lunes, 24 de junio de 2019

Bitácora

Los ojos del tiempo

Por Pedro Conrado Cúdriz

“¿Vamos, niña, dime, quién sos vos que apenas muerdes la vida, que le temes al futuro, que no sueñas con el presente. Dime, niña, dónde duele la vida, qué tiene el amor, el absoluto, que vuela lejos de ti. Acaso no sospechas quién eres todavía?” P.T

Si no hubiéramos vivido esta cosa llamada presente, Mary nunca hubiese tenido la oportunidad que le brindó el universo a través de la ventana abierta del tiempo, de decir lo que dijo: “que la vida vale la pena vivirla si tiene sentido.” Lo que no sabe Mary y el resto de las contertulias reunidas en uno de estos días de junio, y en la calurosa mañana del jueves en la biblioteca del colegio, es que para decir lo que dijo, ella tuvo que vivir fragmentos de tiempo de su breve vida. Según su versión, etapas del vivir humano. Es decir, beber en su corto pasado. Ella que apenas es una adolescente con un pie en algo invisible que llamamos futuro, habla por lo que inteligentemente escucha y lee, en ese aburrido objeto del deseo llamado libro. “Antes – confiesa emocionada- no me gustaba leer, no me gustaban los libros. Sin embargo, ahora los disfruto, novela o poesía. Leer me ayuda a imaginar, a recordar, a pensar.” 

Sin recuerdos no hay pensamientos, reflexiono yo mientras escribo este texto. No hay futuro si no construimos el peligroso presente de todos los días, que es una piedra a la que hay que transformar en una obra de arte como hizo el artista del renacimiento, Miguel Ángel. El presente necesita valientes que lo reten o fracturen. La metáfora de la ventana abierta y forzada, ocurre porque un loco se atrevió a ir en contracorriente de la normalidad. Messi (jugador), Yolanda Ruíz (periodista), Iván Fontalvo (escritor) y Margarita Rosa de Francisco (actriz), para colocar solo estos ejemplos, afinaron la roca. El tiempo nos vigila para matarnos o para aplaudirnos. Mary intuye la voluntad de hierro de los valientes, sabe que su lugar en el mundo no se lo ha ganado todavía. Con quince o dieciséis años, la apuesta apenas se inicia. Aunque es necesario tener conciencia –estado de alerta- de los ojos del tiempo, de su mirada escrutadora. Él no acusa, pero mira, observa desde el universo. El tiempo es una sombra, una guía, y nosotros los valientes que enfrentamos el toro de astas finas de la vida. Cada quien sabrá entonces, si tiene fuerzas para arañar los sueños. En Aroma del tiempo, Byung- Chul Hun, alude a la unidad de sentido, a la continuidad no fragmentada. Lo hace para superar el tiempo muerto, o el destiempo, que es cuando alguien vive en el limbo o en una vida de aburrimientos eternos. Sin objetivos de vida. Muerta.  

Nota: Este es un homenaje a las niñas que participan en el proyecto “A veces llegan cartas,” en el colegio Nuestra Señora de Fátima, en Sabanagrande, Atlántico

jueves, 13 de junio de 2019

Por el ojo de la cerradura

Una reflexión sobre el olvido que no seremos                                                                                                                                
Por Tito Mejía Sarmiento

Admito con sinceridad que cuando me piden escribir sobre quien en vida fue un amigo, en este caso tan popular como Dimas Fontalvo Escorcia, el licenciado en Matemáticas que  falleció hace un mes en Santo Tomás, dejando un profundo dolor en el alma de muchos de sus habitantes, mi cabeza comienza en el acto a dar vueltas en  todo su contorno con el único propósito de organizar desde su principio, nudo y desenlace toda la naturaleza real y necesaria del mismo Dimas,  para no caer en ponderaciones o desaciertos que pudieran herir de alguna manera, la susceptibilidad de los suyos y conocidos. 

A pesar de tratar y conocer por mucho tiempo a Dimas, apelo primero a la reflexión de varios de sus estudiantes en la Institución Educativa Técnica Comercial de Palmar de Varela, quienes escucharon durante más de 20 años, la eficacia de sus enseñanzas con un estilo pedagógico elegante y muy particular, sobre todo acompañado de un equilibro emocionalmente muy humano que cautivaba la atención de los mismos educandos. Según ellos, el profesor Dimas los trataba como a sus propios hijos e incluso sacrificaba uno que otro sábado en familia, para explicarles humildemente con la lógica proposicional de su sabia experiencia, algunas dudas en las implicaciones Tautológicas y de Física Cuántica proporcionadas en clases.

