domingo, 12 de enero de 2020

Lectura, mi dulce alegría

Humberto Domingo Peribán da respuesta a la pregunta que cierto personaje* no supo responder... 

Por Pedro Linares Domínguez
Un muchacho conduce una cuatrimoto rodeado de una parvada de jovencitas. Atada a la parrilla posterior llevan una carretilla colmada de pencas de palma de coco y hacen uno y otro viaje para dejar toda esta basura en la playa a un costado de la panga, ese monstruo herrumbrado que arrastraron los lugareños hasta depositarlo a unos pasos de la playa, entre frágiles y polvorientos arbustos y médanos, y los restos de un uveral que se extendía desde la punta del faro hasta más allá de Playa Dorada. Las Palmas —a esta hora— es un pueblo tranquilo y fresco en las últimas brisas de la tarde. 

Humberto Domingo, recostado en la mecedora los mira pasar y retoma el hilo de la charla al mismo tiempo que deposita la taza de té en la mesita de madera que se interpone entre nosotros. 
—Fue leyendo a André Maurois como descubrí el gran mundo de la literatura. A través de sus páginas aprendí que la lectura requiere disciplina y buen gusto. No debes leer por leer. Debemos leer los mejores libros porque de todos modos no tendremos tiempo de leerlos todos. 
 —¿Qué obras leíste de este autor? —le pregunto. 
—Inicialmente «Las rosas de septiembre», «No cometerás adulterio» y «Lectura, mi dulce alegría». También leí una colección de cuentos, «La comida bajo los castaños» y una biografía de Iván Turgueniev, uno de los tres grandes de la literatura rusa. 
—Los otros son Leon Tolstoi y Dostoyevski** … 
—Así es.
  —¿De qué manera influyeron en ti estas lecturas? 
  —André Maurois me llamó al orden. Me orientó, por así decirlo. Antes de “Lectura, mi dulce alegría” mis lecturas eran muy desordenadas. Leía cualquier clase de libros. En aquel tiempo estaba muy en boga la ufología. Fui un asiduo lector de Erich Von Däniken, de J. Allen Hynek, y profundicé en ciertos tratados de piramidología y ciencias ocultas. Había una bruja que escribía libros, una tal Sibyl Leek y un señor de apellido Benavides que escribió un libro sobre las profecías de la gran pirámide. 
—No me digas que hasta leíste libros de brujería. 
—Sí y no creas que me da pena confesarlo. «El gran Grimorio», «Echiridione Leonis Papae» y otros tantos que no recuerdo. Me sumergí en el mundo de los grandes iniciados, las sociedades secretas y todo lo que tuviera que ver con fenómenos paranormales. Telepatía, telequinesis, PK, combustión espontánea, criptozoología, el famoso monstruo del lago Ness, Pie grande, Mothman, el hombre polilla o mosca ya no me acuerdo bien. Pero cuando irrumpe en mi universo mental el señor Maurois me doy cuenta de que hay otra clase de libros. Literatura seria por así decirlo. Y es cuando descubro a Honoré de Balzac, Victor Hugo, Emile Zola, Gustave Flaubert, Guy de Maupassant, George Sand, Baudelaire,  Cervantes, Benito Pérez Galdós, Goethe, Ibsen y toda la gran literatura rusa del siglo XIX. 

Vuelven los jovenzuelos con la carretilla vacía. Humberto Domingo apenas les presta atención. Toma un sorbo de té y prosigue: 
—Si me hicieran la famosa pregunta que le plantearon a cierto personaje de la política actual yo diría que uno de los tres libros que marcaron mi vida fue, sin duda, «Lectura mi dulce alegría». 
—¿Cuáles fueron los otros dos? 
—«Cien años de soledad» y «El ingenioso hidalgo, don Quijote de la Mancha». 
—¿De qué manera influye «Cien años de soledad» en ti? 
—Me abrió las puertas del boom latinoamericano. Yo no me quedé en Gabriel García Márquez con todo y que leí toda su obra. Busqué a los otros autores del boom: Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Juan Rulfo, aunque Rulfo es un poco anterior al boom, Julio Cortázar, Augusto Roa Bastos, Arturo Uslar Pietri, Juan Carlos Onetti y a un señor que aún no termino de entender pero que disfruto mucho leyéndolo: Jorge Luís Borges. Porque, sabes, soy curioso por naturaleza, normalmente cuando leo un libro, el que sea, trato de averiguar quién es el autor, donde nació, qué otro libro ha escrito y el resto. Con Gabriel García Márquez, además del boom latinoamericano, descubrí a William Faulkner… 
—Nada menos. 
—Y a Hemingway. 
—¡Uf! 
—En la obra de García Márquez hay ecos de estos dos grandes autores, de Kafka y Virginia Woolf. El coronel Aureliano Buendía tiene su gemelo Literario en el coronel John Sartoris de William Faulkner. Macondo y Yoknapatawpha corren paralelos en la creación de mundos imaginarios. Y esto no es fortuito, el mundo que describe Faulkner —el sur de los estados unidos— es muy semejante al pueblo de García Márquez invadido por los norteamericanos de la compañía bananera. Pero hay más. El juego con el tiempo. Faulkner rompe con el relato lineal y reelabora la técnica del monólogo interior planteada por James Joyce, la llamada corriente de conciencia, desarrollada magistralmente en su novela «Mientras agonizo» y García Márquez despliega todo su talento de novelista en una obra muy parecida, con un tema clásico, puesto al día: «La hojarasca». Es su primer libro, y en esta obra ya hay destellos de lo que vendrá después.

