domingo, 22 de noviembre de 2015

JORNADA ÚNICA, UNA TRAMPA PARA LA EDUCACIÓN PÚBLICA Y UN BENEFICIO PARA LA EDUCACIÓN PRIVADA

JORNADA ÚNICA, UNA TRAMPA PARA LA EDUCACIÓN PÚBLICA Y UN BENEFICIO PARA LA EDUCACIÓN PRIVADA 

Por Delia Rosa Bolaño Ipuana

Según Gina Parody, es necesario que las instituciones oficiales de Colombia cuenten con una jornada de ocho horas diarias de cara a lograr un equilibrio entre los colegios públicos y privados, así como para igualar los estándares en materia de calidad entre ambos modelos.

"Un núcleo es que tenemos una educación privada de calidad y una pública que aún debe transitar un camino largo (…) solo el 1% de los colegios públicos se encuentran en un nivel ‘muy superior’, mientras que el 25% de los privados están en nivel ‘superior’ y otro 25% en ‘muy superior’"

La ministra indicó que los colegios privados invierten mayores recursos en infraestructura y ofrecen otras lenguas como el inglés, el francés o el alemán; además, orientan esfuerzos para contar con maestros que realizan estudios adicionales en el exterior y brindan facilidades como el almuerzo.
 
Satisfacer a la ministra y sus caprichos tan desvirtuados sobre la educación en Colombia adoptando políticas educativas que no van con la realidad del entorno de cada comunidad, no lo creo correcto ni viable para la educación colombiana, y menos para La Guajira, las condiciones de las Instituciones educativas,  aulas calientes con una cantidad de 40 a 45 estudiantes, pupitres en mal estado, una alimentación mala, arroz con frijol y Bienestarina no creo que garantice calidad, en mi concepto, como maestra, se deben adoptar  posiciones que vayan con nuestra realidad.

Por ejemplo, con la jornada a la que estamos acostumbrados se genera conflicto en el aula, procesos insuficientes y baja calidad en los procesos, esto es gracias al hacinamiento que encontramos en las aulas públicas de Colombia, 40 a 45 niños, eso es terrible, genera toda clase de conflictos, menos calidad, imagínese esta misma población hasta las tres de la tarde con las condiciones de las instituciones ya mencionadas, la ministra debió estudiar y pensar detenidamente con sus asesores este tema, y sobre  ¿qué genera la mala educación en Colombia y cómo buscar una estrategia favorable que contrarreste esta situación de muy mal gusto?, y que ellos realmente no conocen y no han experimentado ¿por qué no adoptar una política propia con base en nuestra realidad? si vamos a los colegios privados, ellos garantizan buen ambiente a sus estudiantes, aulas en condiciones que no sobrepasa los 20 estudiantes, por eso hay calidad en estos colegios y sin acompañamiento del Estado; imagínese a nosotros los maestros públicos colombianos trabajando con 20 estudiantes, con un aula acondicionada, acompañados del Gobierno, con un mejor sueldo, trabajando hasta la una de la tarde, donde se empleen a los docentes que le están pagando por las tardes para que presten sus servicios en la mañana, construyendo nuevas aulas, le aseguro abría mejor calidad y manejo de la población  y los colegios privados se acabarían, aunque en cierta forma esto favorece más a los colegios privados, ya que muchos padres llevarán a sus hijos a ellos.

 Nos están acabando y nos estamos dejando, ¿no creen ustedes que en cierta forma se busca acabar con la educación pública y  fortalecer la privada? ¿Por qué adoptar una parte de la política de los colegios privados y no todos sus procesos? Están invirtiendo mucho dinero en alimentación para la jornada única y pagando a profesionales para que continúen con los procesos,  y estos, por su puesto, encontraran un grupo saturado y en una condición desesperante, se está gastando un recurso que no garantizará sino la deserción de estudiantes y la terminación total de las escuelas publica, analicemos, padres de familia, que no nos están teniendo en cuenta para tomar decisiones apresuradas y que de alguna forma la vida en familia también se separa, el niño viene cansado y sin aliento para compartir en familia.

viernes, 6 de noviembre de 2015

El ojo de la cerradura

Mario Miranda Marañón, el boxeador más taquillero en la historia de Colombia
Por Tito Mejía Sarmiento

Por la acera de la avenida Olaya Herrera con la calle 53 de Barranquilla, Mario Miranda Marañón, el hombre de las tres emes, el mismo boxeador carismático y prolífico que por la década de los 80 se convertiría, guardando las proporciones, en el mejor pagado de Colombia, ya que se daba el lujo de llenar todos los escenarios deportivos donde se presentaba con su boxeo cambiante. Imantado por los dioses del arte de fistiana, caminaba con su aspecto sencillo y pinta de galán de cine con un libro de boxeo, como ha de ser, bajo el brazo.
Ahora, al pasar junto a un puesto de periódicos y revistas de la esquina, se quita sus gafas Ray - Ban y se detiene a hojear El Heraldo, ejemplar que compra todas las mañanas, antes de irse a monitorear de lunes a viernes a una camada de boxeadores aficionados y profesionales en el gimnasio del estadio Metropolitano: “Creo, sin temor a equivocarme, que muy pronto tendremos nuevos campeones mundiales. Hay tres muchachos, pero no te digo sus nombres porque después los enferman, los endiosan, y les pasa como a mí, que me dejé llevar por falsos amigos, por la ruta del placer prohibido... y cuando quise despertar, abrir nuevos caminos, era tarde y se me vino la noche encima”, me dice con una pena superlativa y con la culpabilidad de una parte non sancta, y sonora como el tañido de la campana entre asalto y asalto de su pasado.