Y como la razón a veces requiere de recogimiento, de edificar el propio silencio para recordar lo que no se desea olvidar, me parece ver ahora en estos instantes de presente histórico, al amigo Dimas caminando sonriente las calles de mi pueblo con un libro en su mano derecha, con una elegancia de pavo real impecable, sin caer en la jactancia o creencia popular de que todo aquel que porta libros es un empedernido lector. 

En mis retinas está aún instalada la imagen de Dimas con su cuerpo en su totalidad brotado producto de una varicela que le dio, acompañado por sus hermanos Moisés y Jacob, llegando a una mesa de votación para apoyar la candidatura de Nelson Mejía a la alcaldía de Santo Tomás para el periodo constitucional 2004- 2007, en el más noble acto de admiración que jamás se haya visto  hacia determinado candidato por estos lares. Les confieso que desde aquel domingo de octubre electoral, Dimas se metió para siempre en el corazón de la familia Mejía Sarmiento, en una especie de eternidad contenida. Mi padre César Euripides y mi madre Eloina lloraron por más de 20 minutos seguidos en casa, cuando comentaban conmigo la sensorial ocurrencia de Dimas, en aquel puesto de votación planificado en esa oportunidad en el colegio Oriental.

A veces también lo veo al lado de Pedro Fontalvo Ojeda, luciendo con orgullo el uniforme del equipo de fútbol “Los profesionales”,  mientras ensayaba tácticamente un pase de crack como buen back central que fue, en la cancha Peldar, sediento de que el partido empezara.

…Y cómo olvidarlo por ejemplo cuando en  una noche de semana santa por los años 70s, con un cielo tachonado de estrellas, en el teatro Atlántico de la población, repleto en todo su aforo, se proyectaba la película mejicana “El mártir del calvario” con el actor Enrique Rambal como protagonista. Dimas estaba sentado con su hermano David en una de las tantas bancas de madera que se solían utilizar para esa época y, como por arte de magia, Dimas hizo un giro hacia atrás  y comenzó a llamar  para cederles los puestos a dos señoras de avanzada edad que permanecían de pie, mientras yo sentado al lado de mi novia de ese entonces y cuyo nombre no quiero revelar por obvias razones, nos moríamos de la pena muy cerca de ahí.

Pero él ya no está físicamente con nosotros, el 13 de mayo de 2019, su esposa Margarita Mora Beleño y sus camadas: Dimas José, Antonio David, José Alejandro y Jennifer lo vistieron con su mejor prenda, el pueblo le dijo consternado adiós, cada asistente al sepelio lo sintió a su manera. Ahora el espíritu de Dimas responderá por las noches en un dialecto que solo los suyos entenderán y lo más seguro se “paseará por toda la casa en busca del agua de la vida, sin saber quién cerró el grifo para siempre”, como dice el clamoroso verso del poeta chileno, Jaime Ignacio Magnan Alabarce.

Entonces, pregunto: ¿Cómo olvidar a un amigo, amigo como el que acaba de morir, con unas cualidades fundamentales y no tan comunes en una sociedad actual de ternuras difíciles, donde además los principios y valores humanos agonizan cada día? Quizás ahora me entiendan evidentemente, el título de este panegírico y, a manera  de  colofón les dejo este poema de mi autoría:

Prohibido olvidar
Ninguna avalancha destrozará la recordación
de los míos que ya no están,
así los minutos que estipulan el curso de los días
a través de la metáfora del tiempo,
consuman el acoso de las horas muertas,
y las palabras que oprimen el silencio
cuando menos las esperamos
en las noches de las ventanas cerradas,
sin querer, deshabiten la presencia por completo con asombro,
en una sola determinación hacia la eternidad.
Entre tanto, seguiré en mi intimidad secando lágrimas,
a pesar de que otras consideraciones embellecen el luto
sobre la arena pisoteada cuando las oraciones santifican las alturas
para mitigar y ocultar las heridas...

Santo Tomás, 13 de junio de 2019

viernes, 31 de mayo de 2019

Bitácora

EL CONCIERTO DE LO PEQUEÑO

Por Pedro Conrado Cúdriz 

Al igual que Ernesto Sábato en uno de sus ensayos de La Resistencia celebra lo pequeño consciente del poder esperanzador y eclosivo de lo nimio en tránsito a lo grandioso, Pedro Conrado Cúdriz encuadra su trabajo, en este caso en su nuevo poemario "Concierto de lo pequeño," en los mismos cánones del autor de El Túnel.

Más prosaico que siempre – no por eso menos poético – enfrenta esta vez su inveterada lucha con las palabras muy consciente que en una gota de lluvia o de rocío, podría encontrar la luna con sus antorchas de luz para los hombres, o el espléndido mundo derramado de aquel cielo roto que fractura la cordura de los dioses.

