó. Su erguida herencia ante todo creativa, combativa, trabajadora, emplaza a todos los tomasinos y tomasinas de hoy a investigar para la sana discusión, para no dejar en el estricto pretérito los hechos que construyeron y cambiaron a nuestra amada tierra tomasina antes y después del gran líder llamado Nelson Ricardo Mejía Sarmiento. ¡Todo pareciera olvidarse, pero Nelson Mejía Sarmiento vive!

domingo, 12 de marzo de 2017

¿Parrillero o pasajero?

PARRILLERO O PASAJERO

Por: Luis Payares Mercado
 
Narra una enseñanza bíblica que un hombre insensato edificó su casa sobre la arena y cuando descendió lluvias, vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; cayó y fue grande su ruina. 

Da tristeza e indignación que la insensatez de mandatarios y  honorables legisladores del caribe colombiano, hagan vista gorda al grave problema social, surgido por el uso inadecuado de la motocicleta: Accidentes, muertes, atracos, imprudencias, desórdenes y en fin, lo habido y por haber.

La anarquía, la demagogia, la corrupción, el engaño, la mentira y la indiferencia social, campean a diario en las organizaciones gubernamentales, arrojando como resultado, los malos gobiernos, y con ellos, entre otros, este indeseado fenómeno social.

Motocicleta o moto, es un vehículo automóvil de dos ruedas y manubrio, que tiene capacidad para una o dos personas. Al conductor se le denomina motociclista y a su acompañante parrillero.
Mototaxi, es una Motocicleta de tres ruedas y con techo que se usa como medio de transporte popular para trechos cortos a cambio de dinero, de la misma forma que un taxi; también se conoce como motocarro o mototráiler y a su conductor, se le denomina mototaxista.

Cuando se habla de Mototaxi no es conveniente mencionar parrillero, porque el ocupante de un Mototaxi es un pasajero. Y en referencia a un  motociclista, no se transporta a un pasajero, sino, a un parrillero. Por ende, en Sincelejo, por mencionar un lugar, los motociclistas están construyendo sus proyectos familiares en la arena. Creyendo ser mototaxista, son motociclista. Llevan parrillero y no pasajero. El pasajero paga el pasaje, en cambio que el parrillero no,  porque es acompañante del motociclista. Sahagún, por mencionar otro lugar, transitan por sus calles, Mototaxi (moto con tres ruedas, manubrios y techo) y su conductor (el mototaxista) recoge pasajeros y no parrillero.
 
Corresponde a Sincelejo y demás municipios del caribe colombiano, poner freno a este lesivo fenómeno social que en el diario vivir, desgarra a las familias caribeñas, aumentando los índices de muertes y de accidentalidad.

En conclusión, es necesario que se emprenda el reducir al motociclismo con el mototaxismo, para convertir al parrillero en pasajero.

P.S. Con astucia de serpiente se viene colando otro fenómeno en condiciones similares: UBER y una andanada de destartaladas busetas (PROVISIONAL) expiradas para el servicio de transporte público en Medellín, pero que en la Costa Caribe, como a cuervos que sacan ojos, les han dado asidero.

Bitácora

Las perversidades de la TV colombiana

Por Pedro Conrado Cúdriz

 

“.. quizás porque Caracol piensa que la decencia es una utopía nacional y porque en medio de la mediocridad, la corrupción, el crimen  y el desbarajuste de la sociedad colombiana, ya nadie, según su percepción, es una persona decente.”


“Yo conocí el lujo, fui un dios porque tomaba la decisión de matar a una persona, mejor dicho, me creía un dios, viví al lado de uno de los hombres más grandes del mundo, Pablo Emilio Escobar Gaviria; pues, si hablamos del mundo del crimen era el más grande”, le dijo Popeye a un periodista en 2012, según reportaje de la revista Semana.