Me siento abrumado, son muchos datos. Los chicos de la carretilla y la cuatrimoto van rumbo a la playa con otro viaje de pencas de coco y basura y Humberto Domingo está desatado. Pronto caerá la noche. Indira nos ofrece más té y se sienta en silencio en la mecedora que está vacía. 
—Bueno, recapitulemos: «Lectura mi dulce gozo», «Cien años de soledad» … ¿Y el Quijote? 
—Cervantes enriqueció mi vocabulario. La primera lectura del Quijote, haz de cuenta que la hice en chino. No entendí nada. La segunda la hice con un diccionario léxico muy bueno. Esto me permitió en una tercera lectura reír como nunca y asistir asombrado a esa desmesurada obra que inaugura el género novelístico en España y nos permite vislumbrar los alcances de la literatura de altos vuelos. El Quijote es una obra monumental. En literatura debería ser una lectura obligada. 
—Me dices que leíste El Quijote con un diccionario, cómo haces para no olvidar los términos nuevos que vas descubriendo. 
—Sencillo. Descubro la palabra, trato de intuir su significado a través del contexto, voy al diccionario y escribo en una libreta la palabra y su significado, y escribo algunas oraciones utilizando ese término. No falla. Es en el ejercicio de la palabra como puedes hacerlas tuyas y de este modo se integran en tu vocabulario. 
—Sencillo pero laborioso. 
—No obstante, no deja de ser enriquecedor. Por ejemplo, ¿sabes qué quiere decir “espilorchería”? 
—No lo sé. 
—Te lo dejo de tarea. La encuentras en el capítulo XXIV de la segunda parte del libro que estamos comentando. ¡Notable espilorchería! como dice el italiano… 

*En plena Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara (4 de diciembre de 2011), el presidenciable del PRI, Enrique Peña Nieto, no supo responder, sin titubear, cuáles son los tres libros que han marcado su vida personal y política. Confundió títulos y autores y se proclamó lector de la biblia.
**Increíble omisión, especialmente porque quien habla es Humberto Domingo Peribán, no menciona ni a Puskhin ni a Gógol.


Por el ojo de la cerradura

Señas del perseguidor

Por Tito Mejía Sarmiento

Confieso que nací en un pueblo ribereño (Santo Tomás), donde hubiera querido nacer cada vez que naciera. Donde fui concebido además, por una hermosa pareja que se pasaba muchas veces la vida hablando del amor y sus metáforas bajo la tela de la noche y sus luciérnagas diminutas. Una pareja de ojos toledanos que transitaba asida de las manos por los mismos caminos aunque le pareciera cerca lo que estaba tan lejos.

Confieso que mi piel se eriza hoy en llamarada, ajena a la raíz que la redime, al acercarme a la ventana de la memoria: los primeros aguaceros de octubre internados en el arenoso patio de la vieja casa de paja, entorno esencial de nuestros sueños, que espantaban a las palomas de plumaje gris y blanco que en el loco afán  por resguardarse en sus casitas de madera que papá les colocaba en la cúpula de los árboles, cruzaban los aires en medio del émbolo sonoro de su gutural monotonía. Aquella gotera en mi cuarto con su entrañable olor a humedad, que en ósmosis mutua de ruido y frialdad, al caer en el recipiente de turno, no nos dejaba dormir.

Es que nada se puede detener sin sentir felicidad: mis hermanos cabalgando sobre escobas haciendo de jinetes enmascarados, y yo persiguiéndolos por las encharcadas calles del pueblo con un revólver imaginario entre mis manos hasta darles captura al final del arco iris.

Confieso que cuando tenía diez años, casi todos los viernes bajo la luz de una luna amaestrada, jugaba con la vecinita de enfrente, que tanto me gustaba, a “los besos robados.” Abro paréntesis para decir, que esa vecinita de enfrente, es hoy la compañera inseparable de mis días con muchos episodios que contar cuando el amor se declara culpable.

Confieso que con la devoción del flagelante de un viernes santo y con el luto de marfil herido por la pérdida de algún amigo, que sin decir su nombre quedaba clavado para siempre en el alma de todos los lugareños, no faltaba ni faltaré a los funerales en mi terruño, porque se viven, se sienten al unísono aunque en el centro de los mismos, esté el errante de lo mundano,  ese que por burlarse o por escapar aún más del terco intento, inventa cosas, se ríe o mira con piedad su propio simulacro.

Y como el tiempo huye y te da señas para que registres la huella de su paso, no quiero cerrar esta evocación  no sin antes decir, que sigo buscando con ojos persistentes  la cara de la vida en todos los rincones de mi pueblo, aun cuando me cobije en la inmaculada lágrima que se forma en los bordes de la risa y de la locura.

miércoles, 8 de enero de 2020

Un año de cambio para La Guajira

2020 Un año de cambio para La Guajira, desde el norte al sur, cantan las del mar, y sonríen las montañas del nevado ante el río Cesar

Por Delia Rosa Bolaño Ipuana

2020, son las 5:00 a.m., una grito de júbilo suena en cada ola del mar Caribe, un canto de cambio se escucha entre las estribaciones de altas montañas de la Sierra Nevada se Santa Marta, desde mi balcón las brisas del noreste me permiten percibir en esta mañana de enero distintas sensaciones de esperanza, permita la existencia se cumpla y que el cambio que el pueblo eligió logre alcanzar las perspectivas de un nuevo amanecer, que ese brillante sol que  hace su puesta cada día desde el paisaje desértico de mi Guajira  y que se oculta visiblemente desde el faro del Cabo de la Vela, donde turistas y propios lo observan ilumine cada corazón y la mente para gobernar los recursos que existen para invertir en el bienestar del pueblo.