Es Conrado Cúdriz un iconoclasta muchas veces confirmado a lo largo de su obra, casado, especialmente en su poesía, con el mundo sentenciador de los aforismos como forma certera y definitiva de llamar las cosas.

De Pedro disfruto mucho su poesía amparada en la brevedad del verso y el poema para recordarnos con Baltasar Gracián, que, lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Esta brevedad anclada en la economía de las palabras es el punto de partida y el seguro derrotero en que se afianza la poética de nuestro autor para transitar limpia, hermosa y sin obstáculos por el complejo mundo de la lírica y la palabra comprometida de todo creador que ambiciona un sitio de honor entre los otros.

Muy certero en su producción nos resulta el poeta al reafirmar su empeño en el lenguaje como si moviera fichas apenas perceptibles, hasta alcanzar la más alta y hermosa edificación para tocar el cielo, cielo derramado de estrellas en el universo del poeta, hecho a punta de imágenes, metáforas y sensaciones para develar el sueño del que están hechos los poetas y por extensión la médula de su poesía.

En su intento por el logro del poema Pedro se siente “dueño de lo construido” y asume su compromiso crítico y vehemente, aunque a veces sea la hipótesis de un hombre malogrado como Kafka, pero preguntando por los sueños para respirar la tarde.

Al acercarnos a la lectura de este poemario, concluimos que esta poesía nace y crece como las plantas, de lo más pequeño hasta hacerse milagro en el aire con las ramas extendidas hasta lo infinito y estallar en la altura para que todo el mundo recoja, en su caída, los más altos frutos del poema.

Mi casa

No hay planos ni estructuras de hierro
ni  techos ni puertas,
solo el mundo con su cielo roto.

La hormiga

La hormiga no sabe qué hacer
con tanta superficie terrestre
la tienta el infinito
y solo la paciencia animal la calma
la paciencia de piedra del tiempo
del que están hechos los árboles.

Otra vez el mar

En medio del sueño,
una voz ahogada
susurra la palabra mar
y ella sueña con desiertos infinitos,
cuando despierta no sabe quién es,
ni dónde está,
Poco importa:
las caracolas, la orilla y la arena son suyas.
                                                                   
                                                             Concepción Martes.
                                            Polonuevo, mayo de 2019

miércoles, 8 de mayo de 2019

Por el ojo de la cerradura

“Todo está podrido, pero huele bien”, la novela que no se logró publicar

Por Tito Mejía Sarmiento

A raíz de su  fallecimiento, el pasado mes de abril de 2019, el escritor, periodista y compositor, Juan Carlos Rueda Gómez, no pudo ver cristalizado el sueño de publicar su primera y única novela “Todo está podrido, pero huele bien”. “Juanca” como se le conocía en los medios radiales, impresos y televisivos, me dio la oportunidad de que leyese, corrigiese y analizase su obra escrita en borrador y de ella extraje una pequeña síntesis que en su momento le envié al correo:

En esta, su primera novela, el escritor colombiano Juan Carlos Rueda no utiliza  la técnica tradicional de configuraciones narrativas, pero hace reflejar de entrada al mejor  estilo de Jodi Ellen Malpas y Julio Cortázar, que sus personajes no pierdan enlaces ni coincidencias del tiempo al momento de transitar por la misma narración, permitiéndole al lector no separar sus ojos activos de la historia, que ocurre, a propósito, en una ciudad del Caribe que se convierte, dicho sea de paso, en una burbuja muy particular con un referente netamente erótico, en medio de un mundo de crueldad y dolor en que viven muchos seres humanos  quienes, aunque formen parte de una familia, de un grupo social o de un gremio, realmente viven solos en medio de la multitud y terminan siendo víctimas de su propia ruindad,  mezquindad sin límites…  Y, por qué no decirlo, de su inusitada irresponsabilidad frente a las personas vulnerables, a quienes ignoran porque están demasiado ocupadas en satisfacer sus necesidades, lujos y ambiciones personales: “Por un lado una joven de buena familia llamada Érika, criada con todas las comodidades, educada en un buen colegio y una excelente universidad, anda jugando a la femme fatale, a la hembra liberada que decide acosar a un profesor universitario, Freddy Jiménez para que la desvirgue. 

Por el otro, Astrith, una niña pueblerina de doce años, indefensa, huérfana de padre, que es presa fácil de unos desalmados paramilitares que la someten a todas las vejaciones posibles.

Además de la  aquiescencia y celibato de Jesús Adrián, párroco de la iglesia que ama muchas mujeres en el propio confesonario. 