Boxeador por accidente

Cuando contaba con escasos 13 años y sufría de tabardillo,       (Enfermedad parecida al tifus, con fiebre alta y continua, alteraciones nerviosas y san -guíneas, y una erupción que cubre todo el cuerpo), este gran estelar boxeador barranquillero nacido el 15 de mayo de 1960, se dirigió una mañana de octubre a la Piscina Olímpica, motivado por la práctica de la natación, pero ese día no abrieron las instalaciones del escenario deportivo por reparaciones internas, y entonces, como buceando en el entorno de la fragilidad de aquel instante, notó que una de las puertas del colindante Coliseo Cubierto Humberto Perea estaba abierta de par en par y sin pensarlo dos veces entró al tinglado que años más tarde le daría la gloria y el rótulo del boxeador más taquillero en la historia de Colombia.
Recuerdo como si fuera hoy que el desaparecido entrenador de boxeo Antonio “Cochise” Orozco me dijo: ¡Hey, cabellón, ¿quieres guantear con ese muchacho que está practicando allá? Ese otro era nada menos que Pedro El Látigo Vélez.
Me dio una paliza de padre y señor mío, que llegué a la casa empapado de miedo, con los ojos bien hinchados, la boca partida, la nariz rota. Pero me la desquité años más tarde cuando nos enfrentamos con público, jueces, en fin, todo, y lo hice retirar del boxeo para siempre.
Creo, que desde aquella ocasión nació mi amor por el deporte de las ‘narices chatas’ y luego, con la ayuda de mis mentores comencé a ascender rápidamente en los campos aficionado y profesional, derrotando por knock out fulminante y técnico o por decisión unánime de los jueces a todo el que se me atravesara en el ring.
Lógicamente, también comencé a amasar una fortuna económica que, a pesar de mis locuras, hoy todavía se ve reflejada en bienes raíces y otras propiedades que me dan para vivir bien al lado de mi esposa Jackeline de Castro, en el popularísimo Barrio Abajo y con tres de los siete hijos que tengo, de los cuales cuatro son profesionales, y, lo más importante: sin tomarme un solo trago de ron, ni fumarme un cigarrillo desde hace 20 años.
Estoy dedicado plenamente a entrenar a mis pupilos y a comentar sobre boxeo en la sección Suena la campana, en los noticieros de Lao Herrera y Roy Vergara, que se difunden por Radio Tropical y Radio Libertad, respectivamente
”.

Nuevo ídolo en Colombia

Los amantes del boxeo que asistieron la noche del 9 junio de 1979 al Humberto Perea vieron nacer a un nuevo ídolo del boxeo colombiano: un muchacho enjuto, cabellón, con más pinta de cantante de rock que de púgil del peso gallo, quien derrotaba al cartagenero Edelmiro Cassiani por decisión.
Sentí una emoción muy fuerte cuando el público coreaba: ¡Dale flaco, dale! ¡Dale, cabellón, dale! Era mi primera pelea como profesional. Al día siguiente aparecí en casi todos los periódicos del país. Recuerdo que Fabio Poveda Márquez comenzó su programa diciendo: ¡Mario Miranda Marañón, el nuevo fenómeno del boxeo en Colombia, amables oyentes!”.

Gancho para la televisión nacional

Era tanto el impacto y el carisma que este boxeador estaba generando en el peso gallo y algunas veces en el peso pluma en todas las esferas de la nación, que el 27 de mayo de 1981, el gobierno nacional, a través del Ministerio de Comunicaciones, en cabeza de Antonio Abello Roca, autorizó la descentralización de la televisión nacional con la transmisión en directo, desde el Coliseo Humberto Perea de la pelea por el título continental de las Américas en el peso pluma, entre el mexicano Guillermo El Lobo Morales y Mario Miranda, teniendo como gancho la presencia de la diva del momento, la actriz Amparo Grisales.
Gané por decisión y después, todos los promotores solicitaban mi actuación cada dos meses. Era la maquinita de hacer plata, comentaba la gente, hecho que me perjudicó también en mi carrera, como sucedió con la pelea por el título mundial pluma con el portorriqueño Juan Laporte, donde la preparación no fue la mejor por muchos motivos”.

