miércoles, 4 de diciembre de 2019

Por el ojo de la cerradura

Mi hermano, el médico Nelson Ricardo Mejía Sarmiento
                                                                    “¿Por qué das muerte a quienes han de morir?”                                                                          Alberto Assa

Por Tito Mejía Sarmiento

Nelson es uno de mis  hermanos  que siempre llevo y  llevaré muy adentro de mi alma y de ahí, nadie lo va a sacar. 
El 29 de abril de 2004, fue vilmente asesinado por la espalda a solo tres metros del DAS en  Barranquilla, cuando fungía como alcalde popular de Santo Tomás, Atlántico y el presidente de los colombianos era Álvaro Uribe Vélez. Hoy, 15 años y 8 meses después, y cuando diciembre asoma  con intensidad sus guirnaldas, su policromía de luces y villancicos, el crimen de Nelson sigue en la más completa impunidad ante los ojos de todos sus familiares y coterráneos. 

Muchas personas todavía en Santo Tomás y municipios aledaños, se miran en Nelson como si fuese su propio espejo y se pasean vestidas como lo hacía él por las avenidas casi todos los días, mientras los minutos pasan por sus cuerpos, estableciendo la duración del tiempo con humanidad ajena.

Mi hermano, el médico Nelson fue una pérdida muy dolorosa para todos nosotros cuando menos la esperábamos y desde entonces, nuestros ojos despliegan una inmensa mirada triste, acompañada de un silencio mayúsculo que llora cada vez  que mencionan su nombre por alguna circunstancia de vida que pareciera por supuesto,  no caducar sobre todo en las noches cuando las aves se dan de golpes contra la claridad de la luna llena.

A mí hace mucho tiempo me han tratado de loco porque no dejo descansar a Nelson en paz, pero es que ni él mismo puede descansar en sana paz porque no sabe quién o quiénes dieron la orden de asesinarlo pegándole tres disparos con una pistola automática,  en su cabeza con premeditación y alevosía, aquella tarde de abril cuando se disponía a saborear un sancocho de pescado que tanto le gustaba, acompañado de su abogada, Edith María Carrillo Badillo en el restaurante “don Efra” de la calle 52 con 43 esquina. Entonces, razones tengo de perseguir su recuerdo que vuela magullado por toda su casa, su finca La Juntera, mi casa, las casas de mis  hermanos y hermanas, en fin por todo el pueblo, con una perdurable vivencia de extensiones trastocadas.

No me queda otra cosa que seguir indagando y  tropezándome  con las  palabras  para lograr sus recuerdos de un presente que sea ha vuelto histórico en  la querencia diaria. Es que es muy duro y triste, amables lectores,  un hermano sin su hermano, no sentir la alegría de su cara en la mía, es todavía más durísimo, es decir, todos esos años  como dice el poeta Joan Margarit : “ debo convivir con la tristeza y la felicidad, vecinas implacables”.

Ahora voy en un bus, escucho un vallenato: “¡Ay! Perdóneme señorita si en algo llego a ofenderla, pero es que usted tan bonita, que no me canso de verla”, (La juntera),  creo que es Nelson el que canta, y no Diomedes Díaz, no  lo sé, solo sé que unas lágrimas recorren mis mejillas y que una hermosa dama sentada a mi lado, me dice sorprendida,  qué le pasa, señor. Trato de recomponer mi cara antes de responderle: ¡Es que con esa canción que está sonando, señorita, me acuerdo de  mi hermano Nelson, un médico que mataron el 29 de abril de 2004, un hombre de puertas abiertas, por donde, sin pedir permiso, entraba todo el que quería a cualquier hora del día, de la noche o madrugada. Ese día, no solo lo mataron a él sino a todo un pueblo que aún llora porque su asesinato sigue en la más completa impunidad!

Bitácora

Lo que deja el paro

Por Pedro Conrado Cúdriz

“Entonces la única puerta que nos queda abierta a la esperanza es el destino heroico de la juventud.” Federación Universitaria de Córdoba, Argentina. 1918.
       
  “Y estamos cansados de ser los cómplices de nuestros verdugos, de elegir a los que nos matan, de alimentar a los que nos roban, de admirar a los que nos desprecian.” William Ospina

¿Podría Duque separarse del Centro Democrático? ¿Tiene el carácter o las agallas para hacerlo? ¿Con cuánta autonomía y libertad cuenta para ser un mejor actor de la política colombiana? ¿Qué tan decente y justo es el presidente Duque? ¿Él representa al Centro Democrático o a los colombianos? ¿Después del 21N ustedes creen que Duque necesita interlocutores para hacer los cambios que exige el país? ¿Cuáles son sus dilemas personales y políticos?