Por último,  Isaura  y Vanessa,  mujeres que lo contemplan todo por amor  y que no tienen más opción que interpretar a la fuerza un  rol para el cual no les han permitido siquiera ensayar. Mucho menos negarse a aceptarlo bien a fondo con un escenario donde cada día y cada noche todo se va pudriendo, inevitablemente, inexorablemente aunque huela bien”.

Todo está podrido, pero huele bien” es una novela contemplada en el telescopio que desarregla y arregla los fragmentos para hacerlos una totalidad fascinante. Entonces, más allá de nuestra realidad y del pretexto premonitorio del desenlace político y erótico, esta obra nos hace mirar en un espejo donde solo logramos enturbiarlo.
Posdata: Ojalá, uno de sus hijos toque puertas y logre el objetivo de publicar la novela para que la memoria de Juanca siga cazando historias.

domingo, 21 de abril de 2019

Bitácora

La risa

Por Pedro Conrado Cúdriz

“Cuando la risa es genuina (…) revela una conciencia mayor de las cosas…” Paul Brito

No voy a mentirles, el texto que leen lo inspiró Paul Brito, concretamente su artículo “Lo cómico como sensor cósmico,” publicado en el magazín de El Heraldo, este domingo inmediatamente anterior.

Uno supone que la risa es la expresión de una persona espiritualmente saludable. Sin embargo, la escamosa realidad contradice esta aseveración común. Porque la risa es humana.

Y no es poseedora exclusiva de ella ninguna de las clases sociales que integran la clasificación de las sociedades del capitalismo occidental.  Ningún sujeto, pues. Los pobres se ríen, los más pobres también. Los ricos se ríen, los más ricos también. Cierto, la risa es profunda y en exclusividad humana.

La risa es la explosión espiritual de un alma libre. Expresión de aquel ser que sabe que reírse es una venganza contra un día tan terrible como aburridor. Esa es la razón por la que los psicólogos, los psiquiatras, los filósofos y los sociólogos dicen que reírse es liberador. Distensiona, desestresa y rompe la fuerza de una tensión acumulada en el cuerpo. Tensión-energía en voltios extraordinariamente negativos. 

La risa le abre un paréntesis al dolor, al sufrimiento, al tedio. “Vamos, hombre, refiere un chiste para reírnos,” le dice uno al cuentachistes de la cuadra. Y cuando éste inicia ya hay más de veinte tipos alrededor del humorista, prestos a romper por un rato, la quietud de las horas de la arrebatada abulia.

La risa es levedad. Italo Calvino en Las seis propuestas para el próximo milenio, cuenta una historia, que más bien es una metáfora del quite, una manera de zafarse del peligro o del peso de la realidad. Cuando Guido Cavalcanti es perseguido por el grupo de Micer Betto, aquel vuela entre las tumbas para poder liberarse de la persecución. La risa nos quita de encima el peso del mundo por unos instantes. Es una liberación de la conciencia petrificada por el miedo. Es como la tensión creativa del artista, que bajo su inspiración se olvida de la realidad que lo tortura.

Desde la primera carcajada hasta la última, la risa es una experiencia emocional humana, impracticable por los rígidos sujetos de la moralidad, los fanatismos y los tiranos. Porque incluso, la risa es peligrosa. Recuerden la novela de Eco, El nombre de la rosa, y los crímenes ocurridos en una abadía por el afán de ocultar el libro de la risa.

No se escoge la hora para reír. Pero mi cuñada, Miriam Berdugo, cuando aterriza en Santo Tomás, busca a sus hermanas y a un jovencito de la cuadra, Alcides, para reír a carcajadas con las historias, que el muchacho le repite cada vez que viene al pueblo. Sus carcajadas alcanzan decibeles increíbles, que el vecindario ríe al compás de las olas del movimiento de sus gargantas y cuerpos.

La risa es un hachazo en el centro de una realidad abrumadoramente pesada o acartonada. Los lectores de los cuentos de Cortázar reconocen el hachazo o el nocaut en sus historias. Es la sorpresa, lo inimaginable, el final impensado. Por eso nos reímos con el chiste, porque nos desestructura del mundo serio de lo cotidiano. Le abre un boquete para la burla. Acuérdense de Mafalda y su afán de ridiculizar la vida adulta, el mundo. Ver a la vecina caminar emperejilada y luego tropezar para caer a tierra, no evita la vergüenza y menos que soltemos los perros de la risa, que en aquel instante parece una intrusa.  Como el dolor y la pena que origina el difunto en la familia.    

domingo, 7 de abril de 2019

Por el ojo de la cerradura

La eternidad de mis muertos de abril

Por Tito Mejía Sarmiento

Estoy convencido de que los seres queridos a pesar de estar muertos nunca abandonan a los suyos; una vez finados pasan  a un estado de luna; van a donde quiera que uno va. Nuestros difuntos solo mueren cuando lo separamos de la mente. A ellos, los hospedamos en nuestros sentidos. Allí los eternizamos” (Ese otro silencio, novela de Luis Payares Mercado)