Un nuevo gobernador, joven en el que confió La Guajira, Nemesio Rois, muy popular del que La Guajira ha hablado antes de ser hoy elegido como Gobernador, el pueblo le ha entregado su voto de confianza, por lo que puedo leer mientras tomo mi café, es que va hacer historia y que la imagen negativa que se maneja en La Guajira en cuanto a corrupción va a mejorar, Nemesio Rois Gobernador, un nombre de imponencia, bueno, dentro de cuatro años podré leer nuevamente sobre la gestión que emprende desde ya, ah, que no se le olvide apoyar a los gestores, que su nuevo director de cultura se centre en toda La Guajira, que no todo se quede en Riohacha, bueno vale la pena como cultora y gestora pedir públicamente, esa es la idea de hacer cultura todos los días.

Son las 5:20 quiero otro café, no sé pero siento como una paz, esta brisa del noreste me llena de alegría, puedo escuchar un Jayechi, dibujo en mi mente la waireña, el sombrero wayúu y el bastón, esto se conjuga en un nuevo tiempo para la capital indígena de Colombia, empezó con pie firme, un joven wayuu de Uribía,  jamás en la historia de esta población se había tomado la decisión de que un wayúu preparado pudiese tener el bastón otorgado por la mayoría de su gente, se trata del joven Bonifacio Henríquez, mas conocido como Boni, el chinito, bueno, leo en él, unas ganas de trabajar por lo mejor para su pueblo, que reine los servicios básicos, que el emprendimiento, la cultura, la educación y el turismo permitan ser un atractivo para cada habitante, que el desempeño social sea el interés de todos los uribieros y que el cambio comience por cada uno, adelante, chinito, se confió en ti y ojala dentro de cuatro años pueda se asertiva.

Ya son las 6:40 me sigue trayendo consigo la brisa ese grito de esperanza que tuvo ese Maicao histórico, esa cuna de comercio que no sé en que momento se convirtió en otro lugar, fue abandonado y adoptado por el olvido y la ola de violencia, saturado pidió auxilio, se pudo escuchar su voz, hoy amanece lleno de esperanza con un personaje que había soñado trabajar por ella y poder rescatarla, Mohamed Dasuki , los maicaeros esperan que dentro de cuatro años poder tener el Maicao de ayer u otro mejor.

7:00 a.m. Ah llega a mí versos de río Cesar, puedo observar desde este balcón sonreír las montañas de la Sierra Nevada, creo que necesito otro café, la poesía del poeta se divisa en esta mañana de brisas, a la vez fría y silenciosa, me permite en la tranquilidad de mi casa poder percibir la esperanza de todo un departamento, escuchar en mi imaginación los versos de Leandro Díaz, quien veía lo que no podía ver el otro, un poeta de estos que pare La Guajira, la poesía de Luiso Egurrora, de Marciano, de "Tijito", de "Yeyo" Núñez, de Roberto Calderón en fin estar en la tierra donde entregar el corazón es una costumbre, donde también se divisan cambios significativos, aunque no se puede negar que San Juan en una comunidad de talento, de emprendimiento y alta calidad de profesionales, lo ratifica nuevamente San Juan con su alcalde Álvaro Díaz, también un joven profesional que ha demostrado su alto desempeño al servicio de su comunidad, esperamos que como buen sanjuanero siga reafirmando que su pueblo al que le entrega el corazón y confianza es el indicado, felicitaciones y que en el libro de la historia de su vida esta sea la experiencia de mayor significado, adelante, alcalde del cambio.

En mis cortas líneas solo me resta felicitar a todos los nuevos administradores municipales y legisladores que su intención sea el de servir durante sus cuatro años y que el amor, respeto y la esperanza de nuestra Guajira sean su mayor atractivo de subsanar.

Ah, ya es hora de desayunar, seguimos compartiendo, son las 8:20 de este maravilloso 2020.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Por el ojo de la cerradura

Mi hermano, el médico Nelson Ricardo Mejía Sarmiento
                                                                    “¿Por qué das muerte a quienes han de morir?”                                                                          Alberto Assa

Por Tito Mejía Sarmiento

Nelson es uno de mis  hermanos  que siempre llevo y  llevaré muy adentro de mi alma y de ahí, nadie lo va a sacar. 
El 29 de abril de 2004, fue vilmente asesinado por la espalda a solo tres metros del DAS en  Barranquilla, cuando fungía como alcalde popular de Santo Tomás, Atlántico y el presidente de los colombianos era Álvaro Uribe Vélez. Hoy, 15 años y 8 meses después, y cuando diciembre asoma  con intensidad sus guirnaldas, su policromía de luces y villancicos, el crimen de Nelson sigue en la más completa impunidad ante los ojos de todos sus familiares y coterráneos. 

Muchas personas todavía en Santo Tomás y municipios aledaños, se miran en Nelson como si fuese su propio espejo y se pasean vestidas como lo hacía él por las avenidas casi todos los días, mientras los minutos pasan por sus cuerpos, estableciendo la duración del tiempo con humanidad ajena.

Mi hermano, el médico Nelson fue una pérdida muy dolorosa para todos nosotros cuando menos la esperábamos y desde entonces, nuestros ojos despliegan una inmensa mirada triste, acompañada de un silencio mayúsculo que llora cada vez  que mencionan su nombre por alguna circunstancia de vida que pareciera por supuesto,  no caducar sobre todo en las noches cuando las aves se dan de golpes contra la claridad de la luna llena.

