miércoles, 8 de mayo de 2019

Por el ojo de la cerradura

“Todo está podrido, pero huele bien”, la novela que no se logró publicar

Por Tito Mejía Sarmiento

A raíz de su  fallecimiento, el pasado mes de abril de 2019, el escritor, periodista y compositor, Juan Carlos Rueda Gómez, no pudo ver cristalizado el sueño de publicar su primera y única novela “Todo está podrido, pero huele bien”. “Juanca” como se le conocía en los medios radiales, impresos y televisivos, me dio la oportunidad de que leyese, corrigiese y analizase su obra escrita en borrador y de ella extraje una pequeña síntesis que en su momento le envié al correo:

En esta, su primera novela, el escritor colombiano Juan Carlos Rueda no utiliza  la técnica tradicional de configuraciones narrativas, pero hace reflejar de entrada al mejor  estilo de Jodi Ellen Malpas y Julio Cortázar, que sus personajes no pierdan enlaces ni coincidencias del tiempo al momento de transitar por la misma narración, permitiéndole al lector no separar sus ojos activos de la historia, que ocurre, a propósito, en una ciudad del Caribe que se convierte, dicho sea de paso, en una burbuja muy particular con un referente netamente erótico, en medio de un mundo de crueldad y dolor en que viven muchos seres humanos  quienes, aunque formen parte de una familia, de un grupo social o de un gremio, realmente viven solos en medio de la multitud y terminan siendo víctimas de su propia ruindad,  mezquindad sin límites…  Y, por qué no decirlo, de su inusitada irresponsabilidad frente a las personas vulnerables, a quienes ignoran porque están demasiado ocupadas en satisfacer sus necesidades, lujos y ambiciones personales: “Por un lado una joven de buena familia llamada Érika, criada con todas las comodidades, educada en un buen colegio y una excelente universidad, anda jugando a la femme fatale, a la hembra liberada que decide acosar a un profesor universitario, Freddy Jiménez para que la desvirgue. 

Por el otro, Astrith, una niña pueblerina de doce años, indefensa, huérfana de padre, que es presa fácil de unos desalmados paramilitares que la someten a todas las vejaciones posibles.

Además de la  aquiescencia y celibato de Jesús Adrián, párroco de la iglesia que ama muchas mujeres en el propio confesonario. 

Por último,  Isaura  y Vanessa,  mujeres que lo contemplan todo por amor  y que no tienen más opción que interpretar a la fuerza un  rol para el cual no les han permitido siquiera ensayar. Mucho menos negarse a aceptarlo bien a fondo con un escenario donde cada día y cada noche todo se va pudriendo, inevitablemente, inexorablemente aunque huela bien”.

Todo está podrido, pero huele bien” es una novela contemplada en el telescopio que desarregla y arregla los fragmentos para hacerlos una totalidad fascinante. Entonces, más allá de nuestra realidad y del pretexto premonitorio del desenlace político y erótico, esta obra nos hace mirar en un espejo donde solo logramos enturbiarlo.
Posdata: Ojalá, uno de sus hijos toque puertas y logre el objetivo de publicar la novela para que la memoria de Juanca siga cazando historias.

domingo, 21 de abril de 2019

Bitácora

La risa

Por Pedro Conrado Cúdriz

“Cuando la risa es genuina (…) revela una conciencia mayor de las cosas…” Paul Brito

No voy a mentirles, el texto que leen lo inspiró Paul Brito, concretamente su artículo “Lo cómico como sensor cósmico,” publicado en el magazín de El Heraldo, este domingo inmediatamente anterior.

Uno supone que la risa es la expresión de una persona espiritualmente saludable. Sin embargo, la escamosa realidad contradice esta aseveración común. Porque la risa es humana.

Y no es poseedora exclusiva de ella ninguna de las clases sociales que integran la clasificación de las sociedades del capitalismo occidental.  Ningún sujeto, pues. Los pobres se ríen, los más pobres también. Los ricos se ríen, los más ricos también. Cierto, la risa es profunda y en exclusividad humana.

La risa es la explosión espiritual de un alma libre. Expresión de aquel ser que sabe que reírse es una venganza contra un día tan terrible como aburridor. Esa es la razón por la que los psicólogos, los psiquiatras, los filósofos y los sociólogos dicen que reírse es liberador. Distensiona, desestresa y rompe la fuerza de una tensión acumulada en el cuerpo. Tensión-energía en voltios extraordinariamente negativos. 

La risa le abre un paréntesis al dolor, al sufrimiento, al tedio. “Vamos, hombre, refiere un chiste para reírnos,” le dice uno al cuentachistes de la cuadra. Y cuando éste inicia ya hay más de veinte tipos alrededor del humorista, prestos a romper por un rato, la quietud de las horas de la arrebatada abulia.