Lo que todavía acaba de vivir el país, es uno de los acontecimientos políticos más trascendentales de los últimos 50 años. Nunca antes el país había experimentado un fenómeno marchante de tal magnitud, en días y en los niveles de lo nacional y lo internacional. Marchas, cacerolazos diarios y conciertos musicales ligados a los objetivos del paro. Y por igual sentimientos y emociones de miedo, incertidumbre, terror, muertes y miles de heridos y detenidos. Y, además, un movimiento sindical- cívico telúrico que no ha dejado de inquietar a la sociedad toda. Menos al régimen, que sigue con su tradicional agenda y como si no pasara nada.

¿Qué ha pasado para que la sociedad se levante en sus propios hombros?

Varios factores de corte político, económico y social pueden ayudar a comprender las causas. Una deuda social acumulada por años y décadas, traducida en el deterioro paulatino de la calidad de vida o el bienestar de los ciudadanos. Los malos servicios públicos incluyendo la salud. La pobreza extrema. La imparable corrupción, es decir, el robo de los dineros públicos planeado por un régimen que ha terminado diseñando la casa por cárcel para burlarse de los colombianos. Las trabas a la paz y a las propuestas anticorrupción, votadas por casi 12 millones de nacionales. La mala calidad de la educación pública. Las propuestas de las reformas gubernamentales: tributaria, laboral y la pensional. La clase política, concentrada en el gobierno y en los “clubes” o gremios de los ricos como la Andi, Fenalco, Fedegan, una minoría privilegiada que disfruta a su antojo de las mieles del sistema. La impotencia de la gente para cambiar los factores que obstaculizan la movilidad social en Colombia. Y el sistema de corrupción clientelista, entre otros factores, son el combustible más peligroso para mantener encendida la hoguera de la indignidad nacional.

Lo que se observa es un odio social acumulado, que aprovecha las marchas para enviarle sus mensajes al gobierno de turno. Detrás de los vándalos se esconde el odio de clase, los resentimientos, la violencia política de los que no pueden expresarse y opinar como lo hacen los políticos y los gobernantes de turno todos los días. Es el odio de los marginados, manifiesto también en los estadios de Colombia. Porque la pobreza embrutece y violenta la vida de los que viven hacinados y al margen del bienestar humano de los que viven al norte de las ciudades. Lo de ciudad Bolívar en Bogotá o el distrito de Aguablanca en Cali, son ejemplos claros del fenómeno opresivo de la marginalidad. Aguablanca tiene más de 180 estructuras criminales en su vientre descocido, una sociedad pauperizada al extremo por parte de un capitalismo genocida.

Bueno, toda pobreza arrincona al hombre y lo obliga a la violenta sobrevivencia biológica. Y este hombre, que nació bueno, se ve obligado, en últimas, por la circunstancia a delinquir para poder supervivir en medio de las más espantosas condiciones inhumanas. Y este mismo hombre, seguramente pensará antes de un atraco, que nada pierde si seguirá viviendo en lo inhumano, porque la muerte, quizá, es mejor que la vida. La muerte puede entonces ser el alivio contra la costra de la infamia y la indignidad de vivir como animales. 

Pero el entorno latinoamericano también tiene un efecto dominó sobre las marchas políticas en el país. Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Argentina son ejemplos espejos a pesar de las diferencias que los separan. No es la democracia la que solamente está en crisis, es el sistema capitalista todo el que colapsa, el que les quita la respiración a los pulmones de la sociedad civil. Sus sociópatas y sus áulicos son los que al final lo defienden tal como funciona, a pesar de que en Chile, los ricos han reaccionado a sus horrendos e injustos gobiernos plutocráticos y están decidiendo cambiar la Constitución política y bajarles el salario en el 50% a los congresistas. Esa es otra de las razones por la que las marchas desbordaron los partidos políticos. Las gentes dejaron de creer en ellos cuando convirtieron los votos y los votantes en otra mercancía más del mercado capitalista. Cuando sus intereses dejaron de ser comunales y partidistas para ser personales.

Las marchas no tienen partidos porque sus orígenes están en las inconformidades del corazón de las gentes, en sus frustraciones familiares e individuales. Porque también desapareció la esperanza y la movilidad social se diluyó de sus vidas. Porque asistir a la universidad perdió sentido humanista y ser profesional fue otra obra más del consumo mercantilista. Porque nacer pobre da lo mismo que morir pobre. Porque, en fin, se prohibió soñar.