A mí hace mucho tiempo me han tratado de loco porque no dejo descansar a Nelson en paz, pero es que ni él mismo puede descansar en sana paz porque no sabe quién o quiénes dieron la orden de asesinarlo pegándole tres disparos con una pistola automática,  en su cabeza con premeditación y alevosía, aquella tarde de abril cuando se disponía a saborear un sancocho de pescado que tanto le gustaba, acompañado de su abogada, Edith María Carrillo Badillo en el restaurante “don Efra” de la calle 52 con 43 esquina. Entonces, razones tengo de perseguir su recuerdo que vuela magullado por toda su casa, su finca La Juntera, mi casa, las casas de mis  hermanos y hermanas, en fin por todo el pueblo, con una perdurable vivencia de extensiones trastocadas.

No me queda otra cosa que seguir indagando y  tropezándome  con las  palabras  para lograr sus recuerdos de un presente que sea ha vuelto histórico en  la querencia diaria. Es que es muy duro y triste, amables lectores,  un hermano sin su hermano, no sentir la alegría de su cara en la mía, es todavía más durísimo, es decir, todos esos años  como dice el poeta Joan Margarit : “ debo convivir con la tristeza y la felicidad, vecinas implacables”.

Ahora voy en un bus, escucho un vallenato: “¡Ay! Perdóneme señorita si en algo llego a ofenderla, pero es que usted tan bonita, que no me canso de verla”, (La juntera),  creo que es Nelson el que canta, y no Diomedes Díaz, no  lo sé, solo sé que unas lágrimas recorren mis mejillas y que una hermosa dama sentada a mi lado, me dice sorprendida,  qué le pasa, señor. Trato de recomponer mi cara antes de responderle: ¡Es que con esa canción que está sonando, señorita, me acuerdo de  mi hermano Nelson, un médico que mataron el 29 de abril de 2004, un hombre de puertas abiertas, por donde, sin pedir permiso, entraba todo el que quería a cualquier hora del día, de la noche o madrugada. Ese día, no solo lo mataron a él sino a todo un pueblo que aún llora porque su asesinato sigue en la más completa impunidad!

Bitácora

Lo que deja el paro

Por Pedro Conrado Cúdriz

“Entonces la única puerta que nos queda abierta a la esperanza es el destino heroico de la juventud.” Federación Universitaria de Córdoba, Argentina. 1918.
       
  “Y estamos cansados de ser los cómplices de nuestros verdugos, de elegir a los que nos matan, de alimentar a los que nos roban, de admirar a los que nos desprecian.” William Ospina

¿Podría Duque separarse del Centro Democrático? ¿Tiene el carácter o las agallas para hacerlo? ¿Con cuánta autonomía y libertad cuenta para ser un mejor actor de la política colombiana? ¿Qué tan decente y justo es el presidente Duque? ¿Él representa al Centro Democrático o a los colombianos? ¿Después del 21N ustedes creen que Duque necesita interlocutores para hacer los cambios que exige el país? ¿Cuáles son sus dilemas personales y políticos?

Lo que todavía acaba de vivir el país, es uno de los acontecimientos políticos más trascendentales de los últimos 50 años. Nunca antes el país había experimentado un fenómeno marchante de tal magnitud, en días y en los niveles de lo nacional y lo internacional. Marchas, cacerolazos diarios y conciertos musicales ligados a los objetivos del paro. Y por igual sentimientos y emociones de miedo, incertidumbre, terror, muertes y miles de heridos y detenidos. Y, además, un movimiento sindical- cívico telúrico que no ha dejado de inquietar a la sociedad toda. Menos al régimen, que sigue con su tradicional agenda y como si no pasara nada.

¿Qué ha pasado para que la sociedad se levante en sus propios hombros?

Varios factores de corte político, económico y social pueden ayudar a comprender las causas. Una deuda social acumulada por años y décadas, traducida en el deterioro paulatino de la calidad de vida o el bienestar de los ciudadanos. Los malos servicios públicos incluyendo la salud. La pobreza extrema. La imparable corrupción, es decir, el robo de los dineros públicos planeado por un régimen que ha terminado diseñando la casa por cárcel para burlarse de los colombianos. Las trabas a la paz y a las propuestas anticorrupción, votadas por casi 12 millones de nacionales. La mala calidad de la educación pública. Las propuestas de las reformas gubernamentales: tributaria, laboral y la pensional. La clase política, concentrada en el gobierno y en los “clubes” o gremios de los ricos como la Andi, Fenalco, Fedegan, una minoría privilegiada que disfruta a su antojo de las mieles del sistema. La impotencia de la gente para cambiar los factores que obstaculizan la movilidad social en Colombia. Y el sistema de corrupción clientelista, entre otros factores, son el combustible más peligroso para mantener encendida la hoguera de la indignidad nacional.

Lo que se observa es un odio social acumulado, que aprovecha las marchas para enviarle sus mensajes al gobierno de turno. Detrás de los vándalos se esconde el odio de clase, los resentimientos, la violencia política de los que no pueden expresarse y opinar como lo hacen los políticos y los gobernantes de turno todos los días. Es el odio de los marginados, manifiesto también en los estadios de Colombia. Porque la pobreza embrutece y violenta la vida de los que viven hacinados y al margen del bienestar humano de los que viven al norte de las ciudades. Lo de ciudad Bolívar en Bogotá o el distrito de Aguablanca en Cali, son ejemplos claros del fenómeno opresivo de la marginalidad. Aguablanca tiene más de 180 estructuras criminales en su vientre descocido, una sociedad pauperizada al extremo por parte de un capitalismo genocida.