De este sujeto- tipo, individuo, criminal, monstruo, sicario, es que trata la serie de Caracol: Alias J.J. En verdad su egolatría criminal está oculta en una parte de su cerebro, en Popeye, rostro y verborrea sociopática, egolatría que le hace creer que él es el personaje y no Jhon Jairo Velásquez Vásquez. Popeye no es el sobrenombre, ni siquiera es el nombre artístico del ser que oculta su patología; es sin embargo, la encarnación del mal, la que Caracol quiere enrostrarle a los colombianos todas las noches, mientras a más de cinco mil víctimas de la máquina de la muerte de Escobar, les regresan a cuenta gotas, todas las noches, la tragedia que vivieron padres, madres, hijos, hermanos, primos, vecinos…

Una amiga me decía en estos días aciagos e inciertos que era tanta la porquería de este país, que quería volverse pájaro para huir de RCN, de Caracol, del Congreso y del Gobierno. “Todos son lo mismo: estiércol”, me dijo.

Pensando en su dolor e impotencia pensé en las razones de los productores de la serie y advertí que no son las mismas razones que tienen el resto de los colombianos, quizás porque Caracol piensa que la decencia es una utopía nacional y porque en medio de la mediocridad, la corrupción, el crimen  y el desbarajuste de la sociedad colombiana, ya nadie, según su versión, es una persona decente.

Los Noticieros de la televisión nacional nos han sobrecargado de tanta inmundicia, tanto en el día como en la noche, que hemos terminado aceptando de alguna manera, cualquier cosa, en esa franja oscura y milimétrica del entretenimiento: narco-novelas, Colombia’s Next Top Model, Polvo carnavalero y todas las tonterías azucaradas y programadas por supuesto, por los que nos gobiernan, en su afán pérfido de ejercer el control social sobre la gente.  

Los de Caracol, en este caso, nos han hecho creer desde su ideología del negocio, que el televidente tiene el control remoto y la voluntad para no ver la serie de Alias J.J. Pero, y son dos preguntas inocentes: ¿Ellos no han tenido  toda la vida el control remoto para dejar de ver las telebobelas? ¿Y han dejado de verlas? 

Los dejo con la apreciación de Omar Rincón, un crítico de medios de la nación: “Si el libreto justifica todo lo que este personaje hizo, hay un problema, porque estaría mostrando que todo tenía una razón de ser, y un tipo tan despreciable como Popeye no debe tener ningún recurso de justificación. Él ‘man’ hizo eso porque es un cafre, mal habido y mala persona”.

jueves, 2 de marzo de 2017

Por el ojo de la cerradura

¡Ni la muerte los pudo separar!

Por Tito Mejía Sarmiento
Convivieron por más de 78 años, prueba del amor eterno que se profesaron que ni la muerte pudo separar y, a decir verdad, ni el mismo tiempo en su cuota inerme podrá cobrar con todas sus invasiones estelares.

El pasado 17 de febrero en la ciudad de Barranquilla, capital del Atlántico, murieron Víctor Herrera De la Espriella (106) y doña Ángela Iranzo Salas (96) con escasas horas de diferencia y juntos levaron anclas, para jamás volver, como en el hermoso poema “La canción de la vida profunda” de Porfirio Barba Jacob.

Que yo tenga conocimiento, hacía años no se daba en el Caribe una conmovedora elegía como esa. Don Víctor y doña Ángela convivieron juntos por más de 78 años en el popular barrio los Andes, en una demostración de infinita y pura ternura  que  sin desvalijar celos pero si condescendencias a la entrega, ansias de vivir y amar conformaron su existencia. Además, ellos se valieron por la naturaleza de los instantes del don preclaro de evocar los sueños en los extremos influjos circunstanciales de la propia vida que, ni la propia muerte que sigue siendo ingenua y triste con su mismidad apasionada   los pudo separar y, a decir verdad, ni el mismo tiempo en su cuota inerme podrá cobrar con todas sus invasiones estelares.