Ningún político puede atribuirse el liderazgo de las marchas, porque a las gentes se les acabó la paciencia de seguir esperando las promesas de los cambios propuestos por los partidos políticos. Nadie cree en nada ni en nadie. Se murió la esperanza. Por eso las marchas, para intentar crear una nueva esperanza, viva, palpable, comprobable y sometida a la experiencia diaria. Si alguien le pregunta – me dijo un amigo – por qué las marchas ahora y no en el pasado, dígale que nos tocó despertar hoy, abrir los ojos hoy, porque somos como unos animales sosegados por la esperanza, como rinocerontes, pero tenga mucho cuidado con herirlo o meterse con ellos…”

El movimiento era tan anhelado que la gente se preguntaba: ¿Hasta cuándo vamos a seguir soportando tanta injusticia? Y, sin embargo, las marchas sorprendieron a todos, al gobierno y a los mismos marchantes, porque las marchas terminaron cambiándole la imagen cotidiana a la ciudad – esto también sorprende – y le cambió la rutina a la gente, trabó algo de sus vidas, pero al final todos entienden que es por la bendita esperanza. “No imaginé estar aquí todos los días,” dijo una marchante en televisión. Y prosiguió: “A pesar del miedo que tengo de morir en el movimiento de gentes, persisto. Es necesario el mensaje que le estamos enviando al gobierno. Ya no estamos ni ciegos ni sordos.”

Quien dio estas declaraciones era muy joven y seguramente tenía conciencia del oscuro futuro proyectado por la politiquería. Un título universitario sin movilidad social era continuar en la pobreza de la guerra y el mal gobierno. La OCDE cree que para salir del estado de pobreza a la colombiana se necesitan 200 años. Y así como vamos – con el círculo cada vez más estrecho de los ricos – será imposible cambiar de estatus económico.

El inventario de los enemigos

Los gobiernos nuestros son unos expertos en crear enemigos falsos para exculparse de los factores de poder que desestabilizan las instituciones. Por más de cuarenta años fueron las guerrillas, el M19 o las Farc las culpables de todas las desgracias que pasaban en el país. Y a falta de lucidez política y pensamiento crítico de la sociedad, el invento terminaba y terminó triunfando. Todavía hay gentes que siguen odiando a los farianos a pesar que esta guerrilla desmontó su estructura armada y se adaptó al sistema como partido político. Ahora para excusarse del malestar nacional de hoy se inventaron enemigos como los venezolanos, Santos, el ELN y el mismo Gustavo Petro.

Como los pobres no tienen identidad política – es la versión de Byung Chal Hun, el filósofo coreano - los poderosos en el gobierno se la inventan creando en el imaginario popular los enemigos falsos del poder para direccionar la atención ciudadana en otros temas menos delicados o ficticios. Esto, según el editorial de El Espectador del 1 de diciembre del 2019 “… oscurece el debate. Cierra el diálogo que se dice estar promoviendo.”

Igual ocurre con la violencia de la que el propio gobierno exculpa el Esmad, que es otro de los factores violentos del sistema, porque resulta peor que la misma violencia de los vándalos y los oportunistas de la calle. Mejor armamento, letalidad y trajes de protección. Peor porque es el mismo Estado el que se escuda en la institucionalidad para boicotear el derecho a la protesta pacífica de los ciudadanos. Detrás del boicot se esconde la intolerancia y el castigo oficial a las voces diferentes y opuestas al gobierno, un hábito antidemocrático que termina definiendo la enfermedad dictatorial del régimen.

La violencia obstaculiza la práctica pacifica de la protesta constitucional y esto lo sabe muy bien el aparato ideológico-militar del Estado. El Esmad, por ejemplo, se ha constituido en una fuerza letal y no en una fuerza para disuadir y prevenir actos violentos en los paros. “En tiempos de paz – dijo un estudiante en la marcha – no se necesitan policías violentos.” El conocimiento de la violencia como factor político para boicotear el derecho constitucional a la protesta, es una conducta perversa de un gobierno desesperado por defender el estatus quo.    
 
Los defensores del estatus quo

Algunas voces defensoras del estado de cosas gubernamentales quieren hacerle creer a la ciudadanía, que las protestas son solo eso, protestas, movimientos ciudadanos para manifestar sus inconformidades con los gobiernos de turno, pero no pueden exigir cambios ni acciones de Estado. Para ellos los protestantes son solo una masa solicitante que debe respetar el diseño constitucional. Es decir, reconocer que el presidente fue elegido democráticamente. Y no hay nada que hacer. “Porque – la protesta o el paro como dice el editorial de El Tiempo del 1 de diciembre de un año agónico como lo es el 2019 – no puede, de ninguna manera, ser considerado un ejercicio democrático. Para decirlo sin ambages: la democracia se ejerce en las urnas, donde se respaldan programas de gobierno… Pero queda claro: la protesta callejera no reemplaza el sufragio universal, lo complementa.”

Y el ciudadano de a pie, el callejero, se pregunta si la forma de gobierno es un pacto inamovible, inflexible y si hay que tolerar o aceptar como un hecho irreversible de los dioses a los malos y pésimos gobiernos.