Bueno, toda pobreza arrincona al hombre y lo obliga a la violenta sobrevivencia biológica. Y este hombre, que nació bueno, se ve obligado, en últimas, por la circunstancia a delinquir para poder supervivir en medio de las más espantosas condiciones inhumanas. Y este mismo hombre, seguramente pensará antes de un atraco, que nada pierde si seguirá viviendo en lo inhumano, porque la muerte, quizá, es mejor que la vida. La muerte puede entonces ser el alivio contra la costra de la infamia y la indignidad de vivir como animales. 

Pero el entorno latinoamericano también tiene un efecto dominó sobre las marchas políticas en el país. Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Argentina son ejemplos espejos a pesar de las diferencias que los separan. No es la democracia la que solamente está en crisis, es el sistema capitalista todo el que colapsa, el que les quita la respiración a los pulmones de la sociedad civil. Sus sociópatas y sus áulicos son los que al final lo defienden tal como funciona, a pesar de que en Chile, los ricos han reaccionado a sus horrendos e injustos gobiernos plutocráticos y están decidiendo cambiar la Constitución política y bajarles el salario en el 50% a los congresistas. Esa es otra de las razones por la que las marchas desbordaron los partidos políticos. Las gentes dejaron de creer en ellos cuando convirtieron los votos y los votantes en otra mercancía más del mercado capitalista. Cuando sus intereses dejaron de ser comunales y partidistas para ser personales.

Las marchas no tienen partidos porque sus orígenes están en las inconformidades del corazón de las gentes, en sus frustraciones familiares e individuales. Porque también desapareció la esperanza y la movilidad social se diluyó de sus vidas. Porque asistir a la universidad perdió sentido humanista y ser profesional fue otra obra más del consumo mercantilista. Porque nacer pobre da lo mismo que morir pobre. Porque, en fin, se prohibió soñar.

Ningún político puede atribuirse el liderazgo de las marchas, porque a las gentes se les acabó la paciencia de seguir esperando las promesas de los cambios propuestos por los partidos políticos. Nadie cree en nada ni en nadie. Se murió la esperanza. Por eso las marchas, para intentar crear una nueva esperanza, viva, palpable, comprobable y sometida a la experiencia diaria. Si alguien le pregunta – me dijo un amigo – por qué las marchas ahora y no en el pasado, dígale que nos tocó despertar hoy, abrir los ojos hoy, porque somos como unos animales sosegados por la esperanza, como rinocerontes, pero tenga mucho cuidado con herirlo o meterse con ellos…”

El movimiento era tan anhelado que la gente se preguntaba: ¿Hasta cuándo vamos a seguir soportando tanta injusticia? Y, sin embargo, las marchas sorprendieron a todos, al gobierno y a los mismos marchantes, porque las marchas terminaron cambiándole la imagen cotidiana a la ciudad – esto también sorprende – y le cambió la rutina a la gente, trabó algo de sus vidas, pero al final todos entienden que es por la bendita esperanza. “No imaginé estar aquí todos los días,” dijo una marchante en televisión. Y prosiguió: “A pesar del miedo que tengo de morir en el movimiento de gentes, persisto. Es necesario el mensaje que le estamos enviando al gobierno. Ya no estamos ni ciegos ni sordos.”

Quien dio estas declaraciones era muy joven y seguramente tenía conciencia del oscuro futuro proyectado por la politiquería. Un título universitario sin movilidad social era continuar en la pobreza de la guerra y el mal gobierno. La OCDE cree que para salir del estado de pobreza a la colombiana se necesitan 200 años. Y así como vamos – con el círculo cada vez más estrecho de los ricos – será imposible cambiar de estatus económico.

El inventario de los enemigos

Los gobiernos nuestros son unos expertos en crear enemigos falsos para exculparse de los factores de poder que desestabilizan las instituciones. Por más de cuarenta años fueron las guerrillas, el M19 o las Farc las culpables de todas las desgracias que pasaban en el país. Y a falta de lucidez política y pensamiento crítico de la sociedad, el invento terminaba y terminó triunfando. Todavía hay gentes que siguen odiando a los farianos a pesar que esta guerrilla desmontó su estructura armada y se adaptó al sistema como partido político. Ahora para excusarse del malestar nacional de hoy se inventaron enemigos como los venezolanos, Santos, el ELN y el mismo Gustavo Petro.

Como los pobres no tienen identidad política – es la versión de Byung Chal Hun, el filósofo coreano - los poderosos en el gobierno se la inventan creando en el imaginario popular los enemigos falsos del poder para direccionar la atención ciudadana en otros temas menos delicados o ficticios. Esto, según el editorial de El Espectador del 1 de diciembre del 2019 “… oscurece el debate. Cierra el diálogo que se dice estar promoviendo.”

Igual ocurre con la violencia de la que el propio gobierno exculpa el Esmad, que es otro de los factores violentos del sistema, porque resulta peor que la misma violencia de los vándalos y los oportunistas de la calle. Mejor armamento, letalidad y trajes de protección. Peor porque es el mismo Estado el que se escuda en la institucionalidad para boicotear el derecho a la protesta pacífica de los ciudadanos. Detrás del boicot se esconde la intolerancia y el castigo oficial a las voces diferentes y opuestas al gobierno, un hábito antidemocrático que termina definiendo la enfermedad dictatorial del régimen.