Una doble frustración

En la madrugada del 12 de agosto de 1982, el mundo del boxeo se enteró de la trágica muerte del campeón
mundial del peso pluma, el mexicano Salvador Sánchez en un accidente automovilístico.
Al momento de su muerte, se planeaba una súper pelea entre Salvador Sánchez y Alexis Argüello, revanchas contra Juan Laporte y Wilfredo Gómez, y por supuesto una pelea por el título mundial contra el retador número uno del mundo de ese entonces Mario Miranda. A raíz de ese hecho, el promotor cubano Tuto Zabala, representante de púgiles latinos ante Don King dijo que Miranda Marañón debería pelear obligatoriamente contra Laporte por el título mundial vacante en el Madison Square Garden.
Te soy sincero, ese día estaba nervioso de pies a cabeza, no me sentía seguro con la preparación. Además, lo digo con toda la sinceridad que me cabe en el alma, estaba afligido por la muerte de Salvador Sánchez. De pronto, enfrentándome a él, otro gallo hubiese cantado habría estudiado su estilo. Ya todos saben lo que pasó, no salí a pelear en el round once porque estaba cansadísimo, y entonces el árbitro le levantó el brazo a Laporte como el nuevo campeón mundial del peso pluma.
Pocos meses después me recuperé emocionalmente y seguí ganando combates. Llegué a ser nuevamente retador número uno, pero la oportunidad de títulos mundiales no se dio. Luego, me fui a Winnipeg (Canadá), donde trabajé 10 años en una multinacional de excavaciones y boxeando, hasta cuando hice mi última pelea como profesional, el 3 de junio de 2004, ganándole por decisión unánime en 4 asaltos a Billy Tibbs
”.
Proyectos

Hoy, este hombre que sigue enamorado del boxeo, que en el campo aficionado realizó 45 peleas, perdiendo solo 5, campeón nacional junior y declarado el boxeador más técnico del torneo en Bucaramanga, que en el profesionalismo combatió en 47, ganando 42, 25 por knock out, empatando 2 y perdiendo 3, quiere ver inmortalizada su grandeza en un escenario que lleve su nombre.
Anhela que se recupere el Coliseo Cubierto Humberto Perea (para ello confía en el alcalde Alex Char y el gobernador Eduardo Verano), para cristalizar un proyecto sobre la enseñanza del boxeo, para que llegue a un sitial de preferencia, no solo a nivel nacional sino internacional.

Bitácora

Participación

Por Pedro Conrado Cúdriz

“Nadie ha podido entender el silencio en medio de un grupo que canta y ríe.”

Si te quedas callado seguramente no pasa nada, pero si participas y dices algo, estalla algo, despiertas la memoria de todos, despiertas del letargo de la mente la luz de la vida, despiertas los sueños, las ideas que viven quietas en el cementerio de los recuerdos, y resucitan y nos tocan con sus alas de sueños, nos incitan, nos invitan a caminar por caminos desandados o caminos conocidos.

Si dices algo se despierta el universo y entonces todo cambia, porque son varias las voces que juegan con la realidad, que la interrogan, la escudriñan, la critican y la zarandean.

Si te quedas callado seguirá todo igual o como estaba antes, con sus groseras escaleras, con sus máscaras y escondrijos de siempre, con las mentiras del otro. El silencio algunas veces es una trampa para no  conversar, o es echarle tierra a nuestro dolor, a la ignorancia, pero también es negación del otro.

No calles, juega con las palabras, con la magia del encuentro, conversa.

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Voluntad

“… todo fue hermoso, sobre todo, todo fue movimiento.”

Hoy decidí llamarme Voluntad, cambié mi antiguo nombre por Voluntad, porque creo que todos los hombres deberían llevar este nombre, que arrastra, que lleva, que empuja, que mueve el cuerpo, que incita, que transforma pequeños pedazos de mundo, que hace lo que tiene que hacer para alcanzar una estrella. En fin, decidí llamarme así, Voluntad, porque creo en lo posible y en lo imposible, en la calle y en la escuela, en mis piernas de hierro, en lo que pienso y en lo que hago. Voluntad, me llamó una amiga, y el universo se movió conmigo, igual las cosas, la gente, el hombre, las pelotas, las plantas, las rosas, los sueños, las locuras, todo se movió sin preguntas, sin abulias, sin gritos, todo fue hermoso, sobre todo, todo fue movimiento.

domingo, 1 de noviembre de 2015

LA MUJER GUAJIRA DEL AYER, DE HOY Y DEL MAÑANA

TUU JIETKA  ALIKAINKA, SOUKAI OTTA WATTA
 LA MUJER GUAJIRA DEL AYER, DEL  HOY  Y DEL MAÑANA
 
Por Delia Rosa Bolaño Ipuana

La historia ha sido precisa y radical en cuanto a los procesos de la liberación femenina en el mundo, desde el siglo XVIII la mujer ha venido luchando a favor de sus derechos desde la Revolución Industrial en Europa, revolución que despertó en la mujer el reconocimiento de sus capacidades y la necesidad de aportar al mundo con su decisión, fortaleciéndose más afínales del siglo XIX, con la revolución que se hizo  en Estados Unidos por un grupo de mujeres, protesta que las llevó a obtener su derecho al voto en el siglo XX en gran parte del mundo, la mujer a partir de este momento empezó  prepararse y a desempeñar importantes cargos decisivos.
 