La risa es levedad. Italo Calvino en Las seis propuestas para el próximo milenio, cuenta una historia, que más bien es una metáfora del quite, una manera de zafarse del peligro o del peso de la realidad. Cuando Guido Cavalcanti es perseguido por el grupo de Micer Betto, aquel vuela entre las tumbas para poder liberarse de la persecución. La risa nos quita de encima el peso del mundo por unos instantes. Es una liberación de la conciencia petrificada por el miedo. Es como la tensión creativa del artista, que bajo su inspiración se olvida de la realidad que lo tortura.

Desde la primera carcajada hasta la última, la risa es una experiencia emocional humana, impracticable por los rígidos sujetos de la moralidad, los fanatismos y los tiranos. Porque incluso, la risa es peligrosa. Recuerden la novela de Eco, El nombre de la rosa, y los crímenes ocurridos en una abadía por el afán de ocultar el libro de la risa.

No se escoge la hora para reír. Pero mi cuñada, Miriam Berdugo, cuando aterriza en Santo Tomás, busca a sus hermanas y a un jovencito de la cuadra, Alcides, para reír a carcajadas con las historias, que el muchacho le repite cada vez que viene al pueblo. Sus carcajadas alcanzan decibeles increíbles, que el vecindario ríe al compás de las olas del movimiento de sus gargantas y cuerpos.

La risa es un hachazo en el centro de una realidad abrumadoramente pesada o acartonada. Los lectores de los cuentos de Cortázar reconocen el hachazo o el nocaut en sus historias. Es la sorpresa, lo inimaginable, el final impensado. Por eso nos reímos con el chiste, porque nos desestructura del mundo serio de lo cotidiano. Le abre un boquete para la burla. Acuérdense de Mafalda y su afán de ridiculizar la vida adulta, el mundo. Ver a la vecina caminar emperejilada y luego tropezar para caer a tierra, no evita la vergüenza y menos que soltemos los perros de la risa, que en aquel instante parece una intrusa.  Como el dolor y la pena que origina el difunto en la familia.    

domingo, 7 de abril de 2019

Por el ojo de la cerradura

La eternidad de mis muertos de abril

Por Tito Mejía Sarmiento

Estoy convencido de que los seres queridos a pesar de estar muertos nunca abandonan a los suyos; una vez finados pasan  a un estado de luna; van a donde quiera que uno va. Nuestros difuntos solo mueren cuando lo separamos de la mente. A ellos, los hospedamos en nuestros sentidos. Allí los eternizamos” (Ese otro silencio, novela de Luis Payares Mercado)

Al morir mi padre César Eurípides (11/4/2011), mi madre Eloina (18/4/2017) y mi hermano Nelson (29/4/2004), como extraña  coincidencia en abril, en el acto comprendí que la eternidad de esos seres queridos, yo mismo la domaría. A partir de esos dolorosos instantes, construí mi propio silencio y empecé a desenredar la madeja de los recuerdos de cada uno, mientras los años han seguido viviendo prisioneros en cualquier reloj de pared o pulsera, inexorablemente:

De mi viejo, me hace falta el abrazo que me daba cada vez que llegaba a Santo Tomas, sus pasos parecen cruzar ahora los míos y la existencia de su cara se está dibujando cada día más  en la mía,  mientras las huellas de la vida quedan impresas en los ojos del alma para siempre con sus lágrimas furtivas y rebeldes. Además, me parece verlo sentado bajo la sombra del perfumado tamarindo en el patio de la vieja casa, al lado de mi madre, tratando de jugar múltiple veces a cautivar un beso hasta cuando el último rescoldo de la destartalada hornilla se esfumara con el alba. Lo veo pensativo, reseñando en su libreta de apuntes con un agrado preeminente sobre el zarandeo del tiempo, el primer aguacero de cada año. Vivo está el recuerdo, cuando se paraba frente al espejo para peinarse y verse así mismo su abultada y plateada cabellera. Prohibido olvidarme de los momentos cuando mi viejo amado trataba de dormir a uno de sus nietos en sus piernas, silbando la famosa canción “El chupaflor” de Alejandro Durán, que tanto le gustaba, al filo de una encrespada madrugada de octubre. 
Hay noches, papá, donde sueño que soy aquel niño delgado, travieso, que tú mandabas a regar casi todas las tardes a las cinco en punto, el jardín para ver crecer el carnaval de mariposas alrededor de una flor abierta. Extraño tu prístina inteligencia y tu lucidez extraordinaria hasta en los últimos segundos de tu vida, viejo César, tanto así, que dejaste clavada en mi memoria aquella lacónica  frase cinco minutos antes de morir: “En abril, hijo mío también crecerán las esperanzas".