La violencia obstaculiza la práctica pacifica de la protesta constitucional y esto lo sabe muy bien el aparato ideológico-militar del Estado. El Esmad, por ejemplo, se ha constituido en una fuerza letal y no en una fuerza para disuadir y prevenir actos violentos en los paros. “En tiempos de paz – dijo un estudiante en la marcha – no se necesitan policías violentos.” El conocimiento de la violencia como factor político para boicotear el derecho constitucional a la protesta, es una conducta perversa de un gobierno desesperado por defender el estatus quo.    
 
Los defensores del estatus quo

Algunas voces defensoras del estado de cosas gubernamentales quieren hacerle creer a la ciudadanía, que las protestas son solo eso, protestas, movimientos ciudadanos para manifestar sus inconformidades con los gobiernos de turno, pero no pueden exigir cambios ni acciones de Estado. Para ellos los protestantes son solo una masa solicitante que debe respetar el diseño constitucional. Es decir, reconocer que el presidente fue elegido democráticamente. Y no hay nada que hacer. “Porque – la protesta o el paro como dice el editorial de El Tiempo del 1 de diciembre de un año agónico como lo es el 2019 – no puede, de ninguna manera, ser considerado un ejercicio democrático. Para decirlo sin ambages: la democracia se ejerce en las urnas, donde se respaldan programas de gobierno… Pero queda claro: la protesta callejera no reemplaza el sufragio universal, lo complementa.”

Y el ciudadano de a pie, el callejero, se pregunta si la forma de gobierno es un pacto inamovible, inflexible y si hay que tolerar o aceptar como un hecho irreversible de los dioses a los malos y pésimos gobiernos.

Y todos los movimientos de protestas en el mundo han terminado modelando positivamente las realidades políticas, sociales, económicas y culturales de sus países. Brasil, Francia, Alemania, México, Estados Unidos, Chile, España, etc., son ejemplos históricos a corto, a mediano o largo plazo de cambios sustanciales.

Pero a lo que le temen en realidad los gobiernos y los defensores del estatus quo, es lo que queda de los movimientos de paros en el mundo, que en últimas los actores se conviertan “en activistas políticos – como sostiene Juan Manuel Sánchez, historiador de la Universidad de Múnich -, en defensores de derechos humanos…” Leer en El espectador, “Una lucha que no se arruga.” Dic 1 de 2019

jueves, 14 de noviembre de 2019

Por el ojo de la cerradura

Estoy convencida de que somos más los que queremos la paz que los que quieren la guerra, de manera que si callamos, nos matan, y si hablamos, también”

Por Tito Mejía Sarmiento

Esas fueron las últimas palabras de la líder indígena Cristina Bautista Taquinás, asesinada en la masacre perpetrada en el resguardo de Tacueyó, en Toribío, región del norte del Cauca.

En un video (https://www.youtube.com/watch?v=xY0OdRDd_Vo)   que se ha vuelto viral en casi todas las plataformas digitales, la gobernadora, Cristina Bautista, mujer de 42 años, egresada de la Universidad del Valle en Trabajo Social, profundamente preocupada por la situación que está atravesando desde hace un año no solo su comunidad sino todos los habitantes de Colombia, les agradece a sus comunidades, principalmente, sobre mantenerse en “resistencia” ante los grupos armados. "Esto es una problemática nacional y como nuestro principio es la unidad debemos estar atentos, sin lugar a dudas", expresa moviendo sus manos con un justo desvelo.

Pero de nada valió su deprecación  porque la valerosa indígena fue asesinada el pasado 30 de octubre de 2019, cuando, según el Consejo Regional Indígena del Cauca   (CRIC), se movilizaba junto con otras autoridades nativas en un vehículo de la Unidad Nacional de Protección (UNP), y a la altura de la vereda La Luz, fueron emboscadas por hombres armados que llegaron en una camioneta negra y les dispararon durante más de 10 minutos con alevosía. Los cuatro guardas asesinados fueron identificados como José Gerardo Soto, Asdrúval Cayapú, Eliodoro Inscué y James Wilfredo Soto.

“Cristina   venía trabajando el tema de los derechos humanos. Le gustaba mucho el ejercicio organizativo y eso fue lo que le permitió llegar a ser autoridad Neehwe'sx, y justamente desde esa tarea que venía cumpliendo fue vilmente asesinada”, manifestó  Hermes Pete, consejero mayor del (CRIC).

"Uno de los principios como pueblos indígenas es la unidad. Tenemos un lema: 'Tocan a uno, tocan a todos'. En este momento, en el municipio de Toribío, somos 35.000, están los 102  pueblos indígenas que hacen parte del territorio nacional", prosiguió el consejero. 

El ataque según fuentes cercanas al gobierno fue atribuido al frente “Dagoberto Ramos”, disidencia de las FARC, y  a otras fuerzas oscuras. Lo que sí parece claro como van las cosas, es que los gobernantes de turno,  están mirando con indiferencia el mundo indígena que les rodea, mientras la realidad nternacional aplasta por otro lado, los sueños  de nuestros primeros pobladores. ¡Vean en su totalidad el video y saquen sus propias conclusiones, porque las palabras están sobrando cada día más en Colombia y a sus colectividades se les está acabando la paciencia!

lunes, 11 de noviembre de 2019

Bitácora

¿Nos ha servido algo el mestizaje?