Al morir mi padre César Eurípides (11/4/2011), mi madre Eloina (18/4/2017) y mi hermano Nelson (29/4/2004), como extraña  coincidencia en abril, en el acto comprendí que la eternidad de esos seres queridos, yo mismo la domaría. A partir de esos dolorosos instantes, construí mi propio silencio y empecé a desenredar la madeja de los recuerdos de cada uno, mientras los años han seguido viviendo prisioneros en cualquier reloj de pared o pulsera, inexorablemente:

De mi viejo, me hace falta el abrazo que me daba cada vez que llegaba a Santo Tomas, sus pasos parecen cruzar ahora los míos y la existencia de su cara se está dibujando cada día más  en la mía,  mientras las huellas de la vida quedan impresas en los ojos del alma para siempre con sus lágrimas furtivas y rebeldes. Además, me parece verlo sentado bajo la sombra del perfumado tamarindo en el patio de la vieja casa, al lado de mi madre, tratando de jugar múltiple veces a cautivar un beso hasta cuando el último rescoldo de la destartalada hornilla se esfumara con el alba. Lo veo pensativo, reseñando en su libreta de apuntes con un agrado preeminente sobre el zarandeo del tiempo, el primer aguacero de cada año. Vivo está el recuerdo, cuando se paraba frente al espejo para peinarse y verse así mismo su abultada y plateada cabellera. Prohibido olvidarme de los momentos cuando mi viejo amado trataba de dormir a uno de sus nietos en sus piernas, silbando la famosa canción “El chupaflor” de Alejandro Durán, que tanto le gustaba, al filo de una encrespada madrugada de octubre. 
Hay noches, papá, donde sueño que soy aquel niño delgado, travieso, que tú mandabas a regar casi todas las tardes a las cinco en punto, el jardín para ver crecer el carnaval de mariposas alrededor de una flor abierta. Extraño tu prístina inteligencia y tu lucidez extraordinaria hasta en los últimos segundos de tu vida, viejo César, tanto así, que dejaste clavada en mi memoria aquella lacónica  frase cinco minutos antes de morir: “En abril, hijo mío también crecerán las esperanzas".

Manifiesto que en esta bandeja de palabras, uno tiene que deshacerse de sí mismo por entre la piel que lo eriza con los recuerdos ahora de mi vieja Eloina: me he sentido muy solo ante su huida, en íntimo cumplimiento porque  ya no se extienden los brazos que me acunaban, mientras las narraciones de hadas robustecían mi ilusión. Me hace mucha falta su ramillete de alegría que solía salir de sus negros ojos a cada instante; y para decirles la verdad, me he tenido que beber yo solo todos estos años, la taza de café hirviente que casi siempre compartía conmigo en las noches de frío invierno y, lo más duro de todo esto, es que ya no siento el rítmico latir de su noble corazón en mis oídos.

Si mi vieja linda supiera, lo duro que es vivir sin ella, estoy seguro que resucitaría en estos precisos instantes. Yo que siempre la veía al frente del televisor intercambiando diálogos imaginarios como si fuese una actriz más de una de las tantas telenovelas nocturnas que no se perdía, en medio de un juego de perfidias y asombros, como una disputa de ocurrencias o desplantes, mientras mi hermana Vilma se moría de la risa viéndola actuar sola.
El tiempo transita ahora entre nosotros sin notar ya sus constantes risotadas, esas mismas que penetraban en toda la casa cuando todos sus hijos, (as), nietos(as) la visitábamos o cuando la sorprendíamos comiendo cuanto mango caía en sus manos, mientras charlaba con una de sus vecinas en la terraza.

La vida,  desde aquel aciago 29 de abril de 2004, continúa despiadada para toda la familia, sin que el sol de verano la disuelva. Ahora, mi hermano, el médico Nelson no está, fue asesinado frente a las instalaciones del D.A.S., en Barranquilla, pero en este mes de abril del 2019, lo visto con su mejor camisa deportiva amarilla, esa misma que en tantas campañas políticas lució, seguido por múltiples amigos(as), producto de su inigualable carisma. Es que mi hermano Nelson como bien lo define el escritor Ramón Molinares Sarmiento: “Él era un médico que nació con un corazón de puertas abiertas por donde entraba todo el que quería, a cualquier hora del día, noche o madrugada sin pedir permiso y sin pagar cinco centavos. Todavía es la hora que a Nelson lo ven también entrando de puntillas en sus sueños las muchachas que lo amaban porque era un hombre bueno, un médico de ojo clínico certero, un varón generoso y buen mozo”. 