Razón tuvo entonces, don Víctor cuando constantemente repetía a sus familiares y amigos: “El amor y la muerte son engendros de la suerte” o el verso del poeta alemán Klaus Johann: “Contener la muerte suavemente, toda la muerte, aun antes que la vida y eso sin enojo, es indescriptible”. Es decir, Víti y Lilla aceptaron la vida como es, finita, compleja, doliente, porque vivir sin sufrir (envejecer sin hacerse viejo) era imposible.

A pesar de los quebrantos de salud producto quizás de la longevidad, nunca  permitieron  vivir con alguno de sus ocho hijos: Joao (actual alcalde de Soledad), Lao, Víctor, Esteban, Rafael, Zeger, Iván y Roque, importantes profesionales de la Radio, Televisión, Psicología, Literatura y Derecho. “Ellos siempre nos decían que querían vivir solos. Mi abuela Ángela le seguía cocinando a mi abuelo Víctor, le preparaba el desayuno, el almuerzo, la comida. Siempre lo estuvo atendiendo. Nunca se enfermaron, eran unos robles”, manifestó muy conmovido uno de sus tantos nietos Joao Herrera Olaya al portal informativo Zona Cero.

Una de las mayores complacencias  de mi vida es haber sido por muchos años amigo de esta pareja,  haberla visto vivir siempre unida. Me gustaba verla sentada, cuando en nuestra ciudad se podía, en la terraza de su casa, observando con encantamiento  las aves que pasaban en las tardes de sábado que eran muy distintas a las del domingo cuando caía la noche y las luces de los carros comenzaban a encandilar al final de la calle, donde precisamente, una brisa de improviso reposaba una garra y dormía. 

De don Víctor, me queda su dicción bien acrecentada de sus famosas efemérides en el radioperiódico “Informando” que dirigía el gran locutor calamarense, Marcos Pérez Caicedo. Su perspicaz mezcla de  silogismos, sabios consejos, en fin su vasta cultura  y de doña Ángela (Lilla), la bondad y el mar cubano de sus ojos y por supuesto, su prodigiosa memoria para repetir los dimes y diretes de su amado esposo Viti, primordialmente estos tres que le gustaban tanto: “Muchas veces somos felices sin siquiera sospecharlo”; “muchas veces el ciego se aparta del abismo en que cae el clarividente”  y  el pensamiento de José Luis Borges que dice: “La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene”.

¡Que sigan siendo felices, amigo Víctor y amiga Ángela en la propia muerte, hasta cuando la memoria desvalije los recuerdos bajo el peso del silencio!

domingo, 19 de febrero de 2017

La educación, arma fundamental

La educación, arma fundamental de liberación del pueblo…

Por Delia Rosa Bolaño Ipuana
 
La Guajira está en una situación triste y lamentable, ahora el Gobierno central quiere poner control a la corrupción, lo que sorprende es que dicho control  a los únicos que beneficia es a ellos mismos, a los miembros del Gobierno y a sus departamentos, porque a La Guajira solo la exprimen. Ahora con los nuevos hallazgos de petróleo el signo peso se les pintó en los ojos,  pero bueno eso pasa por la inconciencia que hay en La Guajira,  el egoísmo , las trampas, la envidia, el oportunismo, la falta de amor por lo nuestro, pero cuando digo lo nuestro, no me refiero a la plata, me refiero a la riqueza más grande que deben tener los pueblos, que es el amor a su tierra, por su gente, donde se busquen alternativas sabias que beneficien a todos, no  solo a sus familiares y a unos cuantos de la rosca, he aquí las consecuencias de los errores, tarde que temprano todo cae por su propio peso, la invitación es a reflexionar sobre nuestro caso ¿qué nos toca hacer de ahora en adelante? 