Partiendo de estos  acontecimientos históricos también he deseado  exaltar  a la mujer guajira, es para mí, como escritora y gestora, importante resaltar nuestras cualidades y todo lo que hemos aportado cada una desde nuestro campo, al desarrollo de nuestro departamento, la capacidad de liderar y compromiso para el bienestar de nuestro pueblo;  el carisma, la inteligencia, la creatividad y dominio propio nos  han abierto escenarios en todos los campos en lo departamental, nacional  e internacional; en estos momentos hemos demostrado todas las cualidades y dones especiales de las que estamos dotadas y además,  nos escribe en  la historia y nos enmarca hacia el futuro.
 
Oneida Pinto es una gran representante de la mujer guerrera, emprendedora  y valiente,  se ganó el respeto  y el amor del pueblo guajiro. Hombres, mujeres y jóvenes salieron a decirle “sí” a esta mujer admirable, sabemos que no  nos  defraudara  y  que su equipo de trabajo será impecable y digno para un pueblo que necesita cambios significativos.

Como ella hay muchas mujeres en nuestra amada Guajira, que han llevado y que seguirán dando lo mejor  por nuestra  tierra en todos los ámbitos y en cada uno de nuestros municipios; en  Uribía, donde se mantiene vivo e intacto el Cielo de Oportunidades; Maicao y su comercio; Manaure  y sus salinas; Riohacha, nuestro distrito turístico; Barrancas, la tierra amable; Albania, la Princesa Negra; Hatonuevo,  donde se fortalece la amistad; Fonseca, tierra de cantores; San Juan del Cesar,  tierra de compositores y  su luna Sanjuanera; El Molino, Villanueva, Urumita, y así en  cada rincón de mi tierra donde existen  grandes mujeres dignas de ser honradas, en el ámbito periodístico, cultural, en la literatura, en la música, la composición, en la política y  en lo social.

Mujeres que han marcado la  diferencia dentro y fuera de nuestra tierra, su majestuosidad tan similar a la del Mar Caribe, nuestras mantas que danzan al vals del viento proyectando el feminismo y nuestra belleza, nuestras artesanías que plasman nuestros sueños, nuestra misión de tejer el mañana, nuestros chinchorros que mecen nuestras tradiciones y creencias,  que aun a pesar del tiempo hemos resistido a tantos golpes que nos hacen fuertes y dignas de posesionarnos en todo campo.

Frente al mundo la mujer guajira ha llevado la antorcha de su pueblo, ha tenido que reflejar la grandeza y el dinamismo de una tierra que ha resistido a la historia, una tierra étnica, un pueblo wayúu que demuestra con grandeza su equilibrio frente a la globalización y con orgullo levanta la frente ante las brisas del noreste.

Hubiese deseado plasmarlas a cada una en esta columna, pero son muchas, estoy en el trabajo de llevarlas a todas, sus obras y vida muy pronto estarán en sus corazones, en una obra que resalte su trabajo y aporte desde sus campos en el desarrollo de nuestra amada Guajira.

Así somos las mujeres guajiras… encantadoras, mágicas y exóticas como el amanecer radiante del Cabo de la Vela y el atardecer naranja de Nazaret y Puerto Estrella; mi Guajira grande.

domingo, 18 de octubre de 2015

El menor infractor

MENOR INFRACTOR

Por: Luis Payares Mercado

El niño, el adolescente, el joven, el menor, entre otros son los términos que encierran a una población que podría pensarse que están fuera de actuar delictivamente. Este grupo de personas, más bien se ve como protegido por los padres y los adultos que los circundan.  Son ellos los habitantes vulnerables a los violentos accionares de los mayores, de allí, las leyes que los protegen y castigan a los adultos que los atentan. Por eso, en asunto contrario, es escasa la  existencia de normas o leyes claras que castiguen a un menor por haber atentado contra un mayor y las que en algunos países existen no precisan la forma justa por no compaginar con el tratamiento normal de la sociedad en formación. Una conducta delictiva en un menor, no encaja en el esquema social natural de la humanidad. Pero la realidad es otra y está afanosamente posesionando  lo contrario. Por tal razón, surge  sustancial  preocupación  en estos  tiempos sobre las causas y orígenes de unos indeseados comportamientos que brotan de  este grupo de pobladores. Con esta misma inquietud, hay que buscar salidas que establezcan  algunas talanqueras que afronten  tan grave problemática social. 

De lo expuesto con antelación,  entonces,  debe quedar bien claro si los menores cometen  o no delitos contra los adultos. Esto, es la gran deficiencia que la sociedad no ha podido definir por las contraposiciones encontradas. Definir qué es  un “menor infractor” sería un buen punto de apoyo, pero de igual manera nos arroja conceptos en discordancia.  Elba Cruz y Cruz, de la  UNAM aporta en sus investigaciones que “podríamos contestar tanto afirmativa como negativamente, siguiendo una u otra postura. Sin embargo,… consideramos que los menores, más que infractores o delincuentes, son un síntoma de la existencia de fallas más graves en la estructura social, en especial dentro de la familia y el proceso educativo.” 