Ahora el espectro de Nelson sólo reconoce al único universo que habita: Yaure, África. (Leer el libro “A veces llegan cartas”). Las balas asesinas del Estado no lo dejaron como lo  manifestara para la prensa, el sociólogo y narrador Pedro Conrado Cúdriz: “Nelson quería  vivir 100 años, en su amada tierra tomasina, (él me lo dijo en cierta ocasión), tiempo existencial nada despreciable en un país como Colombia en guerra eterna. Él me reiteraba que quería morir, un viernes certero de fiesta, morir de viejo como sus abuelos. Pero no lo dejaron, no lo dejaron alcanzar la placidez y la sabiduría de la vejez”.

Todos los días de cada año, el cristal de la reminiscencia me devuelve los rostros de mis muertos de abril, y en ellos descubro, que la muerte no es un juego de niños, sino un fuerte muro  que hay que derribar para acabar en el acto con todos los mitos que habitan en su oscuro  interior,  sin experimentar miedo e insensatez y así lograr definitivamente, una eternidad domada que se expanda hacia el infinito a pesar del breve tránsito de cada ser amado nuestro.

miércoles, 20 de marzo de 2019

UN POCO DE POLÍTICA, CULTURA, EDUCACIÓN Y DIOS

UN POCO DE POLITICA, CULTURA, EDUCACION Y DIOS

Por Delia Rosa Bolaño Ipuana

Son las 7:43 a.m., me encuentro sentada frene a mi escritorio meditando un poco sobre nuestro sistema social, político, cultural, ambiental y humano que hemos venido construyendo para limitarnos y crear diferencias.

En lo social las diferentes clases sociales, ricos, pobres y la clase media, todo esto con el fin de ubicar según la categoría económica y educativa a cada grupo de personas, pero a pesar de todo nos adaptamos a nuestro entorno, a nuestras diferencias, hay personas muy humildes que son felices en su medio, no necesitan tener riquezas, ni títulos, ni maestrías o que los conozcan, la naturaleza es tan precisa que solo requiere alimentarse y desarrollarse según su medio y así cada clase lucha por conservar su posición social, los de la clase media luchan por estudiar, prepararse y enfrentar las competencias y mantenerse, nunca bajar.

Los ricos luchan por ser cada vez más ricos, porque sus hijos continúen con la riqueza y mantener su estatus.

 Los políticos se han convertido en un tema social  preocupante, los que el pueblo elige, a los que lleva al poder, luego se escucha el lamento ya no  quiere soltar el poder,  así sea que en su vida política no haya hecho sino enriquecerse, pero lo mas triste es que quienes permiten esto son los electores, ya que, lo que hacen es pedir dinero a titulo personal a cada candidato, nunca se une un grupo a pedir a este, que  gestione desarrollo comunitario, se van al individualismo y al egoísmo, entonces saturamos tanto al candidato y ahora político elegido que, lógicamente, llegará a multiplicar lo que dio para ganar.

Entonces ¿de qué nos quejamos? 8:56 a.m.

En cuanto a lo cultural hay ventajas y desventajas en nuestro medio, los que dirigen la cultura en su gran mayoría son puestos por los políticos que se han elegido y de los que ya comenté, de alguna manera la cultura se convierte en una de las fuentes de reembolso económico y ambos se benefician, comúnmente colocan a parientes, familiares y por eso vemos a las mismas caras o alguien que tuvo que ver con el anterior director, lo total es que no se le permite a otro entrar, se necesita mantener la riqueza y el estatus social, los vemos hablando de cultura y  en este mundo así no tenga ni mínima idea de lo que esto significa, y los que llevan la cultura en su sangre trabajan solos, no son de interés para ningún director de cultura y menos para su jefe político, porque no les interesa gastar según ellos, no sabiendo que cuando apoyan a los artistas, los verdaderos dueños de la plata, están generando riqueza al departamento, desarrollo, están es invirtiendo para que se acabe la mendicidad enseñan al pueblo hacer competente desde su habilidad artística, a traspasar fronteras, claro que hay interés a fondo, mientras el pueblo es ignorante y frustrado  no habrá quien  me reemplace en el poder, yo lo seguiré sometiendo, de alguna manera así veo la cultura en La Guajira frustrada por los mismos y los mismos, caso parecido nuestro hermanos de  Venezuela.

En lo ambiental hay mucha contaminación producto de nuestra ignorancia ambiental, con solo tirar un papel, bolsa o basura ya eres también causante de la muerte de nuestro ambiente.