Manifiesto que en esta bandeja de palabras, uno tiene que deshacerse de sí mismo por entre la piel que lo eriza con los recuerdos ahora de mi vieja Eloina: me he sentido muy solo ante su huida, en íntimo cumplimiento porque  ya no se extienden los brazos que me acunaban, mientras las narraciones de hadas robustecían mi ilusión. Me hace mucha falta su ramillete de alegría que solía salir de sus negros ojos a cada instante; y para decirles la verdad, me he tenido que beber yo solo todos estos años, la taza de café hirviente que casi siempre compartía conmigo en las noches de frío invierno y, lo más duro de todo esto, es que ya no siento el rítmico latir de su noble corazón en mis oídos.

Si mi vieja linda supiera, lo duro que es vivir sin ella, estoy seguro que resucitaría en estos precisos instantes. Yo que siempre la veía al frente del televisor intercambiando diálogos imaginarios como si fuese una actriz más de una de las tantas telenovelas nocturnas que no se perdía, en medio de un juego de perfidias y asombros, como una disputa de ocurrencias o desplantes, mientras mi hermana Vilma se moría de la risa viéndola actuar sola.
El tiempo transita ahora entre nosotros sin notar ya sus constantes risotadas, esas mismas que penetraban en toda la casa cuando todos sus hijos, (as), nietos(as) la visitábamos o cuando la sorprendíamos comiendo cuanto mango caía en sus manos, mientras charlaba con una de sus vecinas en la terraza.

La vida,  desde aquel aciago 29 de abril de 2004, continúa despiadada para toda la familia, sin que el sol de verano la disuelva. Ahora, mi hermano, el médico Nelson no está, fue asesinado frente a las instalaciones del D.A.S., en Barranquilla, pero en este mes de abril del 2019, lo visto con su mejor camisa deportiva amarilla, esa misma que en tantas campañas políticas lució, seguido por múltiples amigos(as), producto de su inigualable carisma. Es que mi hermano Nelson como bien lo define el escritor Ramón Molinares Sarmiento: “Él era un médico que nació con un corazón de puertas abiertas por donde entraba todo el que quería, a cualquier hora del día, noche o madrugada sin pedir permiso y sin pagar cinco centavos. Todavía es la hora que a Nelson lo ven también entrando de puntillas en sus sueños las muchachas que lo amaban porque era un hombre bueno, un médico de ojo clínico certero, un varón generoso y buen mozo”. 

Ahora el espectro de Nelson sólo reconoce al único universo que habita: Yaure, África. (Leer el libro “A veces llegan cartas”). Las balas asesinas del Estado no lo dejaron como lo  manifestara para la prensa, el sociólogo y narrador Pedro Conrado Cúdriz: “Nelson quería  vivir 100 años, en su amada tierra tomasina, (él me lo dijo en cierta ocasión), tiempo existencial nada despreciable en un país como Colombia en guerra eterna. Él me reiteraba que quería morir, un viernes certero de fiesta, morir de viejo como sus abuelos. Pero no lo dejaron, no lo dejaron alcanzar la placidez y la sabiduría de la vejez”.

Todos los días de cada año, el cristal de la reminiscencia me devuelve los rostros de mis muertos de abril, y en ellos descubro, que la muerte no es un juego de niños, sino un fuerte muro  que hay que derribar para acabar en el acto con todos los mitos que habitan en su oscuro  interior,  sin experimentar miedo e insensatez y así lograr definitivamente, una eternidad domada que se expanda hacia el infinito a pesar del breve tránsito de cada ser amado nuestro.

miércoles, 20 de marzo de 2019

UN POCO DE POLÍTICA, CULTURA, EDUCACIÓN Y DIOS

UN POCO DE POLITICA, CULTURA, EDUCACION Y DIOS

Por Delia Rosa Bolaño Ipuana

Son las 7:43 a.m., me encuentro sentada frene a mi escritorio meditando un poco sobre nuestro sistema social, político, cultural, ambiental y humano que hemos venido construyendo para limitarnos y crear diferencias.

En lo social las diferentes clases sociales, ricos, pobres y la clase media, todo esto con el fin de ubicar según la categoría económica y educativa a cada grupo de personas, pero a pesar de todo nos adaptamos a nuestro entorno, a nuestras diferencias, hay personas muy humildes que son felices en su medio, no necesitan tener riquezas, ni títulos, ni maestrías o que los conozcan, la naturaleza es tan precisa que solo requiere alimentarse y desarrollarse según su medio y así cada clase lucha por conservar su posición social, los de la clase media luchan por estudiar, prepararse y enfrentar las competencias y mantenerse, nunca bajar.

Los ricos luchan por ser cada vez más ricos, porque sus hijos continúen con la riqueza y mantener su estatus.