Simplemente prepararnos de verdad, trabajar por el bien de todos, educar a nuestros hijos en valores colectivos, a luchar por mantener la imagen y el equilibrio de su tierra, no abandonarla, irse de ella a disfrutar a otros lugares,  se debe disfrutar  de lo que ella tiene aquí mismo, administrar lo nuestro, pienso que cuando se deje de vender el voto y se elija a conciencia, tendremos una Guajira más responsable, con más argumentos y más sostenible, ya que existen las riquezas más grandes de Colombia en ella, el carbón, la sal, el gas, el turismo, y  ahora petróleo, pero nos falta lo más esencial: la riqueza humana, la riqueza de la ciencia, la cultura, sin esta realmente será imposible gobernar lo nuestro.

El poder es para gente sabia, para personas inteligentes, capaces de apartar el interés individual y vivir el un interés social.

En La Guajira se debe dejar la afición por lo realmente necesario, en La Guajira reinan los aficionados,  hablamos muchas veces sin medir las palabras, es un tiempo donde ya no se aguanta mas inconciencia, se debe pensar, no solo en el carro último modelo y la nueva casa que puedo tener con dicho contrato, se debe empezar a visualizar cómo quedaría la imagen del pueblo con dicha obra millonaria, siguiendo con esto no conseguiremos nada, se debe dar pasos, pero pasos de elefantes, que dejen huellas gratificantes, no huellas dolorosas que con el tiempo tú mismo lo lamentarás, solo soy una guajira más , una de esas que trata de aportar bajo las limitaciones que el mismo sistema político, cultural y social que mi tierra ha adoptado, pero sé que el mismo tiempo logrará direccionarlo, la liberación llegará, nos está dando duro, pues educarse no es fácil, pero ella llegara…

martes, 7 de febrero de 2017

Por el ojo de la cerradura

 Pequeña crónica de un asalto
¡Esto es un atraco y el que se mueva, lo matamos!

Por Tito Mejía Sarmiento*
Las manecillas de su reloj de pulsera marcaban exactamente las 5 y 45 de aquella gélida mañana del miércoles 25 de enero de 2017, cuando Rubén Arano, profesor especialista en Literatura Comparada se montó (calle 96 con carrera 42F) en el bus de la línea Flota Verde que lo dejaría cercano a su sitio de trabajo.
Comenzó a interpretar el vasto silencio de una hermosa universitaria que sentada a su lado, fluía ajena todas sus rosas, mientras allá arriba el firmamento intentaba cerrar las últimas pavesas de mil ojos.
Quince minutos después y cuando sonaba fortuitamente la melodía “Pedro Navaja”, interpretada por el salsero Rubén Blades en el dial de una emisora que el conductor del vehículo llevaba sintonizada, se levantaron de sus sillas dos hombres que sincrónicamente gritaron: ¡Esto es un atraco y el que se mueva, lo matamos! 

El más alto de ellos tenía un acento del interior del país, de figura enjuta y era el que más puteaba y amenazaba a los pasajeros, mientras le iba quitando las pertenencias de silla en silla. No se veía un alma en toda la avenida mucho menos un policía. Rubén Arano se puso a reparar de reojo las pistolas de los maleantes, ya que le daban la impresión que eran de juguete, para ver si podía enfrentarlos debido a que había practicado por muchísimo tiempo karate, aquel arte marcial de autodefensa, pero mejor optó por quedarse quieto. 

Nadie opuso resistencia. El profesor entregó su celular de alta gama, además de 50 mil pesos que llevaba en su cartera, ante la amenazante solicitud del maleante. Acto seguido y, en medio de la confusión, el profesor escuchó otra voz con acento costeño en la parte de atrás que le decía: ¡Hey, tú, ponte de pie, no joda! Era el otro asaltante que había cambiado de posición con la velocidad de la luz. 

Rubén notó que la cara del malhechor estaba aporreada por un acné reciente y que su voz salía estimulada quizás por el alto consumo de drogas. Entonces, se dijo para sus adentros, pensando en sus cuatro hijos y en su mujer: “Esta vaina se jodió”. 