En Colombia la Ley 1098 de 2006, ofrece todas las garantías a los adolescentes y “quedan excluidos de responsabilidad penal, sin perjuicio de la responsabilidad civil de los padres o representantes legales…Y los tratamientos para  su conducta indeseada deben darse conforme a la protección  integral.”   

Viendo que la parte legislativa, se encuentra atorada,  es necesario recurrir inteligentemente a la práctica preventiva y de manera urgente, para  ir encausando a la sociedad actual al interés por el fortalecimiento de la familia al igual que al proceso educativo. Siendo el  actor principal a tratar en esta problemática, la familia, de allí sale el menor y por ende,  también el infractor. 

En fin, queda claro, que el “menor infractor” es un tratamiento inadecuado a una población que por la descomposición social, son ellos los verdaderos afectados sin ser los culpables. Que es responsabilidad principal del Estado, enfilar sus políticas (ICBF) al trato directo y preventivo en la familia, de allí están emergiendo  los comportamientos inadecuados que la sociedad sufre hoy en su  horrenda descomposición. 

domingo, 11 de octubre de 2015

Bitácora

Libros, bibliotecas y cantinas

Por Pedro Conrado Cúdriz

 En la totalidad de los municipios del departamento del Atlántico, y de Colombia, existe una biblioteca pública contra un ciento de cantinas. Es decir, por cada 150 habitantes hay una cantina y hay dos o tres parques, mal construidos y mal cuidados para 20.000 conciudadanos. Y lo que hace falta son las políticas públicas de corte municipal, o regional, o nacional, que nos den opciones diferentes a la cultura monopólica del consumo del alcohol.

Las cantinas son más importes que los libros. Los fines de semana, por ejemplo, no hay nada qué hacer diferente a la propuesta cantinera del municipio.  Ruido y alcohol es el fin de la vida.

La dictadura cultural del consumo alcohólico, tiene sus raíces en la incuria, la negligencia pública del estado, en su ineficacia y su falta de preocupación por el arte, también tiene origen en el subdesarrollo mental de nuestros gobernantes y sus agentes, quienes viven de la inmediatez y los granos de maíz de la administración pública.

Estos señores encontraron el mundo hecho para mejorarlo, pero no lo han evaluado ni han aportado una neurona para cambiarlo. Claro, ellos no aman el mundo, porque se aman a sí mismos con tanta devoción narcisa, que los pudre la egolatría. Necesitan que los amen, pero no aprendieron a amar ni aman el mundo donde nacieron y viven.

En el barrio La Paz de Barranquilla, un extranjero, amante del mundo, el cura Cyrilo, ha puesto una neurona y amor para el desarrollo de la zona: Hay una infraestructura construida a piedra y pala con una biblioteca solvente, sala de juegos infantiles, una sala de lectura para los niños de primera infancia, una sala digital y un lugar de atención para los ancianos y niños discapacitados. Nadie puede discutir su amor por el mundo.

La realidad nuestra es deprimente, tan deprimente, que Cesar Acevedo, el autor caleño de la película La tierra y la sombra, ganadora de varios premios internacionales, en especial Cámara de Oro, en Cannes, tuvo que salir corriendo de Cali, porque según su versión “En Cali no hay mucha esperanza, no hay mucho futuro… Cuando la visito siento que no estoy cómodo en ningún lugar… Yo quiero a Cali, sigue diciendo, pero para mí es como estar parado al frente del abismo, y si mirás mucho al abismo, te traga. Es un círculo vicioso en el que no pasa nada, no hay una buena oferta cultural, no hay nada qué hacer…” última Revista Boca, El Tiempo, Bogotá.

Una biblioteca no basta para veinte mil habitantes, porque puede resultar insuficiente, sin embargo, hay escasos lectores picados por el placer de leer, hay, eso sí, estudiantes hacedores de tareas, que van a la biblioteca en busca de los computadores para resolverlas. ¡Qué desgracia!

En los pueblos, convertidos en morideros de almas invisibles, la biblioteca tiene que convertirse en un faro o en un polo de atracción para subvertir la cotidianidad aburrida de los pobladores, alegrar el barrio y convertirlo en un hervidero de sueños. Pero no, es otra edificación más del lugar y en el caso de Santo Tomás, es una estructura física peligrosamente vecina de otra que construye el Estado para la policía acantonada en el lugar. Hasta estos extremos hemos llegado, en lugar de convertir ese punto de la geografía de los sueños, en  algo extraordinario, el lugar lo convierten en punto de la represión militar nacional. Díganme, si estos que dieron la orden de construir el cuartel de policía, y los que lo permitieron, aman el mundo.