 Los políticos se han convertido en un tema social  preocupante, los que el pueblo elige, a los que lleva al poder, luego se escucha el lamento ya no  quiere soltar el poder,  así sea que en su vida política no haya hecho sino enriquecerse, pero lo mas triste es que quienes permiten esto son los electores, ya que, lo que hacen es pedir dinero a titulo personal a cada candidato, nunca se une un grupo a pedir a este, que  gestione desarrollo comunitario, se van al individualismo y al egoísmo, entonces saturamos tanto al candidato y ahora político elegido que, lógicamente, llegará a multiplicar lo que dio para ganar.

Entonces ¿de qué nos quejamos? 8:56 a.m.

En cuanto a lo cultural hay ventajas y desventajas en nuestro medio, los que dirigen la cultura en su gran mayoría son puestos por los políticos que se han elegido y de los que ya comenté, de alguna manera la cultura se convierte en una de las fuentes de reembolso económico y ambos se benefician, comúnmente colocan a parientes, familiares y por eso vemos a las mismas caras o alguien que tuvo que ver con el anterior director, lo total es que no se le permite a otro entrar, se necesita mantener la riqueza y el estatus social, los vemos hablando de cultura y  en este mundo así no tenga ni mínima idea de lo que esto significa, y los que llevan la cultura en su sangre trabajan solos, no son de interés para ningún director de cultura y menos para su jefe político, porque no les interesa gastar según ellos, no sabiendo que cuando apoyan a los artistas, los verdaderos dueños de la plata, están generando riqueza al departamento, desarrollo, están es invirtiendo para que se acabe la mendicidad enseñan al pueblo hacer competente desde su habilidad artística, a traspasar fronteras, claro que hay interés a fondo, mientras el pueblo es ignorante y frustrado  no habrá quien  me reemplace en el poder, yo lo seguiré sometiendo, de alguna manera así veo la cultura en La Guajira frustrada por los mismos y los mismos, caso parecido nuestro hermanos de  Venezuela.

En lo ambiental hay mucha contaminación producto de nuestra ignorancia ambiental, con solo tirar un papel, bolsa o basura ya eres también causante de la muerte de nuestro ambiente.

Y en lo humano el deterioro de los valores vive en su máxima expresión, no hay vergüenza en nada, el descaro político de quienes roban y roban y quieren ser aplaudidos y ni se diga a algunos funcionarios, a los lideres de las iglesias que hoy se creen Dios y se la pasan pidiendo el diezmo con único paso de salvación y muchos que por falta de identidad le lamen los pies, Dios mío, una vez me preguntaron unos hermanos en cristo, esto: ¿usted sabe por que Jesús no ha venido? Le respondí, no, pero me lo imagino -¿que imagina? me dijo uno de ellos- que no va a venir, por este mundo tan vacío, que hasta su nombre usan para enriquecer y sujetar a los débiles, cuando realmente cada persona lo busque de verdad ese día volverá, lo veo difícil y así como vamos menos, ya que hasta en la iglesia está  yoluja (diablo). Son las 9:45 a.m. mejor no sigo porque se me puede salir el…

miércoles, 13 de marzo de 2019

Por el ojo de la cerradura

El magnetismo creativo del fotógrafo  Gilbert Agámez o  
La unión de traslación de un poema con una fotografía                            

                         “La fotografía es, antes que nada, una manera de mirar. No es la mirada misma” 
                    Susan Sontag (escritora, novelista, filósofa y ensayista, profesora, directora de cine y guionista estadounidense)

Por Tito Mejía Sarmiento

He sido testigo desde tiempo ha, del significativo profesionalismo de Gilbert Agámez al momento de oprimir el obturador para capturar momentos trascendentales que hacen distinción  al género  fotográfico, con el único propósito de revalorarlo críticamente desde la configuración de nuestros días, sin perder como es lógico su identidad
tradicional. Cuando usted observa con detenimiento, por ejemplo, una fotografía tomada ya sea  con una cámara análoga o digital por Gilbert Agámez, tácitamente queda magnetizado, y esto lo digo no por ser su amigo, porque por encima  de los
obligaciones amigables, está  el compromiso con la palabra o mejor con el propio arte de la fotografía. Además, porque tengo entendido que para este veterano fotógrafo del Caribe Colombiano que se ha paseado
por diferentes países del mundo por más de 40 años, captar momentos desde cualquier ángulo, regocijarse del fotoperiodismo y las artes visuales,  es una pasión, una forma de alimentar su propia vida y eso de hecho vale un potosí. En una ocasión, Gilbert me manifestó que “cuando él iba a tomar una fotografía, lo primero que se le venía a la mente era el suceso, la memoria histórica y el sentir que podría reflejar dicha fotografía en la cotidianeidad como un realismo por encima de una simple mirada”.