- ¿Por qué venías sentado sobre ese libro?, preguntó el antisocial al profesor. 
- Un libro que voy a regarle a una amiga, respondió sin vacilación. 
-Déjame verlo, replicó sorprendido. El atracador abrió el libro y encontró 250 mil pesos que Rubén había guardado en la página sesenta.  
-¿Y le ibas a regalar además del libro, 250 mil pesos, cabrón? Le refutó con una inusitada soberbia.
Por último atino a decirle al profesor: ¿De qué trata el libro? 
-Pues, “El olvido que seremos” de Héctor Abad Faciolince. Trata de la reconstrucción amorosa, paciente y detallada de un personaje que dedicó los últimos años de su vida, hasta la misma noche en que cayó asesinado en pleno centro de Medellín, a la defensa de los derechos humanos, le detalló Rubén ya sin temor, y ante el asombro de todos, incluyendo al propio conductor, que entre cosas, los asaltantes no le quitaron el producido del primer recorrido, dejando una monumental duda entre todos los pasajeros. 
-Este libro también me lo llevo porque puede servirle a mi hijo que está estudiando derecho, atinó a decir al bajarse con su compinche en el parque Sagrado Corazón de Barranquilla.
Al llegar a su sitio de trabajo el profesor se puso a leer un poema del primer libro que encontró en su compartimiento, casualmente en la página sesenta, titulado “Los hijos de la calle” de Tito Mejía Sarmiento:
Los hijos de la calle, los mismos de miradas rotas en el piso, se levantan con el hambre y se acuestan con las estrellas. Muy a pesar de todo, danzan alegres como el dragón que lanza fuego de presagios despiertos por las escalinatas del día. 

*Tito Mejía Sarmiento
Filólogo, poeta, escritor y locutor.
Ganador del Ganador del Quinto Concurso Nacional Metropolitano de Poesía (2001)

domingo, 5 de febrero de 2017

Bitácora

Frankenstein

 Por Pedro Conrado Cúdriz
Alguien llegó, con cosas del pasado, / alguien que habla de ayer ha regresado, / pero aquel que se fue jamás regresa. 
William Ospina, poemario: Una sonrisa en la oscuridad.

 Aquí se inició todo, en la casa de los abuelos, en el patio despejado y abierto a los ojos del mundo, como una vitrina desde donde se podía ver todo. Recuerdo que por dentro, la casa era cuasi oscura, con aire gris y no sé por qué la imagen del tío Lucho resurge de los restos de la cueva de mi memoria con sus equipos de trabajar la madera y no sé si esa realidad era cierta o es una simple imagen de ficción de mi pobre mente del presente. Sin embargo, la imagen de la que sí estoy seguro, es la del abuelo Pifa con su  tabaco en la boca, café, sus manos y dedos llenos de goma amarilla y él rodeado de zapatos usados. La atmósfera era de los finales de los años 60, con la única marca que perdura hoy contra el tiempo y los avergonzados: la de los flagelantes. 

Yo era un chicuelo o un chaval afanado seguramente por encontrar un lugar en el mundo, incierto, invisible, sin otra idea del universo que la que me regalaba precariamente la aldea donde crecí con los miedos de la semana santa, el penitente del otro mundo, el jinete sin cabeza, la muerte de Palmar, la troja, las brujas mutadas en patas paridas o puercas… Ese ropaje rural ha perdurado tanto, que a veces temo el advenimiento de un ser maléfico en forma de cerdo, atravesado en mi camino para no dejarme llegar a ninguna parte. Estos recuerdos sobrevienen a mi mente en el transcurso de la lectura de “El año del verano que nunca llegó,” de William Ospina, en el que el autor logra transmitirnos magistral y poéticamente el terror del nacimiento de Frankenstein y el vampiro, la noche del 16 de junio de 1816. Contra toda la racionalidad occidental, Ospina se atrevió a escribir esta novela para narrarnos el nacimiento del homúnculo, del monstruo sin madre y sin infancia. Leamos al autor: “Así llegamos a la paradoja central de que haya sido engendrado por una mujer el hombre triste que no nació de una mujer… el ser en quien no alienta un alma sobrenatural sino una descarga eléctrica… ¿Qué es lo que nos conmueve de ese ser sino su inermidad y sus soledad espantosa? No haber tenido infancia, no poseer recuerdos…” 