Solo nos falta lo que pasaba en San Vicente del Caguán, que según Wilson Montoya, coordinador de cultura y turismo del municipio, había que pedirle permiso a la policía para ingresar a la biblioteca (ver Latitud de El Heraldo del 9 de agosto, Una biblioteca que le ganó a la restricción y al olvido.)

martes, 6 de octubre de 2015

El ojo de la cerradura

¡Si Carreño  estuviera  vivo!
 Crónica testimonial que suele suceder casi todos los días

Por  Tito Mejía Sarmiento*

 "Ahora entiendo el motivo por el cual la mayoría de los educandos, se alegra cuando oye decir de un rector que “mañana no habrá clases”."
El lunes  31 de septiembre de 2015, me levanté  bien temprano como todos los días. Hice jaculatorias al cielo. Salté  de  la cama, me lavé la boca, me bañé, me vestí, desayuné, volví a lavarme la boca y me despedí gentilmente de mi señora y de una de mis hijas, quien a esa  hora también se levantaba. Asumí la musa de las calles de Barranquilla, con el paso despierto de mis piernas para dirigirme a  la estación del bus que me llevaría a mi trabajo, diciéndole por supuesto, “Buenos días”  a  todo el que me tropezaba en el camino, pero raro era el que me contestaba.  Cuando voy en el bus, que a propósito llevaba un escándalo de “padre y señor mío” con champeta a bordo, interpreto el vasto silencio de una hermosa dama que sentada a mi lado, fluía ajena todas sus rosas, mientras  arriba el sol parecía asomar sus primeras  pavesas de mil ojos. ¿Cómo te llamas, preciosa?, le dije, respondiéndome  tajantemente que a mí que me importaba. 
Dos horas más tarde, comencé a intercambiar memorias con los amigos de la cátedra que fieles a sus dogmas, terminan a la larga, haciendo el trágico papel de hombres sabios porque sus alumnos parecen no interesarles dicha cátedra. Ahora entiendo el motivo por el cual la mayoría de los educandos, se alegra cuando oye decir de un rector que “mañana no habrá clases”. ¡Qué vaina, la escuela es una cárcel para muchos y prefieren según lo manifiestan sin tapujos “seguir metidos en Facebook  escribiendo tantas estulticias”!  (Aún recuerdo a mi gran amigo y colega universitario Julio César Castaño Bossio, quien con denodado esfuerzo a través de la enseñanza, daba cátedras de Gramática para la adecuada redacción de la Lengua Castellana y de la Literatura). 
Luego de un apetitoso almuerzo y la consuetudinaria siesta, inicio el periplo de las actividades vespertinas. 
Entro entonces, a las dos de la tarde en una entidad bancaria, y una de las empleadas, hace caso omiso a mi estimulante saludo cuando le digo: “Muy buenas tardes, señorita”. Al notar su indiferencia,  saco un confite  de mi bolsillo,  se lo doy para ver si endulza su alma  pero lo recibe, frunciendo su ceño con infundada ironía.  
A  las cinco de la tarde, me meto en   las ondas hertzianas para despertar  a  una audiencia anestesiada con la  música variada, pero mi esfuerzo resulta en vano.
Después, en la calle 72 con 48, a  la muchacha de vestido pronto,  también le robo decentemente su diálogo vespertino, pero me contesta con evasivos monosílabos.  Voy entonces al parque  Surí Salcedo, ese lugar que rompe  sombras con sus chorros de luz enamorados y   donde presos turpiales en   jaulas gigantes, regalan sus tónicos conciertos a  los instantes ingenuos y mi vista se tropieza con algunos  “buscadores de la felicidad” quienes intentan cazar a sus respectivos amantes para gozárselos durante toda la noche.  
De regreso a mi residencia, luego de una frugal cena, caigo pesadamente de cara a las estrellas  ante  tanta incultura de la mayoría de la gente, tanta falta de Urbanidad: ese  conjunto de reglas, las cuales tenemos que observar y aplicar en nuestra vida: cordialidad, generosidad, elegancia a la hora de portarnos y expresarnos, como lo pregonó y aplicó en su “Compendio del manual de urbanidad y sus buenas maneras” , Manuel Antonio Carreño, ese gran músico, pedagogo y diplomático  venezolano en 1853, quien a lo mejor a esta hora debe de estar revolcándose en su tumba. 
Un importante “Compendio del manual de urbanidad y sus buenas maneras” que tuvo  gran repercusión a nivel mundial, hasta el punto de que fue una obra aprobada para la enseñanza en las escuelas de instrucción primaria y secundaria de España y por supuesto de nuestro país, hasta cuando un presidente de cuyo nombre no quiero acordarme, lo sacó para producir como es lógico, la hecatombe inmoral que se refleja hoy en toda la piel del territorio nacional. 
Tito Mejía Sarmiento*
Licenciado en Filología e idiomas, Universidad del Atlántico; locutor profesional; profesor de Tiempo Completo del Instituto Técnico Nacional de Comercio (Instenalco), de Barranquilla; poeta y escritor.  Ganador  del V Concurso Nacional Metropolitano de Poesía, organizado por la Universidad Metropolitana de Barranquilla, en agosto de 2001.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Bitácora

El mundo no es seguro para nadie

Por Pedro Conrado Cúdriz

Este mundo no es el mejor, me dijo una amiga del patio, tampoco es seguro. Y una voz que vino del otro mundo, me sopló al oído: Y el mundo es una porquería. Bueno, sí, pensé, pero es el mundo que nos ha tocado vivir afortunada o desgraciadamente. No hay otro.