Esto proporcionalmente es lo que equivale digo yo acá, a la unión  de traslación de un poema con una fotografía para hallar lo que se busca y se espera, donde el poema precisamente, particulariza y sugiere en cambio la fotografía expresa y desabriga cuando no es tangible. ¡Adelante comandante, Agámez y que mejor hablen las fotos por usted!

miércoles, 13 de febrero de 2019

Mi Guajira mágica y sorprendente

Mi Guajira mágica y sorprendente 

Por Delia Rosa Bolaño Ipuana 

Son las 4:00 p.m. Estoy escuchando los diferentes ritmos que contagian a uno de esta Guajira sorprendente, de su magia, su grandeza esa que nos cuenta Cerrejón, una de las empresas más importantes no solo para la Guajira sino para Colombia y el mundo.

Estuve en una socialización de sus aportes al departamento en el que fui invitada como uno de los líderes del departamento, como esa más que de alguna manera quiere el bienestar total en todos los campos.

A punto de un cierre que nos preocupa a todos, una empresa critica más que exaltada, el agua es uno de los temas que esta empresa ha cuidado y a la que han querido someter por la misma.

Escuchar comentarios como Cerrejón se robo el agua del río Ranchería y me pregunto ¿y ese que corre qué río es? ¿Qué intereses particulares ha habido? Comentarios como estos que he escuchado nacional e internacionalmente me dejan a veces sin palabras, los niños de la alta Guajira se mueren de sed porque Cerrejón se robó el río Ranchería, desvió tal río y por eso no llega agua a la alta Guajira, nuevamente me pregunto en la alta Guajira ¿cuándo ha habido río? ¿Qué interese hay, por Dios? La falta de estrategia tal vez como estas que hemos planteado muchas veces como desalinizar agua del mar para que sea apta para el consumo humano,  es obvio que los administradores de turno no han pensado seriamente en esta estrategia y muchas que le permita llevar uno de los servicios básicos a su comunidad, pero lo más fácil es decir que Cerrejón le corresponde, ellos que son poderosos, pero reflexiono, claro que sé que Cerrejón tiene una gran responsabilidad y hasta el momento la ha cumplido y es nada más  que las regalías que antes eran administradas por los gobernantes de turno de la Guajira no de forma eficaz, pero al menos no se registraban cifras de niños muriéndose de hambre ni de sed, pero llego nuestro premio nobel y le quitó a la Guajira su recurso y creó la famosa ley General de regalías, ya había hablado antes de este tema, pero me veo obligada a recordar que las necesidades comenzaron a notarse al 100% desde la gran idea de Santos y por otro lado Hugo Chavez en su momento empezó a cerrar fronteras generando un caos total entre la gran nación que comercializaban entre ellos.

Cerrejón no puede actuar solo, no ejecuta proyectos independientemente del estado, tienes normas también que los regula, sin embargo bajo sus limitaciones hacen y ellos también deben preguntarse como muchos Guajiros ¿y la plata que se hace? porque no se invierte en la educación, en estrategias para llevar agua, en salud, en bienestar social y cultural con todo ese recurso la Guajira estuviese super desarrollada ni Dubái, se pierde en el gobierno central y antes en los gobiernos locales, me sigo preguntando ¿qué tal si a Cerrejón le tocara manejar esos recursos, invertirlos en la Guajira estuviéramos mejores? No lo dudo, porque Cerrejón ahí ha estado empleando a miles de guajiros, capacitándolos a ellos y a sus hijos, soy maestra y para educar a un hijo debo endeudarme con ICETEX, tenemos un alto capital humano en la Guajira en su mayoría educados por el 90% que se Cerrejón otorga a sus educación profesional de sus hijos entonces otra pregunta de las muchas que me acompañan ¿cuándo cierren Cerrejón, qué pasará con los empleados directos e indirectos que esta empresa tiene? De seguro ya ellos están creando estrategias para no dejarlos en nada.

Ah, aclaro, esa es mi opinión sobre los pocos años que tengo y que más que convertirme en juez lo hago desde mi visión real y coherente con la verdad. 

Son las 6:00 p.m. y les digo que me siento  orgullosa de pertenecer a esta Guajira rica, mágica y sorprendente que se divide en Guajira baja, máxima vegetación, Guajira media, máxima riqueza carbón y gas, Guajira alta, exótica por su mar Caribe ¡qué sorprendente mi amada Guajira¡

domingo, 3 de febrero de 2019

Por el ojo de la cerradura

El dolor de ausencia

A la memoria de Edna Bolaño Borja

En el diario desordenado de la vida en el que se barajan alegría y dolor, este último parece eternizarse más en nosotros a través de los años, cuando se trata de la partida de una persona amada y apreciada, como es el caso de Edna Bolaño Borja, quien fuese arrollada violentamente por el conductor de una un moto, cuando hacía su acostumbrada caminata sabatina (26 de enero de 2019) en horas de la mañana, acompañada de varias amigas y el instructor deportólogo, en la vía circunvalar de Barranquilla. Durante tres días internada en la clínica, en algo anormal, la muerte con su negra guadaña y su rastro de sombras se sentó a su lado, a esperar, hasta que por fin se la llevó el  lunes 28 de enero de 2019, en horas de la tarde.