Y en lo humano el deterioro de los valores vive en su máxima expresión, no hay vergüenza en nada, el descaro político de quienes roban y roban y quieren ser aplaudidos y ni se diga a algunos funcionarios, a los lideres de las iglesias que hoy se creen Dios y se la pasan pidiendo el diezmo con único paso de salvación y muchos que por falta de identidad le lamen los pies, Dios mío, una vez me preguntaron unos hermanos en cristo, esto: ¿usted sabe por que Jesús no ha venido? Le respondí, no, pero me lo imagino -¿que imagina? me dijo uno de ellos- que no va a venir, por este mundo tan vacío, que hasta su nombre usan para enriquecer y sujetar a los débiles, cuando realmente cada persona lo busque de verdad ese día volverá, lo veo difícil y así como vamos menos, ya que hasta en la iglesia está  yoluja (diablo). Son las 9:45 a.m. mejor no sigo porque se me puede salir el…

miércoles, 13 de marzo de 2019

Por el ojo de la cerradura

El magnetismo creativo del fotógrafo  Gilbert Agámez o  
La unión de traslación de un poema con una fotografía                            

                         “La fotografía es, antes que nada, una manera de mirar. No es la mirada misma” 
                    Susan Sontag (escritora, novelista, filósofa y ensayista, profesora, directora de cine y guionista estadounidense)

Por Tito Mejía Sarmiento

He sido testigo desde tiempo ha, del significativo profesionalismo de Gilbert Agámez al momento de oprimir el obturador para capturar momentos trascendentales que hacen distinción  al género  fotográfico, con el único propósito de revalorarlo críticamente desde la configuración de nuestros días, sin perder como es lógico su identidad
tradicional. Cuando usted observa con detenimiento, por ejemplo, una fotografía tomada ya sea  con una cámara análoga o digital por Gilbert Agámez, tácitamente queda magnetizado, y esto lo digo no por ser su amigo, porque por encima  de los
obligaciones amigables, está  el compromiso con la palabra o mejor con el propio arte de la fotografía. Además, porque tengo entendido que para este veterano fotógrafo del Caribe Colombiano que se ha paseado
por diferentes países del mundo por más de 40 años, captar momentos desde cualquier ángulo, regocijarse del fotoperiodismo y las artes visuales,  es una pasión, una forma de alimentar su propia vida y eso de hecho vale un potosí. En una ocasión, Gilbert me manifestó que “cuando él iba a tomar una fotografía, lo primero que se le venía a la mente era el suceso, la memoria histórica y el sentir que podría reflejar dicha fotografía en la cotidianeidad como un realismo por encima de una simple mirada”.


Esto proporcionalmente es lo que equivale digo yo acá, a la unión  de traslación de un poema con una fotografía para hallar lo que se busca y se espera, donde el poema precisamente, particulariza y sugiere en cambio la fotografía expresa y desabriga cuando no es tangible. ¡Adelante comandante, Agámez y que mejor hablen las fotos por usted!

miércoles, 13 de febrero de 2019

Mi Guajira mágica y sorprendente

Mi Guajira mágica y sorprendente 

Por Delia Rosa Bolaño Ipuana 

Son las 4:00 p.m. Estoy escuchando los diferentes ritmos que contagian a uno de esta Guajira sorprendente, de su magia, su grandeza esa que nos cuenta Cerrejón, una de las empresas más importantes no solo para la Guajira sino para Colombia y el mundo.

Estuve en una socialización de sus aportes al departamento en el que fui invitada como uno de los líderes del departamento, como esa más que de alguna manera quiere el bienestar total en todos los campos.

A punto de un cierre que nos preocupa a todos, una empresa critica más que exaltada, el agua es uno de los temas que esta empresa ha cuidado y a la que han querido someter por la misma.

Escuchar comentarios como Cerrejón se robo el agua del río Ranchería y me pregunto ¿y ese que corre qué río es? ¿Qué intereses particulares ha habido? Comentarios como estos que he escuchado nacional e internacionalmente me dejan a veces sin palabras, los niños de la alta Guajira se mueren de sed porque Cerrejón se robó el río Ranchería, desvió tal río y por eso no llega agua a la alta Guajira, nuevamente me pregunto en la alta Guajira ¿cuándo ha habido río? ¿Qué interese hay, por Dios? La falta de estrategia tal vez como estas que hemos planteado muchas veces como desalinizar agua del mar para que sea apta para el consumo humano,  es obvio que los administradores de turno no han pensado seriamente en esta estrategia y muchas que le permita llevar uno de los servicios básicos a su comunidad, pero lo más fácil es decir que Cerrejón le corresponde, ellos que son poderosos, pero reflexiono, claro que sé que Cerrejón tiene una gran responsabilidad y hasta el momento la ha cumplido y es nada más  que las regalías que antes eran administradas por los gobernantes de turno de la Guajira no de forma eficaz, pero al menos no se registraban cifras de niños muriéndose de hambre ni de sed, pero llego nuestro premio nobel y le quitó a la Guajira su recurso y creó la famosa ley General de regalías, ya había hablado antes de este tema, pero me veo obligada a recordar que las necesidades comenzaron a notarse al 100% desde la gran idea de Santos y por otro lado Hugo Chavez en su momento empezó a cerrar fronteras generando un caos total entre la gran nación que comercializaban entre ellos.