Es la discusión que abrió la muerte de Aylan Kurdi, el niño sirio que apareció ahogado en la playa de Brodum, intentando con su familia atravesar el mediterráneo para salvarse de la muerte.

Como su caso, en el intento han muerto más de 2.500 personas. El mundo no es un lugar seguro para nadie y a pesar de esa inseguridad la gente le huye a los conflictos, a la muerte, al hambre. Para Aylan Kurdi fue más fácil morir que vivir en alguna parte.

El mundo sigue segregado a pesar de la globalización y otra vez el nacionalismo opera como otra religión local más que desconoce al otro, al migrante, como prójimo. Y en estos tiempos, después de dos guerras mundiales y la asunción de los derechos humanos y organizaciones como la ONU, la conclusión es otra: Entre los seres humanos no deben haber fronteras cuando se trate de salvar vidas humanas.

Los gestos benevolentes de Austria, Alemania y otros países europeos se parecen más a conductas obligadas por la conmiseración, como cuando damos limosna, que a actos de empatía y solidaridad humana.

La decadencia y el agotamiento de occidente se cuelan entre los vidrios rotos de su indolencia. El interés no es el ser humano en sí, es la defensa del empleo local y la economía del capital, la mancha del egoísmo del hombre y su modelo político.

Queremos, dijo el padre del niño sirio, Aylan Kurdi, “que los míos sean los últimos” en morir. Aceptable deseo, pero el mundo no es su pobre corazón adolorido, sino la marca de los intereses egoístas de siempre. Porque el hombre siempre ha sido el buen salvaje y el mundo de él una porquería.

No hay esperanzas ni utopías que puedan salvarnos, solo deseos de salvación, pequeños deseos, individuales, personales, como los casos de algunas familias europeas que han recepcionado afortunadamente a pocos refugiados. Sin embargo, tienen que ser los estados o los gobiernos los que creen planes humanitarios para solventar esta ola migratoria, la peor después de la segunda guerra mundial.

Después que la movilidad migratoria no solo hacia Europa, también hacia Turquía, el Líbano, Jordania, ha ocupado espacio físico en estas y otras naciones, se comprueba que el mundo no ha mejorado su humanidad. Las naciones más desarrolladas del planeta, perdieron la vergüenza y el deseo de ayudar a los más necesitados; nos mata la enfermedad de la indiferencia y el espectáculo deprimente de la migración es la punta del consumo mediático, pero no la resurrección del hombre, su carácter de hombre de estado, su dolor empático o el sentimiento bondadoso de la solidaridad humana. Nos comportamos como perros rabiosos, olemos y salimos huyéndole al dolor.

domingo, 23 de agosto de 2015

Desde las troneras del San Felipe

Márquetin literario

Por Juan Carlos Céspedes Acosta

En un mundo mercantilizado, la literatura se ha convertido en un bien más de consumo, y esto no tendría nada de censurable, sino fuera porque el arte está siendo atropellado por fenómenos ajenos a él. 

Cuando entramos a las librerías somos recibidos por  galerías de imágenes de mujeres desnudas y en las más diversas poses de invitación, dejando en un segundo plano el contenido del libro, como si fuera lo que menos importara. 

Pero lo más lamentable es que son los mismos escritores quienes escogen para sus portadas desvalorizadas modelos Play Boy, mandando su propio trabajo al sótano de lo irrelevante. 

No creo que se deba prescindir de la fotografía o cualquier otro arte para buscar llevar el libro al lector, pero sí es necesario ser consecuente con la literatura. Una fotografía artística, una buena pintura le dan un toque elegante a un libro, pero no puede ser más importante la caratula que el contenido de la obra.

Con las editoriales no hay nada que hacer, manejadas por “expertos” en márquetin, se creen el cuento de que “una imagen vale más que mil palabras”, y proceden a indigestar el mercado con cuanta extravagancia se les ocurre. En este orden de ideas, no estaremos lejos de ver a una mujer desnuda frente al pelotón de fusilamiento para vender alguna reedición de “Cien Años de Soledad”. 

Y qué decir de los prologuistas profesionales, pagados por las multinacionales de la edición, haciendo alabanzas descaradas e impunes a verdaderos bodrios, libros los cuales saldría muy barato botarlos lo más lejos posible para que no puedan embrutecer a nadie más. 

Han llegado al colmo (las editoriales) de pagar “recomendadores” por televisión, periódicos y revistas, para que estos falsos sabios, le digan a la gente, ¡los cuarenta libros que se han leído en la semana!, y que usted puede comprar con toda confianza. Pero lo peor es que hay incautos que les creen.