La muerte, como un acto real y natural de todo ser humano transfiere la realidad para buscar una duración en los recuerdos, por eso yo me quedo con la perdurable sonrisa de Edna, su particular manera de hablar que exploraba en cada milímetro de cada palabra, anteponiéndole el artículo definido con tanta humildad al nombre propio de  toda persona que quería llamar: “el Ricardo ese, se fue ayer para Bogotá sin desayunar porque entonces y que perdía el vuelo, la Jerime bonita , la Diana que parece rabiosa como su papá Cipriano, pero no lo es, la niña Edna Margarita se la pasa comiendo a cada rato, la Cinthya trabajadora” y por supuesto, con el encantamiento suyo frente al espejo grande de la casa, al momento de maquillarse, tratando de hallar un rostro como toda mujer, más hermoso de lo que se supone.

Pero Edna ya no es río porque no moja, no es mar porque no  levanta sus olas, es solo una laguna porque descansa en paz. Ya no está con su evidencia tangible, se fue más rápido de lo que pensábamos, o como dice un muy humano verso del poeta mexicano Hernán León Velasco:

Se le fue  la vida como un pedazo del tiempo enloquecido,
dictándonos otra vez el albur de su juego
en el estricto horario de los días los años y los sueños rotos

¡Hasta siempre, cuñada Edna Bolaño Borja y ten la absoluta seguridad que, todos los que te conocimos, te vamos a perpetuar mientras haya vida o hasta cuando las cometas no puedan levantar su vuelo con la brisa de agosto!

Tito Mejía Sarmiento
Santo Tomás, 30  de enero de 2019

domingo, 20 de enero de 2019

Por el ojo de la cerradura

Cuando la novela traspasa sus propios límites

Por Tito Mejía Sarmiento*

Leí con esmero y fruición, las 249 páginas de la nueva novela “Es de noche cuando los gatos son pardos”, (Premio de Novela - Estuario del Portafolio de Estímulos del Distrito de Barranquilla, 2018 - ), cuyo autor es Carlos Polo, escritor barranquillero, productor de radio y televisión, nacido en la capital del Atlántico  y,  puedo argumentar sin caer en una hipérbole en cuanto a su contexto, que está muy bien narrada desde su principio, nudo y desenlace. En ella, el lector puede hallar una tensión más apasionante (trascendental introspección) de manera constante que la propia realidad. Además, la novela fácilmente puede encajarse al mismo tiempo  por la trama y psicología de sus personajes en una novela criminal, negra o propiamente en un thriller policial, con un rigor literario influenciado quizás de los escritores  Arthur Conan Doyle , Agatha Christie, Dashiel Hammet o Édgar Allan Poe, si partimos por ejemplo del personaje principal, un periodista sin nombre que gana un sueldo de hambre,  que le toca dividir entre su manutención, los cigarrillos, el licor y lo poco que gasta en comidas, lo otro es la responsabilidad con su hija que es más sagrada que su abúlica existencia y que en su diaria faena reporteril en La gaceta, el periódico más antiguo e influyente de la región, debe cubrir bajo ciertas presiones de su editor jefe, del alcalde, de la policía, muchos feminicidios con tipologías similares, que guardan todos un ‘modus operandi’ y que le dan a entender a él y a otras personas en derredor, que hay un asesino en serie en los extramuros de la ciudad y el municipio de Las Distancias: “una bestia hambrienta, cruel, despiadada, que no conoce límites y no siente la más mínima empatía por sus víctimas. Para ese degenerado asesino en serie, esas muchachitas no son más que presas, trofeos, son solo un medio para obtener su retorcido placer”.

A través de los nueve capítulos, el lector ligeramente puede sentirse identificado con los momentos prósperos y adversos de algunos personajes: El periodista, Catalina Cabarcas  Rojas, la prostituta cuya historia bien podría convertirse en el retrato vivo de toda una generación,  el boxeador que al retirarse se dedica al mototaxismo, el Chino, uno de los conductores más antiguos del periódico, quien padece de alopecia severa , es refunfuñón y su voz es ronca como de viejo aguardentero, jovencitas víctimas de un depravado  entre otros, esbozados como un juego de lógica que depone paso al análisis de una realidad atroz e impía, donde sobresale en primer plano la denuncia social, la corrupción de la policía, el abuso del poder, la crisis económica y por supuesto, el agotamiento de un sistema netamente  poderoso.