Por Pedro Conrado Cúdriz

Algo tiene que conmovernos, pero ¿qué? Acaba de culminar una elección y la mayoría de los votantes se comportaron como si en este país no pasará nada. Acribillaron a 22 candidatos, amenazaron a más de 100 y seguimos viviendo como si nada, aquí en el paraíso. No voy a contar el resto de las cosas terribles que nos pasan. Y contra esos veintidós crímenes y cien amenazados, se hizo la elección, la misma elección ilegitima de los procesos electorales de todos los años anteriores. Manías de un país masoquista, le digo a María, mi compañera de toda la vida. Todas las veces que la nación pasa por la misma esquina, la atracan. Masoquismo, inexperiencia fatalista. Cualquier nombre que usted le quiera dar, le caerá bien a este país de enajenados. ¿Qué nos conmueve? La verdad, no sé qué. Sin embargo, no piense en las lágrimas de cocodrilos. No sirven para la profunda herida del territorio y no sirven para nada, menos los cocodrilos. Quiero decir, si son lágrimas circunstanciales, pasajeras. Ese es el punto, la anormalidad. Algo o alguien nos mató la indignación, el derecho a sentir, a sentirnos vulnerables, alguien espantó la valentía, la rebeldía, la sensibilidad de las estrellas o del paisaje. Así no se puede seguir viviendo, me decía la abuela Juana. Porque seríamos muertos vivientes, zombis. Ese recuerdo de la abuela, late a profundidad y me obliga a preguntarme por mi identidad, así como lo hace el novelista Ramón Molinares Sarmiento a toda hora: ¿De qué nos ha servido el mestizaje?

¿Qué nos pasa?

En Bogotá, en Cartagena, en Medellín, en Cúcuta y en otras ciudades del país debilitaron y no se sabe si de muerte, las maquinarias politiqueras. Pero aquí en el Atlántico sobrevivieron a las tendencias del desastre y el cambio. El Atlántico cayó de rodillas frente el poder económico del junior, las olímpicas, las empresas sorfinanzas y de alimentos de los Chard. Nosotros seguimos atados a los guayos del junior, fútbol club.

Sostengo algunas discusiones con mis amigos sobre el junior. ¿Es el equipo junior de Barranquilla o es de los Chard? En alguna ocasión el exsenador Chard, el dueño del club, les envió a los hinchas el mensaje ingrato aquel en el que decía que poco le importaba si la fanaticada iba o no al estadio. ¿Se acuerdan? ¿Cómo le sirve el junior a Barranquilla o cómo les sirve a las políticas de los Chard? ¿No es el junior un vehículo o un símbolo para trabajar el inconsciente del barranquillero? ¿Después de leer la entrevista de Cecilia Orozco a Carlos Gonzales Puche en El Espectador del domingo anterior sobre el fútbol en Colombia, a usted no le quedó un sabor a esclavitud? ¿No le patea el hígado la actitud de la Dimayor y la de los dueños de los clubes de fútbol? Uno no ve lo que no quiere ver. Así es la vida de nosotros, opaca y hasta ciega. “Viva el junior de curramba, junior campeón…”

sábado, 19 de octubre de 2019

Bitácora

Fuego

Por Pedro Conrado Cúdriz

Están los que nos quieren arrancar las tiras de pellejos, como decían las abuelas. Están los que nos ven detrás de un vidrio ahumado, examinándonos como una especie extraña. Están los que quieren adivinar lo que escondemos detrás de la lengua. Están los que se creen pulcros y nos juzgan como bestias. Están los sinvergüenzas que desean que uno sea como ellos. Están los que nos admiran y, sin embargo, la admiración es una emoción solitaria, fundida en goma de mascar chicle. Están los cuerdos que nos escudriñan como si fuéramos una especie especial del zoológico. Están los normales para los que somos seres inaceptables. Están los afines, los que se parecen a uno, pero que al final terminamos siendo una molestia para el coro. Algo así como una piedra en el zapato. Lo que quiere decir, que no somos afines sino algo parecidos. Están los tontos que nos creen locos o medio locos, entre el caminar de un sujeto delirante y otro desesperanzado, terriblemente descreído. Están los que nos odian por ser diferentes, raros y atópicos porque les reventamos la cara cada vez que nos miran. Están los desconfiados, los que desean que tengamos algo de poder para desmentir nuestra honra. “Solo espero, me dicen, que tengas poder para ver si no te corrompes.” Ellos también quieren que seamos como ellos. Debo confesar en este tránsito al cadalso, que sea lo que sea, mi mortalidad es igual a la de ellos. Vieja democracia de la vida. Es lo único por lo que somos iguales, y la muerte es testigo de esta enmienda del vivir humano. Para algo sirve la muerte piensan los demócratas existenciales. Están los corruptos, esa nueva clase social del cinismo colombiano que ha creado la normalidad de la supervivencia individual diaria. Es el cuchillo que, enterrado en la garganta de la sociedad, poco a poco se deja ver en las páginas amarillas de la prensa cómplice. Están los patriotas de Estado, los que se ocultan detrás de los muebles de oficina, los que nos miran con los ojos de la muerte, pero no se atreven a ir a la guerra. Están los hombres humildes, los del pueblo, los que salen todos los días a ganarse el pan para la familia, en una fábrica de ricos o en las ventas informales de la ciudad. Ellos nos ignoran como ignoran una culebra, no nos lastiman, pero las circunstancias difíciles de la vida los obligan a elegir sus verdugos cada cuatro años. Ellos han estrangulado los sueños de todos, nos han hecho el vivir más dramático y violento. Hincados como en la poesía de Rómulo Bustos Aguirre, Escena de Marbella, se miran atónitos: “Junto a las piedras está Dios bocarriba / Los pescadores en fila tiraron largamente de la red / Y ahora yace allí con sus ojos blancos mirando al cielo / Parece un bañista definitivamente distraído / Parece un gran pez gordo de cola muy grande / Pero es solo Dios / hinchado y con escamas impuras / ¿Cuánto tiempo habrá rodado sobre las aguas? / Los curiosos observan la pesca monstruosa / Algunos separan una porción y la llevan para sus casas / Otros se preguntan si será conveniente / comer de un alimento que ha estado tanto tiempo expuesto a la intemperie.”