Y todos los movimientos de protestas en el mundo han terminado modelando positivamente las realidades políticas, sociales, económicas y culturales de sus países. Brasil, Francia, Alemania, México, Estados Unidos, Chile, España, etc., son ejemplos históricos a corto, a mediano o largo plazo de cambios sustanciales.

Pero a lo que le temen en realidad los gobiernos y los defensores del estatus quo, es lo que queda de los movimientos de paros en el mundo, que en últimas los actores se conviertan “en activistas políticos – como sostiene Juan Manuel Sánchez, historiador de la Universidad de Múnich -, en defensores de derechos humanos…” Leer en El espectador, “Una lucha que no se arruga.” Dic 1 de 2019

jueves, 14 de noviembre de 2019

Por el ojo de la cerradura

Estoy convencida de que somos más los que queremos la paz que los que quieren la guerra, de manera que si callamos, nos matan, y si hablamos, también”

Por Tito Mejía Sarmiento

Esas fueron las últimas palabras de la líder indígena Cristina Bautista Taquinás, asesinada en la masacre perpetrada en el resguardo de Tacueyó, en Toribío, región del norte del Cauca.

En un video (https://www.youtube.com/watch?v=xY0OdRDd_Vo)   que se ha vuelto viral en casi todas las plataformas digitales, la gobernadora, Cristina Bautista, mujer de 42 años, egresada de la Universidad del Valle en Trabajo Social, profundamente preocupada por la situación que está atravesando desde hace un año no solo su comunidad sino todos los habitantes de Colombia, les agradece a sus comunidades, principalmente, sobre mantenerse en “resistencia” ante los grupos armados. "Esto es una problemática nacional y como nuestro principio es la unidad debemos estar atentos, sin lugar a dudas", expresa moviendo sus manos con un justo desvelo.

Pero de nada valió su deprecación  porque la valerosa indígena fue asesinada el pasado 30 de octubre de 2019, cuando, según el Consejo Regional Indígena del Cauca   (CRIC), se movilizaba junto con otras autoridades nativas en un vehículo de la Unidad Nacional de Protección (UNP), y a la altura de la vereda La Luz, fueron emboscadas por hombres armados que llegaron en una camioneta negra y les dispararon durante más de 10 minutos con alevosía. Los cuatro guardas asesinados fueron identificados como José Gerardo Soto, Asdrúval Cayapú, Eliodoro Inscué y James Wilfredo Soto.

“Cristina   venía trabajando el tema de los derechos humanos. Le gustaba mucho el ejercicio organizativo y eso fue lo que le permitió llegar a ser autoridad Neehwe'sx, y justamente desde esa tarea que venía cumpliendo fue vilmente asesinada”, manifestó  Hermes Pete, consejero mayor del (CRIC).

"Uno de los principios como pueblos indígenas es la unidad. Tenemos un lema: 'Tocan a uno, tocan a todos'. En este momento, en el municipio de Toribío, somos 35.000, están los 102  pueblos indígenas que hacen parte del territorio nacional", prosiguió el consejero. 

El ataque según fuentes cercanas al gobierno fue atribuido al frente “Dagoberto Ramos”, disidencia de las FARC, y  a otras fuerzas oscuras. Lo que sí parece claro como van las cosas, es que los gobernantes de turno,  están mirando con indiferencia el mundo indígena que les rodea, mientras la realidad nternacional aplasta por otro lado, los sueños  de nuestros primeros pobladores. ¡Vean en su totalidad el video y saquen sus propias conclusiones, porque las palabras están sobrando cada día más en Colombia y a sus colectividades se les está acabando la paciencia!

lunes, 11 de noviembre de 2019

Bitácora

¿Nos ha servido algo el mestizaje?

Por Pedro Conrado Cúdriz

Algo tiene que conmovernos, pero ¿qué? Acaba de culminar una elección y la mayoría de los votantes se comportaron como si en este país no pasará nada. Acribillaron a 22 candidatos, amenazaron a más de 100 y seguimos viviendo como si nada, aquí en el paraíso. No voy a contar el resto de las cosas terribles que nos pasan. Y contra esos veintidós crímenes y cien amenazados, se hizo la elección, la misma elección ilegitima de los procesos electorales de todos los años anteriores. Manías de un país masoquista, le digo a María, mi compañera de toda la vida. Todas las veces que la nación pasa por la misma esquina, la atracan. Masoquismo, inexperiencia fatalista. Cualquier nombre que usted le quiera dar, le caerá bien a este país de enajenados. ¿Qué nos conmueve? La verdad, no sé qué. Sin embargo, no piense en las lágrimas de cocodrilos. No sirven para la profunda herida del territorio y no sirven para nada, menos los cocodrilos. Quiero decir, si son lágrimas circunstanciales, pasajeras. Ese es el punto, la anormalidad. Algo o alguien nos mató la indignación, el derecho a sentir, a sentirnos vulnerables, alguien espantó la valentía, la rebeldía, la sensibilidad de las estrellas o del paisaje. Así no se puede seguir viviendo, me decía la abuela Juana. Porque seríamos muertos vivientes, zombis. Ese recuerdo de la abuela, late a profundidad y me obliga a preguntarme por mi identidad, así como lo hace el novelista Ramón Molinares Sarmiento a toda hora: ¿De qué nos ha servido el mestizaje?