Personalmente, me sedujo el contumaz narrador declarante de  “Es de noche cuando los gatos son pardos”, ya que suele penetrar por su grado de idoneidad  en los motivos personales de los otros protagonistas de la novela, a pesar  de su soledad, que entre otras cosas, está hecha a la medida de su desencanto con el mundo, con la vida, con la sociedad. Un periodista que vive  hace dos años en un pequeño cuartucho, (una especie de ermita que pareciera haber sido construida especialmente para acoger la miseria de sus huesos), ubicado en un segundo piso de una vieja casona que se cae a pedazos, la pintura se la devora el moho y el verdín; paredes desconchadas, puertas añejas que se las come el óxido y el comején; baldosas de cuadros desdibujados y sin brillo. Un periodista que en sus noches desoladas, el pasado se le tira encima con todo su peso y su contundencia: Elisa, su esposa que lo abandonó llevándose a su pequeña hija. Un periodista que cuando cree que el problema no se resuelve, le queda la sensación de que el libro que va escribir con toda la recopilación de los homicidios ocurridos sobrepasará los propios límites de la verdad ante la impunidad reinante.                                                                                                                                                                           
Basada en una novela de género criminal, su autor Carlos Polo nos presenta tácticamente, unos hechos reconocibles donde lo importante amén de la solución del misterio y el análisis psicológico de los personajes, está  el ambiente cicatero de la sociedad donde se lleva a cabo la acción extremadamente razonada con unas víctimas que llevan en sus hombros las privaciones de la vida en la marginalidad: “Las personas que nos miran por la calle se imaginan que somos perfectos el uno para el otro, sin saber que solo somos  perros callejeros abandonados y adoloridos que intentan simplemente lamerse las heridas”(135).

Canciones como recreación literaria

En casi todos los capítulos de la narración, las canciones aparecen como  siameses de los acontecimientos, lo que implica tautológicamente un encantamiento, (recreación literaria) para el lector, fundamentado en el alter ego del narrador Carlos Polo, quien me manifestara personalmente que de alguna manera la música que habita en la novela, es la misma que integra la banda sonora de su propia vida: “Ella va triste y vacía/llorando una traición con amargura/por aquel que le decía/ que era su amor y su locura/Ya la vida le ha enseñado demasiado/cometer el mismo error no le interesa/los amores que ha tenido le fallaron y dejaron en el aire las promesas”…/( 41) (Triste y Vacía, composición de Luis López Cabán e interpretada por Héctor Lavoe), o mejor para precisarle al lector que cuando una canción se encarna en el corazón, se convierte de hecho en el poema  que nunca escribe, en la esquiva letra que sigue sangrando en la esquina de los olvidados:  “Aprendí todo lo bueno/ aprendí todo lo malo/ sé del beso que se da/del amigo que es amigo siempre y cuando le convenga/y sé que con mucha plata uno vale mucho más”…/(52)  (Las cuarenta, composición de Roberto Grela e interpretada por  Rolando Laserie)

Cabe destacar en “Es de noche cuando los gatos son pardos”, el estilo  cargado de atrayentes figuras retóricas como símiles y sinestesias que se dan como elementos valorativos: “El extraño se pierde en la noche llevando a sus espaldas una luna narcótica y borracha que lo sigue en lo alto del horizonte  colgada como un farol” (196). “A  veces las palabras se sueltan a llorar solitarias en un rincón oscuro de una habitación desnuda” (172), sin apartarse del lenguaje corriente y callejero como un inconsciente propio de una sociedad realmente dura donde cada protagonista se expresa de acuerdo a su nivel educativo:” Amárrate la penca, mijo. No me preguntes cómo, ni por qué, ni con quién, pero ya sé quién es el malparidito que está violando y matando a las niñas del municipio”(192).

A manera de colofón solo me toca recomendar con honestidad lectora  esta novela de Carlos Polo, quien producto de su fundamento creativo nos pone  en el hallazgo con las gentes  y sectores vulnerables,  cuyos derechos son violados, que está lindante de quienes sufren la infamia de la sociedad, la misma que de alguna manera  rivaliza con el sistema y sus reglas injustas y que aspira a influir en valores para construir un territorio más  fraternal y equilibrado, es decir, un imperativo condicional no sólo de orden moral, sino distributivo, que lo enclaustra en un realismo insubstancial y crudo pero que lo induce, al mismo tiempo, lejos de la generalidad de lo espacial, según la cual, la propia crítica literaria procura transportarnos con la utopía a lugares desconocidos, aunque paradójicamente, la novela policíaca tampoco sea inmune a horizontes lejanos y dentro de los cuales se entretejen, cadenciosamente, espacio textual y espacio temporal imaginario.