Cerrejón no puede actuar solo, no ejecuta proyectos independientemente del estado, tienes normas también que los regula, sin embargo bajo sus limitaciones hacen y ellos también deben preguntarse como muchos Guajiros ¿y la plata que se hace? porque no se invierte en la educación, en estrategias para llevar agua, en salud, en bienestar social y cultural con todo ese recurso la Guajira estuviese super desarrollada ni Dubái, se pierde en el gobierno central y antes en los gobiernos locales, me sigo preguntando ¿qué tal si a Cerrejón le tocara manejar esos recursos, invertirlos en la Guajira estuviéramos mejores? No lo dudo, porque Cerrejón ahí ha estado empleando a miles de guajiros, capacitándolos a ellos y a sus hijos, soy maestra y para educar a un hijo debo endeudarme con ICETEX, tenemos un alto capital humano en la Guajira en su mayoría educados por el 90% que se Cerrejón otorga a sus educación profesional de sus hijos entonces otra pregunta de las muchas que me acompañan ¿cuándo cierren Cerrejón, qué pasará con los empleados directos e indirectos que esta empresa tiene? De seguro ya ellos están creando estrategias para no dejarlos en nada.

Ah, aclaro, esa es mi opinión sobre los pocos años que tengo y que más que convertirme en juez lo hago desde mi visión real y coherente con la verdad. 

Son las 6:00 p.m. y les digo que me siento  orgullosa de pertenecer a esta Guajira rica, mágica y sorprendente que se divide en Guajira baja, máxima vegetación, Guajira media, máxima riqueza carbón y gas, Guajira alta, exótica por su mar Caribe ¡qué sorprendente mi amada Guajira¡

domingo, 3 de febrero de 2019

Por el ojo de la cerradura

El dolor de ausencia

A la memoria de Edna Bolaño Borja

En el diario desordenado de la vida en el que se barajan alegría y dolor, este último parece eternizarse más en nosotros a través de los años, cuando se trata de la partida de una persona amada y apreciada, como es el caso de Edna Bolaño Borja, quien fuese arrollada violentamente por el conductor de una un moto, cuando hacía su acostumbrada caminata sabatina (26 de enero de 2019) en horas de la mañana, acompañada de varias amigas y el instructor deportólogo, en la vía circunvalar de Barranquilla. Durante tres días internada en la clínica, en algo anormal, la muerte con su negra guadaña y su rastro de sombras se sentó a su lado, a esperar, hasta que por fin se la llevó el  lunes 28 de enero de 2019, en horas de la tarde.

La muerte, como un acto real y natural de todo ser humano transfiere la realidad para buscar una duración en los recuerdos, por eso yo me quedo con la perdurable sonrisa de Edna, su particular manera de hablar que exploraba en cada milímetro de cada palabra, anteponiéndole el artículo definido con tanta humildad al nombre propio de  toda persona que quería llamar: “el Ricardo ese, se fue ayer para Bogotá sin desayunar porque entonces y que perdía el vuelo, la Jerime bonita , la Diana que parece rabiosa como su papá Cipriano, pero no lo es, la niña Edna Margarita se la pasa comiendo a cada rato, la Cinthya trabajadora” y por supuesto, con el encantamiento suyo frente al espejo grande de la casa, al momento de maquillarse, tratando de hallar un rostro como toda mujer, más hermoso de lo que se supone.

Pero Edna ya no es río porque no moja, no es mar porque no  levanta sus olas, es solo una laguna porque descansa en paz. Ya no está con su evidencia tangible, se fue más rápido de lo que pensábamos, o como dice un muy humano verso del poeta mexicano Hernán León Velasco:

Se le fue  la vida como un pedazo del tiempo enloquecido,
dictándonos otra vez el albur de su juego
en el estricto horario de los días los años y los sueños rotos

¡Hasta siempre, cuñada Edna Bolaño Borja y ten la absoluta seguridad que, todos los que te conocimos, te vamos a perpetuar mientras haya vida o hasta cuando las cometas no puedan levantar su vuelo con la brisa de agosto!

Tito Mejía Sarmiento
Santo Tomás, 30  de enero de 2019