¿Qué nos pasa?

En Bogotá, en Cartagena, en Medellín, en Cúcuta y en otras ciudades del país debilitaron y no se sabe si de muerte, las maquinarias politiqueras. Pero aquí en el Atlántico sobrevivieron a las tendencias del desastre y el cambio. El Atlántico cayó de rodillas frente el poder económico del junior, las olímpicas, las empresas sorfinanzas y de alimentos de los Chard. Nosotros seguimos atados a los guayos del junior, fútbol club.

Sostengo algunas discusiones con mis amigos sobre el junior. ¿Es el equipo junior de Barranquilla o es de los Chard? En alguna ocasión el exsenador Chard, el dueño del club, les envió a los hinchas el mensaje ingrato aquel en el que decía que poco le importaba si la fanaticada iba o no al estadio. ¿Se acuerdan? ¿Cómo le sirve el junior a Barranquilla o cómo les sirve a las políticas de los Chard? ¿No es el junior un vehículo o un símbolo para trabajar el inconsciente del barranquillero? ¿Después de leer la entrevista de Cecilia Orozco a Carlos Gonzales Puche en El Espectador del domingo anterior sobre el fútbol en Colombia, a usted no le quedó un sabor a esclavitud? ¿No le patea el hígado la actitud de la Dimayor y la de los dueños de los clubes de fútbol? Uno no ve lo que no quiere ver. Así es la vida de nosotros, opaca y hasta ciega. “Viva el junior de curramba, junior campeón…”

sábado, 19 de octubre de 2019

Bitácora

Fuego

Por Pedro Conrado Cúdriz

Están los que nos quieren arrancar las tiras de pellejos, como decían las abuelas. Están los que nos ven detrás de un vidrio ahumado, examinándonos como una especie extraña. Están los que quieren adivinar lo que escondemos detrás de la lengua. Están los que se creen pulcros y nos juzgan como bestias. Están los sinvergüenzas que desean que uno sea como ellos. Están los que nos admiran y, sin embargo, la admiración es una emoción solitaria, fundida en goma de mascar chicle. Están los cuerdos que nos escudriñan como si fuéramos una especie especial del zoológico. Están los normales para los que somos seres inaceptables. Están los afines, los que se parecen a uno, pero que al final terminamos siendo una molestia para el coro. Algo así como una piedra en el zapato. Lo que quiere decir, que no somos afines sino algo parecidos. Están los tontos que nos creen locos o medio locos, entre el caminar de un sujeto delirante y otro desesperanzado, terriblemente descreído. Están los que nos odian por ser diferentes, raros y atópicos porque les reventamos la cara cada vez que nos miran. Están los desconfiados, los que desean que tengamos algo de poder para desmentir nuestra honra. “Solo espero, me dicen, que tengas poder para ver si no te corrompes.” Ellos también quieren que seamos como ellos. Debo confesar en este tránsito al cadalso, que sea lo que sea, mi mortalidad es igual a la de ellos. Vieja democracia de la vida. Es lo único por lo que somos iguales, y la muerte es testigo de esta enmienda del vivir humano. Para algo sirve la muerte piensan los demócratas existenciales. Están los corruptos, esa nueva clase social del cinismo colombiano que ha creado la normalidad de la supervivencia individual diaria. Es el cuchillo que, enterrado en la garganta de la sociedad, poco a poco se deja ver en las páginas amarillas de la prensa cómplice. Están los patriotas de Estado, los que se ocultan detrás de los muebles de oficina, los que nos miran con los ojos de la muerte, pero no se atreven a ir a la guerra. Están los hombres humildes, los del pueblo, los que salen todos los días a ganarse el pan para la familia, en una fábrica de ricos o en las ventas informales de la ciudad. Ellos nos ignoran como ignoran una culebra, no nos lastiman, pero las circunstancias difíciles de la vida los obligan a elegir sus verdugos cada cuatro años. Ellos han estrangulado los sueños de todos, nos han hecho el vivir más dramático y violento. Hincados como en la poesía de Rómulo Bustos Aguirre, Escena de Marbella, se miran atónitos: “Junto a las piedras está Dios bocarriba / Los pescadores en fila tiraron largamente de la red / Y ahora yace allí con sus ojos blancos mirando al cielo / Parece un bañista definitivamente distraído / Parece un gran pez gordo de cola muy grande / Pero es solo Dios / hinchado y con escamas impuras / ¿Cuánto tiempo habrá rodado sobre las aguas? / Los curiosos observan la pesca monstruosa / Algunos separan una porción y la llevan para sus casas / Otros se preguntan si será conveniente / comer de un alimento que ha estado tanto tiempo expuesto a la intemperie.”