Esta novela me trasladó a los pavores de la infancia, a la oscuridad de la casa, a la oscuridad de la calle, a la oscuridad del patio donde nadie quería buscar y encontrar un juguete perdido, cualquier objeto, cosa, porque el alma se moría del susto y la carne temblaba, los ojos se salían de órbita, el corazón amenazaba con saltar del pecho y la vida se colocaba en vilo por el terror del instante. Estas vivencias se terminaron cruzando con las emociones que inspira “El año del verano que nunca llegó,” con Ginebra, con Villa Deodati, con los poetas Byron y Shelley, con Polidori, con el lago Lemán, con los miles de sueños de Mary Wollstonecraf, con la energía eléctrica, con la locura de unos jóvenes que se morían del veneno juvenil, o con “los horrores del alma” como decía Poe.

jueves, 5 de enero de 2017

Como sombrilla, mi ignorancia

Como sombrilla, mi ignorancia… 

Por Delia Rosa Bolaño Ipuana
 
Iniciamos un nuevo año, un año de cambios, de prosperidad, pero para el gobierno, porque lo que respecta a  los pobres y clase media, cada día debemos pagar más para  mantenerlos y para el pueblo cero pollitos…

La única esperanza que existe, es que estamos a tiempo de reflexionar, comprender que si elegimos a los senadores y representantes es para que sean ellos quienes defiendan nuestros intereses, pero no, ellos llegan se posesionan y buscan sus intereses, se olvidan del pueblo durante cuatro año y vuelve y juegan, regresan a pocos meses para volver a ser elegidos y al pueblo se nos olvida el daño que hacen y se siguen manteniendo en los mismos puestos, que está más que visto es apetecido por los mismos y cuando se les acaba el tiempo, montan a sus hijos y siguen las mismas líneas por los que el pueblo se mata se  friegan  ¿terrible, no?

Todas las leyes apuntan a favor de los mismos gobernantes, nada para el pueblo, estamos en un país donde se nace y muere debiendo a los que elegimos, pero lo terrible es que todo esto se piensa, se analiza y todo sigue igual ante la propia indiferencia, ¡terrible!

Aquí en la Guajira y en la Costa todo está siendo utilizado, las riquezas naturales  explotadas, gas, sal, carbón que  enriquecen a los gobernantes, sí, a esos que elegimos y a los que le pagamos hasta las pisadas.

Imagínense todos los proyectos para ser aprobados por la bien creada  Ley General de Regalías, deben llevar unos parámetros creados por aquellos que “saben más”, mi pregunta es: ¿qué sabrán? ¿Robar con estilo? Si no llena sus requisitos, pailas, como el caso de La Guajira y muchos departamentos costeros y por esto se le debe al Gobierno ¿qué tal?  Por no saber manejar y dirigir las riquezas  propias   han llevado al hueco y  a la miseria al pueblo. El Gobierno tiene una gran deuda con el pueblo y no quiere pagar, voltea la arepa y el pueblo termina  pagando la deuda que tienen con ella, muertos, desnutridos,  voceros falsos buscando sus propios intereses, en fin nada pega con nada, todo es más de lo mismo ¿hasta cuándo? Por ahora hay que pagar el 19% del iva, se volverá hacer filas para elegir en las próximas elecciones a los grandes protagonistas de la historia de Colombia, la famosa ley 100, que fue creada por Uribe pero que su sucesor no la cambia como ha cambiado la Constitución ¿qué tal? ¡Será porque también le conviene?