Cuando el autor hace un monumental esfuerzo por publicar por su cuenta, muchas veces cae en el error de buscar autores prestigiosos para que le hagan el prólogo, entonces asistimos al patético espectáculo de verlos mintiendo descaradamente sobre la obra del otro, presentándolo como lo mejor de los últimos treinta años.

Hay un profundo vacío ético en quienes esto hacen, pues si usted se percata de que la obra puesta bajo su lupa no tiene ribetes literarios y menos artísticos, devuélvala y excúsese de ello. En la literatura no cabe la lástima, peor sería engañar a esa persona con sus palabras elogiosas, y de paso, desacreditarse usted mismo.

Las personas pueden hacer con su dinero lo que a bien tengan. Si desean ver sus fotos en los libros para mostrarlos a los amigos, a la familia,  a los vecinos, a los compañeros de trabajo, al jefe, al Presidente, ese es su derecho; y si quieren publicar las cartas de amor de su juventud, sus peripecias sexuales, sus sermones, sus descubrimientos de la vida, sus máximas de costurero, sus inquietudes de jubilado, o lo que deseen, ¡qué lo hagan! Es su dinero, su dedicatoria, su ego, “su…” lo que ustedes quieran, pero que nadie venga desvergonzadamente a decir que “acaba de aparecer una verdadera promesa de las letras”, “una voz profunda y dinámica que enriquece al arte con su inteligencia”, “un estilo único e inimitable” y otras necedades del mismo tenor. 

Esta columna lo único que pide es respeto por la palabra, respeto por los grandes maestros que han marcado el camino, respeto por el lector que llega a una obra confiando en el criterio juicioso de  los expertos, y lo más importante, respeto por quienes se inician en la literatura. 

Bienvenido el márquetin, pero nunca por encima del arte.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Bitácora

¿Por qué amamos tanto la guerra?

Por Pedro Conrado Cúdriz

Me decía un vecino hace días, con la convicción del carbonero, que no se puede hacer la paz con una guerrilla criminal. Lo que se puede hacer es la guerra eterna. Eso me dijo. Ahora que recuerdo su perorata, me pregunto si eran los tragos los que hicieron que mi vecino soltara toda su ignorancia acumulada desde hace siglos o simplemente que siguiera vencido por la manía de la habladuría.

Que yo recuerde, ninguno de sus hijos fue a la guerra y su libreta militar la transó en una compra antipatriótica en el mercado que montan los militares en sus oficinas todos los días. Nunca lo he visto con un libro en las manos, además no tiene biblioteca ni el hábito de comprender el país a través de la prensa escrita; lo que si tiene es un televisor gigantesco para extrañarse con la programación nacional y en especial con los noticieros nacionales, salpicados de atracos y muertos diarios.

Lo que realmente quiero decir, es que su percepción del país y de la guerra le es incomprensible y además ajena, porque él solo repite lo que los noticieros quieren que repita.

Así como la gente habla de Dios sin conocerlo, así mismo ocurre con su percepción de la guerra y la paz nacional. Sin formación política, y en el peor escenario del analfabetismo, las gentes se atreven a decir que Dios existe, pero también a rechazar el acuerdo imperfecto de paz  de la Habana sin saber nada de él. Esta coherencia metafísica solo es posible por el filo del machete de la ignorancia y el control social.

Sin ir muy lejos, los mismos que maltratan a sus hijos y a sus esposas, que le roban al Estado, son los mismos amantes de la guerra, son los que se oponen a su fin para siempre. Sin embargo, no entienden de los intereses y las ganancias que oculta la guerra. Sus creencias patricias les han impedido ir más allá de su propia piel, aprender de la guerra sempiterna nuestra, aprender a ser empáticos y además que les duelan los hijos ajenos, las víctimas de la guerra y los soldaditos de la pobreza, que mueren como perros hambrientos y abandonados en la selva colombiana.

Uno no entiende este país, o sí, uno lo entiende; por ejemplo, comprende lo que quieren los gobernantes, pero uno no asimila cómo los más jodidos de este país terminan pensando como gobernantes de derecha o como oligarcas: desprecian a Santos, el presidente, el que intenta acabar con sesenta años de conflicto armado, pero aman a Uribe, el expresidente y senador amante de la guerra.

La gente no quiere ver a los guerrilleros haciendo política, pero venden y compran el voto y terminan eligiendo a exnarcos, paracos, sujetos sub júdice, corruptos, etc. Creo que se han acostumbrado a la oscuridad de sus vidas, al abandono y la negligencia estatal, a sus impotencias políticas, a sus frustraciones y a la muerte de la esperanza, a la pobreza y a la mediocridad del vivir de Colombia.

Nadie se preocupa por comprender por qué somos así, por qué nos odiamos, por qué somos amantes resueltos de la guerra, por qué estamos ciegos, por qué vivimos y anhelamos vivir lejos de la paz. Es importante entonces, saber estas cosas para no formar parte del ganado borrego de los guerreros, es importante saber lo que pasa en La Habana para que nuestros hijos y nietos vivan en otro país.