domingo, 4 de agosto de 2013

Bitácora

Yo hubiera sido un perfecto huevón

 Pedro Conrado Cúdriz

Por fortuna no creo en Santos ni en dioses, ni en políticos; excepcionalmente creo en pocos  amigos, los que nos quedan después del incendio de los odios y los sueños.

La formación cristiana que recibí desde mi niñez, me preparó (educó) para creer en todo: en los santos, en los militares, en dios, en los políticos, en los corruptos, en los profesores; nos prepararon para ser los mejores tontos del planeta: odiamos a Chávez un día, y ahora a Maduro, pero adoramos a Uribe, a Santos y a los curas, religiones todas éstas “extrañas” al mundo.

         Yo he tenido que renunciar a esa educación y a las fiestas de todos los días, a la coprolalia de la esquina, al club de los amigos para poder esculcar todos los días la realidad, inquirir la prensa escrita, la radio, las revistas y en los libros, descubrir las claves misteriosas de nuestra encapsulada cotidianidad; también espiar los gestos y la doble personalidad de los gestores de realidades, buscar en la propaganda de la radio y la televisión, en las palabras sencillas del presidente de la república, en las peleas intestinas del poder del estado, lo que escapa a los ojos y oídos domesticados de mi niñez.

        Mis primeros años, toda la primaria y algo de la secundaria, fueron de rezos eternos, tanto en la escuela como en casa; fue un adoctrinamiento feroz, pero sin la intención perversa de los curas, que sí saben para qué sirve la religión.

    Otro adoctrinamiento fue la sagrada vida de nuestros próceres de la independencia, la historia edulcorada con las proezas y el heroísmo de los hombres de aquella época. Estuve a un segundo de escribir hombres revolucionarios. Fue una historia de mentiras y verdades a medias, personalizada, pero alejada de la historia económica de la nación.

      Hasta cierto tiempo de mi vida creí y amé la caricatura de los criollos que ofrendaron sus vidas por nosotros, estatuas de cemento, resistentes a los defectos humanos, pero ahogados en las postas de sus propios intereses económicos. El resultado de lo que somos hoy, es el producto de sus pequeñas victorias familiares y personales.

      Yo hubiera sido un perfecto huevón sino es por el tris de la sociología, la literatura y la poesía y los libros que han alimentado mi mente. Posiblemente andaría en campañas de iglesiaspon para construir nuevas piedras de dios, adoraría a Uribe y a Santos y prestaría mi firma para derrocar a Petro, odiaría a la guerrilla con las mismas ínfulas de los uribistas y las fuerzas armadas, creería que en el Catatumbo y en los movimientos sociales y estudiantiles la subversión ha metido la mano siempre; en fin, sería del talante del hombre común, aquel que usan y odian las clases gobernantes. (Con algo de razón alguien dijo que el hombre común es peor que Hitler.)

2 comentarios:

Sus comentarios y opiniones son muy importantes para nosotros.