domingo, 6 de octubre de 2019

Por el ojo de la cerradura


Este poema nace de un caso  que conocí en la ciudad de Barranquilla, la última semana de septiembre de 2019. He cambiado el nombre de la protagonista,  por obvias razones y respeto a sus  dos hijas

Por Tito Mejía Sarmiento

¡Tú no tienes la culpa, Zoraida, no la tienes!
Zoraida,  mulata  de 30 años, camina con sugerente ritmo 
por la avenida principal de la urbe.                                                        
Carga en su cuerpo el pesado sello meretricio desde los 20.
A  veces, duda si continuar o no con en eso,
pero en su mente salta  la  pregunta de siempre:¿quién velará por mis dos  pequeñas hijas
si estoy sola en este  mundo desde que a mi marido lo mataron en la milicia?
Entonces, Zoraida con dolor abre sus  piernas a la noche
en el esponjoso lecho de cualquier motel, 
hasta cuando se derrama la nieve con el solo roce del tacto.
Al final de la jornada, Zoraida agotada de tanto desorden cercenado
regresa a casa, víctima de insignificante amor.
Guapa Zoraida, tú, no tienes la culpa de esa  infernal rutina que abraza tu soledad
y  te ata a ese ambiente perverso de corazón desnudo,  eternamente tuyo.
¡Tú no tienes la culpa, Zoraida, no la tienes, Zoraida!
El afán de todos los días, mujer de milagros prorrogados,
es cruzar la ciudad en la búsqueda
de varones hambrientos de sexo.
Entretanto, la vigilia de tus dos hijas
en casa,  tortura las noches de maternal ausencia,
antes del reencuentro con la esperanza en una sociedad sin nombre
que por necesidad le habla a tu oído.

lunes, 2 de septiembre de 2019

Alma Mater, Claustro de Formación de La Guajira, egresada destacada

Alma Mater, Claustro de Formación de La Guajira, egresada destacada 

Por Delia Rosa Bolaño Ipuana

Diciembre 5 del 2009, fue ese día en que culminé mis estudios profesionales en un claustro educativo en la tierra de compositores, la oportunidad de por fin ser licenciada, después de ser Normalista Superior de la Normal de Uribía, este claustro aunque en su momento no llenaban mis expectativas, fue esa puerta abierta  a mi crecimiento profesional, pues su apariencia física me desmotivaba, al llegar a él, me sentía aún en un colegio envejecido del estado, realmente en esos momentos no era agradable llegar, sin embargo, este sentir lo cubrían un poco  mis profesores de cada semestre, quienes a pesar del abandono institucional o la falta de pertenencia de quienes tuvieron la oportunidad de administrarlo, no llenaron los requisitos, pero ahí estaba mi seño Fabiola González, con el glamour que le caracteriza ante todo, sus significativas lecciones de crecimiento personal y de vida, también estaba Argemiro Amaya con su acertada  orientación sobre administración y así cada uno de mis maestros catedráticos,  quienes me permitieron aceptar estar en este claustro de formación técnica profesional, ellos lo hicieron significativo, lo daban todo por sacar profesionales de calidad, por lo menos en mí lo lograron.

Diez años después  de haber salido graduada y profesional, la única de mi promoción y programa, he visto grandes cambios significativos en esta que fue  una de mi casa de formación, no se puede negar y desconocer que Luis Alfonso Pérez, más conocido como Poncho Pérez, quien también es egresando de este maravilloso INFOTEP, ha mostrado no solo una excelente administración, sino un sentido de pertenencia y respeto por dicho claustro que también lo formó, Poncho Pérez ha cambiado la imagen de este lugar educativo, estructuralmente y administrativamente, tanto es así que el Infotep ha incrementado el número de técnicos formados en alta calidad de formación y preparación para servirle, no solo a San Juan sino a La Guajira, aunque muchos digan lo contrario hoy  siendo  4:15 p.m. sentada  en mi balcón, disfrutando de un suave viento que acaricia mi rostro, puedo pasar por el INFOTEP y su imagen ya no es aquella que  recuerdo, hoy tiene talla de claustro de formación profesional, donde transitan a diario más de dos mil estudiantes proveniente de diferentes puntos de La Guajira, generando empleo directo e  indirecto, con la existencia del INFOTEP, San Juan y La Guajira tiene la oportunidad de brindar capital humano al servicio de la sociedad, son 40 años de existencia capacitando para el trabajo y evitando más delincuentes para el país, felicito a mi casa el  INFOTEP, a sus maestros, administrativos, estudiantes, sanjuaneros, egresados y guajiros por estos años de existencia y por los que vienen, agradezco haberme hecho parte de este momento  especial, en el que se conmemoró los 40 años de vida jurídica e institucional, hoy 10 años después de haber pasado por el alma mater, celebro el reconocimiento que ella quiso galardonarme como egresada destacada en cultura y arte.

son las 6:15 p.m,  le digo a Poncho Pérez siga adelante que la respuesta siempre seremos los egresados y nuestro aporte constante a la sociedad.