Se aproximan las elecciones, muchos saldrán a buscar mercados, otros los millones con la que seguirán desangrando al pueblo, pero la pregunta es ¿a quién elegimos? No se sabe, todos son ángeles cuando están en campaña, comen contigo en el piso, tu casa para ellos así sea de cartón es acogedora, llegado el momento de salir ganadores ni siquiera se vuelven a ver carros blindados, vidrios oscuros, guardaespaldas, no te conocen, pero bueno, son elegidos ¿será que somos masoquistas? estamos en Colombia, un país donde estamos los mismos, seguimos los mismos y seguiremos los mismos… mientras seguiré opinando, escribiendo, soñando, gústele a quien le guste, es mi posición como escritora, como colombiana,  analizo y pienso bajo en mi ignorancia o tal vez tome mi ignorancia como sombrilla…

miércoles, 4 de enero de 2017

Por el ojo de la cerradura

¡Cuando la polarización intencional distrae para joder a muchos!
A propósito del video que se ha vuelto viral en las redes sociales,  donde se ve a representantes de la ONU, bailando con guerrilleras de las Farc


Por Tito Mejía Sarmiento

No soy  especialista en temas políticos, pero a raíz de  las repetidas circunstancias que se están viviendo en Colombia con eso de la tan cacareada polarización  y que, un vasto sector de nuestra sociedad no dice nada con relación a ella, entre otras cosas porque los grandes oligopolios  que dominan al país, acolitados de paso por varios medios de comunicación que hacen las veces de genuflexos, lo tienen anestesiado, me he visto en la imperativa necesidad de opinar en esta columna  y eso a mí nadie me lo puede frenar, sobre el efecto sintomático envenenado que está ejerciendo dicha polarización y que se ha venido refractando en determinada dirección  del tejido social del país desde tiempos ha, para joder a muchos, o mejor, a ciertos pendejos que no quieren despertar de su letargo.

A propósito del video que se ha vuelto viral en las redes sociales,  donde se ve a representantes de la ONU, bailando con guerrilleras de las Farc, el 31 de diciembre del año inmediatamente anterior, en unas de las zonas de preagrupamiento en Conejo (Guajira), algunos congresistas y dirigentes  aliados y no aliados del gobierno, que no son dignos de mencionar en esta columna, porque estoy seguro la dejarían impregnada con sus fétidas conjeturas a cloaca, tratan de utilizar el video como un sofisma para que la gente se olvide de la altísima ola de impuestos de la Reforma Tributaria que muy pronto nos ahogará y que ellos mismos aprobaron casi por unanimidad en el Congreso de la República, amén de  los diferentes problemas sociales que han llevado a este país al cadalso en los últimos tiempos de dirigencia Neoliberal. Es preferible, amables lectores, que guerrilleros y representantes de la ONU, bailen entre sí a que pongan a bailar sus proyectiles sobre la población civil. Bien lo dijo Jorge Luis Borges en su poema conjetural:

Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se  dispersan  el día  y la  batalla  deforme,
 y  la victoria es de los otros.

O como dice el poeta Carlos De la Hoz Albor en un poemínimo:

Mejor verles bailar que abalear
Mejor su bla, bla, bla que su bala, bala, bala
Mejor que pongan La bamba y no la bomba
Mejor los símiles que los misiles
Mejor, siempre, siempre, la paz imperfecta
 que la guerra cruenta.

Acabemos de una con esa manoseada polarización peligrosa ya que por lo general, suele estar ligada a la falta de mesura y a la deserción de plática. Cada posición desconoce la validez de la otra, lo que puede derivar en situaciones de intimidación y en diferentes tipos de enfrentamientos violentos. Entonces, como dicen los cubanos:¡Qué sigan bailando hasta que les zumbe el mango!