Tito Mejía Sarmiento*
Licenciado en Filología e Idiomas, Universidad del Atlántico; poeta, locutor y docente de tiempo completo en el Instituto Técnico Nacional de Comercio (Instenalco), de Barranquilla.
Ganador del Quinto Concurso Nacional Metropolitano de Poesía 2001

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Por el ojo de la cerradura

En el cierre del año 2018

Por Tito Mejía Sarmiento

Padre al hijo

La vida para mí no ha sido tan fácil como tú a lo mejor estás creyendo, hijo amado. 

He tenido que andar por toda clase de caminos: piedras, tachones, fuego, barro, arenas movedizas, aguas turbulentas, una que otra alfombra de vez en cuando, he pisado. Volar como pájaro de alas rotas me ha tocado en la mayoría de las veces, he tenido además, que redoblar esfuerzos para no caer  y lograr lo que me he propuesto, aferrado a mis sueños, halagado eso sí, en varias  eufonías  de Francisco Zumaqué. 

Me ha tocado encender una lámpara donde ha habido oscuridad. Así que, hijo mío, todo no ha sido fácil, te repito. 

Valora mis pretensiones para que tu vida, que es la mía,  no sea un campo infecundo entumecido  por la nieve, porque todavía te sigo queriendo y no creo que un tal Judas se haya ahorcado por mí, porque el poeta que vive en mí, jamás se dejará besar en la mejilla por un traidor.

Hijo mío, tienes que comprender que entre más avives el fuego más arde el leño, que la noche no solo está plena de estrellas sino de lunas, que entre más envejezco menos me quiero ver en el espejo.  

Espero, hijo mío, que estas palabras no se expandan en el aire, solo para atrapar silencios, sino para aprender de memoria a liberarte de los lamentos que en algunas circunstancias te persiguen. ¡Te amo hijo mío!

Postdata: No dejes de pedirme señas de baladas cotidianas, en los años venideros.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Por el ojo de la cerradura

Me estoy quedando sin tíos paternos

Por: Tito Mejía Sarmiento

Parece que ha llegado el momento en que todo se detiene y madura. Vivir es como devorar el tiempo. Mis tíos han sido lo que han hecho en su trasegar por la vida. Ninguno se ha parecido a otro, pero todos han estado cargados de humanidad y sencillez y lo más demostrable: han caído en la ternura de la mirada de alguna mujer que por su lado se les  ha atravesado, cuando la luna aún colgaba pálida sobre las aguas de un río. 

La muerte -que también es meticulosa como que sigue envidiando  la colección de mis tíos-, primero se llevó al Chele, Páris, Antonio, Darío, Alfonso.  Solo me queda uno: Néstor, porque el 30 de agosto de 2018, despedimos a mi tío Gustavo Rafael Mejía Ariza, el hombre competente, decisivo,  que llegó a ser alcalde de nuestro pueblo, el hombre de mirada aparentemente ruda que casi todas las noches se sentaba en la terraza de su residencia con su esposa Dora Caballero a tomar el fresco en los días de tedio y saludaba con una leve inclinación de cabeza y voz guturalmente fuerte a quienes pasaban mientras estos sonreían. El tío Gustavo que educó a todos sus hijos e hijas sin descanso, entrando y saliendo en los duros secretos de la vida en la urbe y el campo. El hombre que le decían “el manco Gustavo” sin ser manco sino cojo como si las palabras fuesen vestigios de sueños pueblerinos y no esencialmente semánticos.

Su lucha se perdió en el momento que el tiempo jugó en contra y la edad nonagenaria fue una carga inasumible. Mi tío se había hecho longevo. Demasiado para la vida. La muerte se llevó a mi tío Gustavo, pero sus recuerdos no lo matarán, así de sencillo, por ejemplo, quien podrá olvidar aquella famosa respuesta que dio cuando fue alcalde de Santo Tomás a la pregunta de su secretario de entonces: ¿Alcalde, qué hacemos con este detenido que se robó unas reses? ¡Pues, gran pendejo, métanlo preso con el cepo hasta que se corrija!

Amigos lectores de La Urraka, me estoy quedando sin tíos paternos, extraño la vida de ellos, tal vez me esconda tras sus sombras o en el andamio   ampliamente cansado que mantiene en pie sus cuerpos que, ondearán en el aire del tiempo cada que los invoque.

¡Descansa en paz, tío Gustavo, que en la otra vida encontrarás a lo mejor, en tu camino nuevamente con rostros idénticos a Gaspar Sarmiento, Brochero, al viejo Manuel Eusebio Molinares, tus vecinos de cochada y dominó que le pondrán voces a tus sueños al compás de una ranchera interpretada por Antonio Aguilar,  mientras las luciérnagas tendrán un par de pupilas gastadas por el aire nocturno de la calle Grande del pueblo tomasino!