domingo, 6 de octubre de 2019

Por el ojo de la cerradura


Este poema nace de un caso  que conocí en la ciudad de Barranquilla, la última semana de septiembre de 2019. He cambiado el nombre de la protagonista,  por obvias razones y respeto a sus  dos hijas

Por Tito Mejía Sarmiento

¡Tú no tienes la culpa, Zoraida, no la tienes!
Zoraida,  mulata  de 30 años, camina con sugerente ritmo 
por la avenida principal de la urbe.                                                        
Carga en su cuerpo el pesado sello meretricio desde los 20.
A  veces, duda si continuar o no con en eso,
pero en su mente salta  la  pregunta de siempre:¿quién velará por mis dos  pequeñas hijas
si estoy sola en este  mundo desde que a mi marido lo mataron en la milicia?
Entonces, Zoraida con dolor abre sus  piernas a la noche
en el esponjoso lecho de cualquier motel, 
hasta cuando se derrama la nieve con el solo roce del tacto.
Al final de la jornada, Zoraida agotada de tanto desorden cercenado
regresa a casa, víctima de insignificante amor.
Guapa Zoraida, tú, no tienes la culpa de esa  infernal rutina que abraza tu soledad
y  te ata a ese ambiente perverso de corazón desnudo,  eternamente tuyo.
¡Tú no tienes la culpa, Zoraida, no la tienes, Zoraida!
El afán de todos los días, mujer de milagros prorrogados,
es cruzar la ciudad en la búsqueda
de varones hambrientos de sexo.
Entretanto, la vigilia de tus dos hijas
en casa,  tortura las noches de maternal ausencia,
antes del reencuentro con la esperanza en una sociedad sin nombre
que por necesidad le habla a tu oído.

lunes, 2 de septiembre de 2019

Alma Mater, Claustro de Formación de La Guajira, egresada destacada

Alma Mater, Claustro de Formación de La Guajira, egresada destacada 

Por Delia Rosa Bolaño Ipuana

Diciembre 5 del 2009, fue ese día en que culminé mis estudios profesionales en un claustro educativo en la tierra de compositores, la oportunidad de por fin ser licenciada, después de ser Normalista Superior de la Normal de Uribía, este claustro aunque en su momento no llenaban mis expectativas, fue esa puerta abierta  a mi crecimiento profesional, pues su apariencia física me desmotivaba, al llegar a él, me sentía aún en un colegio envejecido del estado, realmente en esos momentos no era agradable llegar, sin embargo, este sentir lo cubrían un poco  mis profesores de cada semestre, quienes a pesar del abandono institucional o la falta de pertenencia de quienes tuvieron la oportunidad de administrarlo, no llenaron los requisitos, pero ahí estaba mi seño Fabiola González, con el glamour que le caracteriza ante todo, sus significativas lecciones de crecimiento personal y de vida, también estaba Argemiro Amaya con su acertada  orientación sobre administración y así cada uno de mis maestros catedráticos,  quienes me permitieron aceptar estar en este claustro de formación técnica profesional, ellos lo hicieron significativo, lo daban todo por sacar profesionales de calidad, por lo menos en mí lo lograron.

Diez años después  de haber salido graduada y profesional, la única de mi promoción y programa, he visto grandes cambios significativos en esta que fue  una de mi casa de formación, no se puede negar y desconocer que Luis Alfonso Pérez, más conocido como Poncho Pérez, quien también es egresando de este maravilloso INFOTEP, ha mostrado no solo una excelente administración, sino un sentido de pertenencia y respeto por dicho claustro que también lo formó, Poncho Pérez ha cambiado la imagen de este lugar educativo, estructuralmente y administrativamente, tanto es así que el Infotep ha incrementado el número de técnicos formados en alta calidad de formación y preparación para servirle, no solo a San Juan sino a La Guajira, aunque muchos digan lo contrario hoy  siendo  4:15 p.m. sentada  en mi balcón, disfrutando de un suave viento que acaricia mi rostro, puedo pasar por el INFOTEP y su imagen ya no es aquella que  recuerdo, hoy tiene talla de claustro de formación profesional, donde transitan a diario más de dos mil estudiantes proveniente de diferentes puntos de La Guajira, generando empleo directo e  indirecto, con la existencia del INFOTEP, San Juan y La Guajira tiene la oportunidad de brindar capital humano al servicio de la sociedad, son 40 años de existencia capacitando para el trabajo y evitando más delincuentes para el país, felicito a mi casa el  INFOTEP, a sus maestros, administrativos, estudiantes, sanjuaneros, egresados y guajiros por estos años de existencia y por los que vienen, agradezco haberme hecho parte de este momento  especial, en el que se conmemoró los 40 años de vida jurídica e institucional, hoy 10 años después de haber pasado por el alma mater, celebro el reconocimiento que ella quiso galardonarme como egresada destacada en cultura y arte.

son las 6:15 p.m,  le digo a Poncho Pérez siga adelante que la respuesta siempre seremos los egresados y nuestro aporte constante a la sociedad.

Ya casi salen las estrellas, amo verlas desde este punto, donde el mismo viento aún juguetea con mi cabello y me invita dejar por un momento mi equipo electrónico.