Ya casi salen las estrellas, amo verlas desde este punto, donde el mismo viento aún juguetea con mi cabello y me invita dejar por un momento mi equipo electrónico.

Por el ojo de la cerradura

“Satélite”, la prolongación de Abel González Chávez

Por Tito Mejía Sarmiento

El 27 de agosto de 2019, falleció producto de una isquemia, en Barranquilla, ciudad donde naciera hace 76 años, nuestro dilecto amigo y colega de la radio y la televisión, Abel González Chávez, el hombre del sombrero, el hombre caribe, cuya inteligencia y bien afinada voz cautivaron  por más de 50 años a una considerable y proverbial audiencia. Es que Abel, sin lugar a dudas fue un gran locutor y periodista, generador de pasiones encontradas e influyente animador de los avances tecnológicos en diferentes medios del Caribe Colombiano, amén de ser un creativo muy singular de personajes como “El negro cadillo”, “ Ricardito”, (un travieso chiquillo personificado por  otro destacado radio periodista, Hellman Hincapié), que hicieron de las suyas con sus punzantes intervenciones como si afilaran las palabras en la propia roca del sigilo, después de que se suicidara el mediodía de lunes a viernes, en  el programa de variopintos  temas “Satélite” a través de las ondas hertzianas de Emisora Atlántico, espectacular.

Hoy, Abel abre el cerrojo y autónomo ya del tiempo insumable, sale del Satélite que condujo por tantos años, al lado de José Marenco, Eddy González, Wikipedio, Juan Carlos Boogie, Pepe Sánchez, Plinio Pires, El humorista Lucho Torres, Luzmila Torres, Raymond Hernández, Tim Briceño, el robotónico Yeyito entre otros, sin decir adiós en el viento ondeante, para volar con las alas bien abiertas hacia el espacio infinito.

Honor conocerte, mi pana Abel y sobre todo trabajar a tu lado, en la Organización Radial Olímpica durante más de 10 años. En nuestros tímpanos quedarán incesantes hasta cuando el recuerdo acumule su desnudez en la memoria del ilusorio sueño de mujer deseada, tus célebres seseos  al iniciar el programa: se, se, se señoras y señores, las reclamaciones muchas veces mal interpretadas por algunos de “La emoción del fútbol es el gol, Qué será de nosotros sin Teófilo Gutiérrez, Qué le estará pasando a Comesaña que los planetas se le están desalineando rápidamente, Qué hacemos con Electricaribe, por Dios”…

De lo que sí estoy seguro, Abel, es que algo sostendrá tu nombre en lo sucesivo para el bien de las generaciones futuras y también algo hará imposible que se olviden tus conjeturas expresadas con la sindéresis necesaria por el grado de lecturabilidad que tuviste  y que te catapultaron como uno de los grandes   comentaristas deportivos del país, junto a Fabio Poveda Márquez, Efraín Peñate Rodríguez, para solo mencionar los que nacieron con las olas del Mar Caribe impregnadas en la piel. Los videos que grabaste, mi recordado Abel, y que ahora fluyen con mucha aceptación en las redes sociales que tanto te gustaban, te prolongarán, puedes ponerle la firma, my dear digital man, desde la levedad celestial de tu propio ser que desde estos momentos descansa en paz.

¡Hasta siempre, maestro, hasta siempre,  estimado colega, Abel González Chávez!

¡Mi solidaridad total para los suyos!
Barranquilla, 29 de agosto de 2019

domingo, 11 de agosto de 2019

Por el ojo de la cerradura

Instenalco: La esquina de la poesía

Por Tito Mejía Sarmiento

Especificarlo  todo, narrarlo  todo, es  a veces uno de los propósitos de la poesía en nuestra amada institución Educativa Distrital Técnica Nacional de Comercio, más conocida en Barranquilla y el departamento del Atlántico como “Instenalco”. En el caso de esta esquina magnetizada por el conocimiento, el ímpetu de lo que viven los educandos, educadores del Área de Humanidades cada vez que se presentan recitales poéticos, genera un binomio que verdaderamente asombra: un retrato de palabras (de palabras- retrato) en el que la realidad como la vida misma se ovaciona y se salva, se indaga y se extraña. Los poemas de una vida recitada, redoblada, con un tono profundamente confesional, más concluyente y más rompible a la vez  que la vida real, aguardan a perfeccionar en todos sus matices los universos que conforman  un momento vivido, o porque no una sucesión de momentos vividos, es decir, la suma de la propia vida que merece ser vivida y sustentada en imágenes formuladas y sin perder por ello, el tono lírico que atrapa en el aire las palabras que velozmente quieren pasar.

Una pregunta que con frecuencia nos hacemos los educadores de Literatura es cómo acercar a los estudiantes a la poesía, sobre todo, al corazón de la misma sin que se desanimen. Lo primero que hay que hacer, es abordar los mitos en torno a la propia poesía, como creer por ejemplo que Ella es un asunto exclusivo de personas románticas, de intelectuales… Aunque no lo parezca, la poesía está al alcance de todos(as). Desde los primeros años es posible acercarse a ella a través de la tradición oral. Y lo básico precisamente para arrancar en el disfrute de la poesía, es a través del conocimiento de rondas, trabalenguas, adivinanzas, retahílas… De allí se transporta al estudiante a la poesía de autores que se asemejen mucho a la de tradición oral. Es decir, ir de los poemas más claros a aquellos oscuros. En todo caso, lo esencial es el goce del texto poético, y esa ha sido la tarea en nuestra esquina Instenalco desde hace más de 10 años.

Y prueba de ello, fue el rotundo éxito, del más reciente  Recital “Poesía por la vida”, que se llevó a cabo,  el miércoles 31 de julio de 2019, a las 10:30 a.m., con la participación de los connotados poetas invitados: Carlos Polo y Benjamín Méndez, quienes quedaron maravillados ante el potosí poético de los estudiantes.
El periodista Wilhem Garavito de los periódicos El tiempo y ADN, estuvo cubriendo el evento, cuyo reto es llevar esperanza y reconciliación en todos los rincones de nuestra región caribeña y el resto del país.
Rector: Eddie Carbonell Cuentas
Coordinador del evento: Tito Mejía.
Ambientación y logística: Matilde Folgoso y Erick Maduro
¡Espere el otro gran recital dentro de 2 meses, con 10 poetas invitados!

domingo, 28 de julio de 2019

Bitácora

Un hombre precario

Por Pedro Conrado Cúdriz

El tipo es fotogénico, me dice un amigo, pero es un mal nacido, una mala persona. Uno le mira el rostro y parece un niño de una inocencia incalculable. Pero en su cara el niño parece un infante regañado, como si un resentimiento hambriento le hubiera comido la carne y el alma. El sujeto tal vez por estas razones miente sin reparo y sin vergüenza y tiene la fuerza de una tormenta para la manipulación. Se hizo célebre con un discurso incendiario y nacional en su primera presentación congregacional. Lo imagino sin amigos por fuera de la casa-Centro que lo acogió por sus debilidades y cinismo. Él representa una pretendida casta de personas sin ley, que terminan haciendo lo que les da la gana, mintiendo y maldiciendo a los que no piensan como ellos, y hasta hablando mal de un escritor Premio Nobel. Es el intento de naturalizar la anomia. No es brillante y como un adolescente descarriado cumple órdenes al pie de la letra. En eso es sobresaliente para su casta. Y eso lo hace sentir bien, porque en otros lugares, es un ser repudiable. En el Centro encontró identidad y seguridad y un espacio para burlarse, entre todos, de los opositores, o de medio país, o quizás de más de medio mundo. 

Usted se lo puede encontrar por ahí, respirar el mismo aire que él respira y seguramente pasará desapercibido si no lo reconoce. Bueno, esa es su intención, hacerse invisible a pesar de su afán de hacerse notar de manera estrambótica y casi patológica. Cuando lo veo, le observo cuernos a los lados de la frente. No, no crea, no estoy pensando en Belcebú. Para los malos, el tipo es fascinante y hasta valiente, porque dirigir una reunión congregacional durante un año, es de una hazaña incomparable. Claro, el hombre tiene un maestro, un diosito en el que se inspira. Cuando habló de la última jugadita, seguramente estaba pensando en sus copartidarios y cumpliendo el guion asignado de antemano, como cualquier subalterno. Porque él no es capaz, no tiene vuelo propio. Y aquella escena de las burlas partidarias en su primera presentación nacional, nos mostró lo que nos esperaría a los colombianos en el futuro inmediato: banalizar la pilatuna del bachiller, su último acto violento. Porque lo que hizo fue otra conducta violenta entre las que padecemos a diarios los ciudadanos de un país anómalo. “Si lo oyes / escucharás palabras vacías / o los golpes del odio en el corazón del mundo / o la voz machete de la guerra / o el grito maniqueo del cobarde. / Así es este hombre arcaico y precario / con alas prestadas / que quiere volar lejos / pero el peso del odio/ lo funde en el estiércol de la tierra. / Él no sabe si respirar sea una condena.”